Llenazo en las tiendas en el primer día de rebajas

Muchos clientes esperaban ayer la apertura de los grandes centros comerciales. / LP
Muchos clientes esperaban ayer la apertura de los grandes centros comerciales. / LP

Los patrones de consumo van desde el comprador premeditado hasta el paseante despistado que adquiere lo que no necesita «Estamos agotados y sólo es el primer día», dice un comerciante

TEO PEÑARROJA

VALENCIA. Una, dos, tres... y así hasta cuarenta. Cuarenta personas cargadas con bolsas de rebajas pasaron en dos minutos de la primera tarde de descuentos por el mismo punto de la calle Juan de Austria. Las rebajas de este verano han llegado un día antes de lo habitual, y mucha gente las esperaba con ansia.

«Agotados», sentencia el encargado de zapatería de El Corte Inglés. «Estamos agotados y sólo es el primer día». Para este establecimiento, la jornada ha sido un no parar. «Hay gente que lleva dos o tres días viniendo a probarse zapatos para comprarlos en cuanto empezara la promoción», continúa.

Ese es el caso de una madre y su hija que, parapetadas detrás de un montón de ropa que se llevan al probador, confiesan que cogen las rebajas con muchas ganas. «Hace días que estamos mirando lo que hay en las tiendas. Vamos a comprar un poco de todo».

«Yo no iba a venir», dice una chica levantando la vista de la etiqueta de un vestido azul marino. «¿Has visto? Estaba a 25 euros y se me queda en 10. Creo que me lo llevo», dice más para sí misma que para otra persona. «Yo sólo venía a acompañar a un amigo, pero mira, ya que estamos...».

En otro escaparate un cartel le escupe al viandante un soberbio «segundas rebajas», en mayúsculas. ¿Segundas, ya? ¡Si han empezado hoy! «Para nada», asegura un dependiente. «Nosotros comenzamos hace dos semanas, y se ha notado mucho en la caja», añade. La competencia con grandes superficies no es fácil, y el perfil del comprador es distinto. «No pensaba comprar; ni siquiera he venido por los descuentos», explica una chica que acaba de entrar. «Pero como pasaba por aquí echaré un ojo a las ofertas», comenta.

Sin embargo, no todos los comercios de la zona se benefician del furor de los precios bajos. «Precisamente de eso hablábamos hoy en la cocina», comenta el camarero de un clásico bar del lugar. «Han adelantado las rebajas, pero no los sueldos. Aquí no se ha notado más movimiento que el resto de la semana». No sabe dónde va a ir a parar todo esto, pero le parece que las complicaciones para aparcar en el centro no ayudan al comercio.

Y no es el único descontento con las rebajas. En un rincón de una tienda, un niño llora y da una patada a una papelera ante una madre consternada. «Mami, que llevamos aquí mucho rato. ¡Yo ya no puedo más!». Está claro que las rebajas no todos las disfrutan por igual.

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