Mil ideas para cambiar la plaza del Ayuntamiento de Valencia

Diseño del arquitecto Javier Domínguez ganadora del concurso de 1993. / lp
Diseño del arquitecto Javier Domínguez ganadora del concurso de 1993. / lp

El Consistorio intenta por tercera vez la reforma del espacio más singular de Valencia | Un parking, recuperar la Tortada, un centro cultural subterráneo y trasladar la fuente, entre las propuestas para la plaza del Ayuntamiento

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

El enésimo intento que se realiza para reformar la plaza del Ayuntamiento merece echar un vistazo a la historia reciente de varios fracasos que se amontonan en el considerado espacio más singular de la ciudad. El concejal de Desarrollo Urbano, Vicent Sarrià, señalaba esta semana que el concurso de ideas a celebrar en 2018 no tendrá prácticamente premisas para dar completa libertad a los arquitectos. Eso, como se ha visto en las dos iniciativas anteriores, no ha servido.

Desde que a finales de los años 60 fuera derribada la Tortada de Goerlich, un espacio casi mitificado, la tentación de reformar la plaza del Ayuntamiento no ha cesado. En 1975 se concibió un aparcamiento subterráneo que debía albergar 1.300 vehículos y de paso financiar la remodelación de todo el espacio. No se hizo y pasaron los años sin que se resolviera de manera satisfactoria la convivencia entre el tráfico y los peatones.

La llegada al poder en el Consistorio de la coalición entre Partido Popular y Unio Valenciana reavivó la iniciativa, pilotada por el segundo partido durante el mandato que compartieron gobierno. Se presentaron dos propuestas de sendos grupos de empresas que seguían la fórmula anterior, es decir, aparcamiento en concesión para que el resto saliera gratis a las arcas públicas.

Se inició entonces un tortuoso camino donde salió victoriosa la propuesta del arquitecto valenciano Javier Domínguez. Planteaba unir la explanada actual con la zona de la fuente para rodear todo este espacio peatonal con una calzada. Las obras debían estar terminadas en febrero de 1995, aunque entonces surgió el asunto de los restos arqueológicos. Los adjudicatarios se negaban a construir los túneles de acceso desde las calles Bailén y Alicante tanto por la afectación a la muralla cristiana en el subsuelo como por el aumento del presupuesto.

Vuelta al cajón a la idea de remodelar la plaza del Ayuntamiento hasta que a mediados de 1997 el gobierno municipal, ya con el PP en solitario, retomó el asunto a través de la empresa municipal AUMSA. Predominó la libertad creativa y entre las 27 propuestas había aparcamientos subterráneos, edificios en mitad de la explanada, un centro cultural donde en su día se abrió la Tortada, una torre campanario para recordar el Convento de San Francisco, un viaducto, cambiar de lugar la actual fuente, trasladar la estatua de Vinatea o una cúpula de cristal.

Al final, los que proponían parking fueron descartados para evitar problemas con los restos arqueológicos y se eligió la propuesta llamada 'Tapiz', firmada por dos jóvenes arquitectos de 28 y 30 años entonces, José Font y Rafael López. En una nueva vuelta de tuerca, el jurado decidió que no se haría íntegramente, sino añadiéndole un centro cultural subterráneo. Dos años después, en febrero de 2000, la alcaldesa Rita Barberá dejaba en suspenso la reforma, argumentando que no había consenso suficiente y porque a su juicio las propuestas no resolvían bien la plaza del Ayuntamiento. La puntilla fue la difusión de una figuración virtual donde se veía una explanada desolada y sin nada verde.

Ahora se abre un nuevo capítulo espoleado por las votaciones vecinales para las inversiones del próximo año, que han elevado hasta el primer puesto la peatonalización de la plaza. El compromiso es adjudicar el proyecto este mandato y dejar las obras para el siguiente. Habrá que esperar unos años más para resolver el misterio de una plaza que acumula fracasos en todos los intentos realizados hasta ahora y donde el único punto de acuerdo es que debe ser más peatonal.

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