Los pequeños comercios en Valencia no encuentran relevo

Propietarios de negocios tradicionales aprovechan su jubilación para cerrar el establecimiento ante los efectos de la crisis

Daniel Guindo
DANIEL GUINDOValencia

La Comunitat despidió 2017 con casi 1.500 autónomos menos dedicados al sector del comercio y, desde 2007, la cifra de profesionales de este ámbito se ha reducido en la región en cerca de 13.000, según los datos aportados por la Asociación de Trabajadores Autónomos de la Comunitat. Un goteo constante de bajas en los registros provocado, en un primer momento, por la crisis económica. Sin embargo, y pese a que empieza a avistarse una ligera mejoría, el sector del pequeño y mediano comercio tradicional no termina de remontar, en parte, por la falta de relevo generacional tras la jubilación de los dueños de esas históricas tiendas de barrio que, hace varias décadas, se erigían como el motor comercial de pueblos y ciudades. Las amplias jornadas laborales, incluso en fin de semana o festivos, unido a la cada vez mayor competencia de las grandes superficies y las cadenas -y la consiguiente pérdida de ventas- hace que, en buena parte de los casos, hijos y sobrinos opten por no seguir al frente de un negocio familiar que, en ocasiones, ha llegado a pasar por las manos de varias generaciones.

Al respecto, desde la Confederación de Empresarios del Comercio de la Comunitat (Cecoval) recordaron que uno de los factores determinantes en el sector es el relevo generacional, «dado que quienes están próximos a la jubilación y gestionan un comercio no encuentran a quien ofrecer el relevo». Por ello, creen que es importante «dar soluciones para que los dueños que tienen cercana su edad de jubilación no se vean obligados a cerrar los negocios por no encontrar a nadie que quiera o pueda sucederles».

En esta línea, explican que la globalización está haciendo desaparecer la personalidad y singularidad del comercio local, por lo que «se precisan medidas que permitan y fomenten la conservación de fachadas, rótulos e interiores de los establecimientos comerciales considerados como emblemáticos, originales o tradicionales, apoyando su rehabilitación y mantenimiento, y respetando, de esta forma, la singularidad comercial de nuestras ciudades considerada como un activo más de cara a la oferta turística».

En relación a ello, apuntan que también existe la problemática de que «a quienes les vence el contrato de arrendamiento de los locales comerciales se encuentran con que las nuevas condiciones que les marca el propietario puede duplicar o triplicar la cuantía anteriormente estipulada, hecho que lleva a los comercios a abandonar el negocio dado que no se puede mantener ese nivel de gasto por alquiler». Esta es una de las principales razones por las que, en los principales entornos comerciales, «están presentes las grandes firmas en detrimento de los pequeños establecimientos que no pueden hacerse cargo de unos arrendamientos de alto coste económico», según Cevocal.

Por contra, en la Confederación de Comerciantes y Autónomos de la Comunitat (Covaco) son más optimistas. «Es verdad que el relevo generacional es un tema que siempre preocupa al comercio, especialmente a aquellos establecimientos con mayor antigüedad, pero también es cierto que, en los últimos años, se ha registrado una continua transformación del sector y de los propios modelos de comercio, con la mejora de la formación y la profesionalización de las nuevas generaciones, la incorporación de nuevas tecnologías, las innovaciones en el punto de venta y en la gestión, así como el apoyo de las asociaciones y de la Administración».

De hecho, resaltan desde Covaco, en los últimos dos años se ha reducido el ritmo al que han cerrado los comercios y éste ha sido muy inferior al descenso en el número de autónomos (-0,7 frente a -1,5% de bajada de autónomos), «lo que nos puede llevar a pensar que el comercio urbano está recuperando parte del atractivo que tradicionalmente ha tenido».

El sector reclama ayudas para conservar fachadas, rótulos e interiores de los locales y para rehabilitar tiendas tradicionales

Por tanto, las jubilaciones de los propietarios de los establecimientos sin relevo generacional supone uno de los motivos de la situación actual, pero no el único. Para Cecoval, la incertidumbre política y económica, la liberalización de los horarios comerciales, el estancamiento y freno en el consumo, la «desmesurada» proliferación de promociones y descuentos, la competencia online de los gigantes de internet o la presión fiscal son otros de los aspectos que dificultan la expansión de un sector especialmente castigado por la crisis económica.

