Los manteros, el azote del comercio en Valencia

Los manteros, el azote del comercio en Valencia

Las ventas callejeras ilegales se adueñan de las calles más turísticas de Valencia | Los empresarios critican la «sensación de impunidad» de los vendedores por la falta de actuación de la Policía Local

PACO MORENOValencia

«El día que llueve se ponen casi en la puerta de mi tienda vendiendo paraguas. Yo también vendo paraguas». La frase de una comerciante de la plaza de la Reina resume el perjuicio que causa a este sector el ejército de manteros que toma prácticamente a diario las calles más turísticas del centro.

La ordenanza dice que la sanción puede llegar a 1.500 euros en caso de que el producto suponga un riesgo sanitario, aunque normalmente se queda en 250 euros. «Da igual, no sirve para nada», apunta otro comerciante de la misma zona. «Desde que estoy aquí sólo he visto dos carreras por la llegada de la policía y de eso hace años», añadió. «Y si hace sol, entonces venden sombreros, que por cierto yo también vendo», insiste la primera.

Los manteros se sitúan en calles como Convento Santa Clara, Ribera, el paseo de Ruzafa, Santa Catalina, Lope de Vega, Micalet, la citada plaza de la Reina y la calle Calabazas, esta última prácticamente sin sitio para pasar por las aceras un domingo cualquiera.

«En Convento Santa Clara he llegado a ver hasta 40 manteros», dice una comerciante

Los productos que ponen a la venta son los que mejor se acoplan a la llegada de turistas, pero sobre todo lo que molesta a los comerciantes es la «sensación de impunidad. Hace unos años aún podías ver algunos con móviles en la mano, esperando a la policía para dar el aviso. Ahora montan sus puestos como si fuera el expositor de una tienda, con total tranquilidad y confianza».

Hay una opinión común entre los testimonios recogidos por LAS PROVINCIAS en que los manteros aparecen con más frecuencia poco antes de la hora de comer. «Es cuando se produce el relevo de turno en la Policía Local, aunque da igual cuando sea porque no les hacen nada», comenta otra de las afectadas.

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«La Unidad que llevaba esto, los GOES, se ha desmantelado, y ahora no sabemos quién se encarga», apunta un comerciante que asegura «haber sido testigo de cómo la Policía Nacional decía a unos manteros que se retirasen porque había mucho embudo en la calle y suponía un riesgo, aunque para decirles el agente que podían volver después. Escuchar eso es tremendo».

La plaza Lope de Vega es otro de los epicentros del imperio manta. Vicente, comerciante, señala que «normalmente no vengo los domingos si no hay muchos cruceristas, pero el resto de la semana tengo que decirles que se aparten de la puerta de mi tienda. Se ponen en fila india y dejan poco sitio para pasar».

La entrada desde Santa Catalina y Sombrerería se convierte en «una auténtica barrera», apunta este pequeño empresario, quien se lamenta de que «los políticos siempre dicen de los comercios que debemos tenerlos muy bonitos, ofreciendo artesanía y todo eso, pero consintiendo que pasen cosas como el perjuicio de los manteros».

El paseo de Ruzafa es un imán para los vendedores ilegales, al ser una zona de ocio con numerosos bares y un cine que atrae a cientos de personas. «A veces vienen clientes de fuera, de Palma de Mallorca o Ibiza, y comentan cómo puede consentir esto el Ayuntamiento», dice.

Hace unos días, asegura otra de los comerciantes, en la calle Convento Santa Clara contabilizó más de 40 manteros. «Bloquean toda la calle y lo montan como si fuera un escaparate. No entiendo la permisividad de la policía», lamenta.

La llegada de la campaña navideña aumenta la preocupación. «Todos los años llegan muchos más. Seguro que son mafias porque todo lo que venden son productos falsificados. Hay un daño evidente a los comerciantes y la imagen de la ciudad, pero también a las grandes marcas, que deberían denunciar más».

Luego están los agravios comparativos, como es el caso de una comerciante de la calle Lauria. «Si dejas el coche dos minutos en la puerta de la tienda para descargar algo, enseguida vienen los de Tráfico para multarte. En cambio, a la vuelta de la esquina están los manteros y nunca pasa nada», dice. Hay otros todavía más duros de escuchar: «me pusieron una multa de 600 euros por sacar un expositor de postales de un metro cuadrado a la calle y un poco más allá está lleno de manteros».

El asunto se recrudece en Fallas. «Piden siempre que el centro esté bonito y que mantengamos los comercios en condiciones, pero lo de la venta ambulante en Fallas es horrible, con puestos de papas y globos en la puerta de la tienda, por su puesto sin licencia», señala.

Otro empresario de la calle Convento Santa Clara afirma tajante que «es un tema policial, nunca he visto la camioneta donde se llevan los decomisos y hace cinco años que estoy aquí. No hay suficiente policía porque siempre estamos llamando y si tienes suerte, entonces vienen».

Sin salir de esta calle, otro de los afectados explica que no le afecta a su negocio, dedicado a la decoración, aunque «estoy en contra porque es un comercio ilegal. Lo montan todo como si fuera un expositor, sin miedo a la policía. A mediodía vienen más, es como si conocieran los horarios de la Policía Local».

«De cara a la imagen de la ciudad no queda bien y ese comercio ilegal perjudica el mantenimiento de los negocios. Pagar a los empleados nos cuesta mucho dinero y eso para el Ayuntamiento parece que no le importa», recrimina. «Zapatillas de marca, falsificadas claro, ropa de fútbol y todo lo que puede atraer a los turistas, así como los clásicos bolsos, zapatos y guantes. Ya hace mucho que dejaron de vender cedés».

«Lo montan como un escaparate», indican desde un establecimiento de la plaza de la Reina. «Venden falsificaciones, se permiten las mafias, se reparten los puestos, destruyen empleo y ocupan las aceras sin ninguna consecuencia, cuando a los bares se les sanciona», relata.

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