Un concierto nunca debería costar vidas

El accidente ocurrido durante el montaje de las gradas para los conciertos de Viveros, y que tuvo como resultado la muerte de un operario, nos mueve a recalcar los aspectos de seguridad obligatorios en la instalación de estructuras temporales

Con la llegada del verano y de los espectáculos al aire libre, proliferan en todo el territorio nacional las instalaciones para dar asiento al público que asiste a los mismos. Son las populares gradas desmontables, que todos hemos utilizado alguna vez. Deben de ser seguras, tanto para los operarios que las instalan, como para las personas que las utilizan. Existe diferente normativa de seguridad cuya aplicación garantiza la ausencia de peligro, y debe ser cumplida a rajatabla.

Tanto el Real Decreto 2177/04 sobre Seguridad en Trabajos en altura, como el Reglamento de Espectáculos Públicos, Planes de Autoprotección (en su caso), como las Normas UNE al efecto (13.200 y 13.782) y el Código Técnico de la Edificación se suponen contempladas en la Artículo 91 de la Ordenanza Reguladora del Dominio Público Municipal que regula las condiciones de seguridad que han de hacer cumplir los promotores que contratan el servicio de instalación de este tipo de gradas. Algo falló en el accidente de Los Jardines Viveros, puesto que el hecho es incontestable: un trabajador falleció tras caer al vacío mientras trabajaba en la instalación. La responsabilidad por estos hechos es algo que tendrán que dilucidar los tribunales, así como el o los responsables civiles subsidiarios.

Todos los sistemas para personas en altura, tanto para los trabajadores como para el público, han de estar homologados, certificados y comprobados, montados por personal con formación suficiente atendiendo a un plan de montaje elaborado por un técnico competente en la materia, como somos los ingenieros técnicos industriales, y en previsión del uso durante el evento. Cualquier modificación de los puntos anteriormente citados supone un incumplimiento expreso de la norma que pone en peligro no solo al trabajador, sino a la ciudadania.

El plan de montaje ha de contemplar particularidades como la dureza del terreno o su grado de irregularidad. El ingeniero técnico industrial o técnico competente habrá de calcular también los aforos que soporta la instalación, además de supervisar el montaje para asegurarse de que se cumplen todas las medidas de seguridad. También habrá de comprobar la correcta aplicación del plan de montaje, tras lo cual estará en condiciones de firmar la certificación de seguridad. Lo idóneo es disponer también de un plan de desmontaje, algo que algunos ayuntamientos ya están empezando a exigir.

Son precisamente las entidades locales, que ceden el espacio público, las que deben solicitar y asegurarse de que toda la documentación esté en regla. Algo que compete a los promotores de los espectáculos que van a acoger al público, y que normalmente subcontratan la instalación de gradas a empresas especializadas. Estas empresas son las que han de presentar el plan de montaje firmado por un ingeniero técnico industrial o técnico competente, quien también certificará que la infraestructura se ha instalado correctamente y cumple toda la normativa de seguridad.

La instalación de estructuras provisionales para grada, normalmente de base de andamiaje debe, en suma y en aplicación de la diferente normativa citada, 'certificarse al uso', es decir que independientemente de las circunstancias, origen, necesidades y objeto de su montaje, deben de ser válidas a los efectos laborales (para los montadores), de estabilidad para los usuarios, seguras en acceso y permanencia y dispuestas para la fácil y segura evacuación del público. ¿Es posible conjugar todo lo dicho careciendo hoy por hoy de un Reglamento Técnico Específico?

Todos los eslabones de la cadena deben evitar que se cometan errores: los ayuntamientos tienen que solicitar y examinar toda la documentación sobre seguridad, los promotores deben comprobar que la empresa subcontratada está haciendo las cosas debidamente, y esta ha de cumplir el plan de montaje y guardar las medidas de seguridad exigible. Por último, el ingeniero técnico industrial, en definitiva el técnico, debe hallarse en la situación legal correcta para el ejercicio profesional, con su seguro de responsabilidad civil, que debe exigir el cliente y la administración. Esto siempre se cumplirá si el ingeniero es colegiado, puesto que esta institución vela y trabaja para asegurar el buen trabajo de sus profesionales. Además, nunca puede faltar la parte de inspección y control del órgano competente. En ningún caso es admisible que los profesionales certifiquen desde casa, con un simple visionado de fotografías del montaje de la estructura: deben visitar las instalaciones.

Así pues, todos los eslabones de la cadena han de tener clara su responsabilidad y cumplirla: están en juego vidas humanas, y son demasiados los que la han perdido por negligencias de otros.

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