La estación del Norte celebra su primer siglo con la renovación de la cubierta y las fachadas

Interior de la estación del Norte, ayer. / EFE/Manuel Bruque.

Fomento anuncia que invertirá 6,5 millones en 2018 en mejoras, que afectarán a la retirada de placas de uralita de la gran marquesina

P. M.

La estación del Norte cumple hoy su primer siglo desde que entró en servicio por primera vez el 8 de agosto de 1917. Al hilo de esa efeméride el Ministerio de Fomento anunció ayer a través de la empresa Adif una inversión de 6,5 millones de euros en la renovación de buena parte del inmueble diseñado por el arquitecto Demetrio Ribes, con un proyecto que sacará a concurso el próximo año.

Sin duda la cubierta será el elemento central de la intervención. Fuentes conocedoras del proceso señalaron que debe redactarse el proyecto de intervención, aunque lo cierto es que parte de los 8.400 metros cuadrados de la enorme marquesina están constituidos por placas de uralita, lo que supondrá la retirada de todo este material al incluir amianto. La normativa obliga a la sustitución de estas placas.

La cubierta tiene una longitud de 200 metros, mientras que la anchura se sitúa en 42 metros. Situada a una altura de 18 metros, el proyecto de estación Central diseñado por el arquitecto César Portela reserva este espacio como la mayor plaza cubierta de la ciudad, enfocada a una actividad comercial y cultural.

También se renovarán las marquesinas laterales correspondientes a las vías 7, 8, 21 y 22. Todavía es pronto para determinar el material de las cubiertas, aunque la idea hace años era que fuera de un material ligero, incluso translúcido.

Durante la redacción del proyecto es posible que se añadan más intervenciones, aunque de momento la inversión se centrará en la citada rehabilitación de la cubierta central y los cuerpos laterales del edificio. También la mejora de evacuación de aguas pluviales y canalizaciones, es decir, la eliminación de goteras.

En el exterior habrá un tratamiento de las fachadas frontales y laterales, así como la iluminación y climatización de parte de las estancias. Las mismas fuentes no precisaron si se repintará la estación, lo que se hizo en los años 90.

El edificio de Ribes (1875-1921) supone una síntesis de diferentes corrientes arquitectónicas, entre las que destaca el regionalismo, el eclecticismo y el modernismo. Influenciado por esta última y por la obra de Otto Wagner, representante del secesionismo vienés, el arquitecto valenciano diseñó en 1906 la estación para la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte. Su construcción se prolongó durante más de ocho años. Dentro de la arquitectura ferroviaria, fue el creador de obras tan significativas como la estación Príncipe Pío de Madrid y la del Norte de Barcelona.

Desde hace meses se sitúa una exposición sobre su construcción, mientras que algunas de las últimas intervenciones se han dado en la sala de Mosaicos y en la opuesta, que servía para las taquillas y donde ahora se ubica un restaurante. La inauguración de la estación Joaquín Sorolla en diciembre de 2010 redujo el tráfico ferroviario, aunque sigue siendo uno de los inmuebles más transitados de la ciudad, tanto por los viajeros de Cercanías como por los turistas. Desde 1983 es monumento histórico artístico.

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