Asimismo, desde Covaco recuerda que el comercio ha sido durante los años de la crisis un sector refugio para aquellos trabajadores que habían perdido su empleo y que no encontraban otra salida laboral, mientras que algunas de aquellas iniciativas, especialmente las de aquellos perfiles menos profesionalizados, «terminaron al cabo de tres o cuatro años». Para la entidad, el descenso en la cantidad de autónomos dedicados al comercio también tiene otros motivos, como que, especialmente en el último año, algunos de los responsables de estos nuevos establecimientos han vuelto a su actividad profesional anterior al reactivarse el mercado laboral o han conseguido un empleo mejor. También que algunas empresas han cambiado su condición jurídica.

Carlos, en su tienda El Globo. / D. Torres
Carlos Fernández. El Globo «Tienes que hacerlo todo, contable, dependiente...»

«Mis hijos han vivido en primera persona el trabajo del pequeño comerciantes y es muy duro y, aunque es muy agradecido y permite desarrollarse a uno mismo, también tiene una parte ingrata, porque uno es contable, empresario, dependiente... tienes que hacerlo todo. Te faltan horas en el día y ese tiempo tienes que quitárselo a la familia. Por eso mis hijos no han querido continuar con el negocio». Así resume Carlos, propietario de El Globo, la vida del comerciante y las dificultades que estos tenderos tienen a la hora de encontrar relevo generacional. «Tengo 68 años y la perspectiva es dejar el negocio. El año que viene espero no tenerlo», agrega.

Carlos, al menos de momento, tampoco se plantea el traspaso de este comercio tradicional que tiene más de 160 años de historia (abrió sus puertas en 1856). «La tienda la abrió la madre de mi bisabuelo. Luego su hija se casó con él y ha ido pasando de generación en generación hasta que en 1980 me lo quedé yo... por lo que ya va a hacer casi 40 años», señala este profesional, que recuerda también que ésta ha sido una tienda referente dentro de la conocida como calle de Las Cestas. «Tenemos clientes de 50 y 100 kilómetros a la redonda», resume.

Sin embargo, y a la hora de analizar la situación actual, Carlos apunta que «la verdad es que tampoco es la mejor época para el comercio, el negocio ha caído mucho», de ahí que el traspaso a otro emprendedor no sea una de las posibilidades factibles que maneje. Además, «nunca hemos querido entrar a ser un comercio para el turismo».

Paco Muñoz, frente al local donde se encuentra ubicada su droguería. / Manuel Molines
Paco Muñoz. Droguería Muñoz «A mis hijas no les interesó y yo no quería que siguieran»

«He estado 41 años en el mismo local, en el mismo negocio. Al principio todo era maravilloso porque funcionaba, pero cuando llegó la crisis empezó a ir mal. Las grandes superficies han acabado con nosotros». Paco, después de cuatro décadas al frente de Droguería y Perfumería Muñoz, se jubiló en agosto de 2016 y cerró las puertas del negocio. Sus tres hijas «hicieron cada una su camino», dos son enfermeras y otra ingeniera agrónoma, por lo que no han querido seguir al frente de un establecimiento que lo pusieron en marcha los padres de Paco, pero del que siempre ha estado al frente este comerciante. «A mis hijas no les interesó y, visto lo visto últimamente, yo tampoco quería que siguieran», resume.

Paco relata que en 1976 sus padres se hicieron con el negocio a través de un traspaso «y me metí aquí de lleno», y también destaca que, durante muchos años, ha pertenecido a una cooperativa que, tras unirse a otra, llegó a tener «700 y pico cooperantes». Sin embargo, «cuando me di de baja no sé si llegaban a 80», lamenta, para añadir que «el autónomo está muy desatendido».

En esta línea, indica que, a modo de ejemplo, «en 40 años nunca me he cogido ni una baja». Y eso que al principio, cuando se casó, contaba con el apoyo de su mujer al frente del establecimiento, pero durante los últimos doce o trece años, su esposa buscó otro trabajo y se quedó sólo con este comercio de la calle Jerónimo Muñoz de Valencia en el que, como recuerda este ya jubilado profesional, se han criado sus hijas.

Ascensión López, en su tienda Valero Mimbres. / Damián Torres
Ascensión López. Valero Mimbres «No hay negocio, no puedes mantener la empresa»

Ascensión López, más conocida entre sus clientes y amigos como Son, se jubiló hace ocho años tras una vida dedicada al comercio de artículos artesanales de madera y mimbre. «En los años 80 y 90 llegamos a tener tres cesterías porque había mucha demanda, pero ahora no hay negocio, no se regenera el cliente y no puedes mantener la empresa», asegura.

Todavía hoy, a sus 73 años, todos los días se deja caer un par de horas por su histórica tienda de Maestro Clavé, en pleno centro de Valencia, («lo llevo en la sangre», subraya), aunque el trabajo diario lo deja en manos de sus dos dependientas. Admite que su intención es cerrar definitivamente el negocio el próximo año y que, si no lo ha hecho antes, ha sido en parte por sus empleadas. «Son buenísimas y lo estamos alargando para que se puedan jubilar también. Las dos se lo merecen», recalca.

En relación a un posible relevo generacional, Son apunta que no tiene hijos, pero que entre sus sobrinas tampoco hay interés en quedarse con la tienda «y yo tampoco las he animado porque no le veo futuro», reconoce. «El pequeño comercio tiende a desaparecer porque no hay quien aguante los gastos». Para poder competir en el mercado actual, esta histórica profesional cree que hay que apostar por la venta online, «pero hay que invertir, y a mi edad...». Además, advierte del sacrificio que supone regentar uno de estos comercios, especialmente por los horarios, mientras que «ahora la gente lo que quiere es acabar de trabajar el viernes por la tarde».

Virtudes, en el interior de su establecimiento. / D. Torres
Virtudes Royo. La Casa de la Madera «Ni mi madre ha disfrutado de mí, ni yo de mi madre»

Virtudes, una comerciante del centro de Valencia, tiene previsto jubilarse en los próximos años y, probablemente, cerrar su tienda porque, aunque lleva «la profesión en los huesos, la edad no perdona», asegura. Ante la posibilidad de traspasar el negocio, cuando llegue el momento, afirma: «esto no se lo queda ni Dios». El relevo generacional tampoco es una opción y, al respecto, recuerda una frase de su propia hija: «Ni mi madre ha disfrutado de mí, ni yo de mi madre». Ésta fue la respuesta que la joven dió a un cliente que le instó a continuar con el negocio familiar. Su negativa dejó claras sus intenciones. Y es que, como resume la tendera de Músico Peydró, un comercio de este tipo requiere mucho esfuerzo. «El otro día estaba atiendiendo con fiebre», resalta. La Casa de la Madera se trata de un histórico establecimiento que, sin embargo, también ha pasado por momento difíciles. «El negocio lo montaron mis padres y, al principio era una ferretería. Yo a los 18 años ya les ayudaba y luego me quedé con la tienda y cambié los artículos» -ahora ofrece un sinfín de productos de madera, incluido mobiliario, juguetes y artículos de hogar-. Pero después de varias décadas en el mismo emplazamiento, Virtudes tuvo que cambiar de local. «Estábamos alquilados y el dueño vendió el edificio a una empresa de Barcelona que hizo apartamentos arriba. Luego el banco lo embargó. Mi alquiler pasó de 600 a 1.600 euros, pero continuábamos pagando. Sin embargo, en octubre de 2016 me llegó una carta: no me renovaban».

Félix y Gloria, en el 30 aniversario de la confitería. / LP
Félix López. Confitería El Túnel «Trabajas festivos y la gente quiere más calidad de vida»

«Estamos a punto de jubilarnos, en junio si no pasa nada», indica Félix, propietario de la Confitería el Túnel, un histórico comercio de la localidad de Alcoy (es probable que date de 1822) que en breve puede cerrar sus puertas.

La familia de Félix se puso al frente del establecimiento hace ya más de 30 años, pero como reconoce el comerciante, «mis hijos no están metidos en el negocio, están desarrollando su carrera profesional fuera de Alcoy».

Este experto pastelero reconoce que el negocio provoca «una vida más sacrificada que en otro oficio», por lo que «tiene que gustarte mucho». «Trabajas domingos y festivos y la gente normalmente prefiere una mayor calidad de vida. Además, está la competencia de las franquicias y las grandes cadenas», apunta.

Así, y después de descartar el relevo generacional, Félix y su mujer Gloria están estudiando la posibilidad de traspasarlo, pero «me gustaría que fuese a pasteleros». «Hemos contactado ya con personas interesadas, pero no son profesionales del sector. Así que, si no nos cuadra el traspaso, cerraremos, ya que estamos alargando la decisión para facilitar también la jubilación a los empleados».

Félix subraya el reconocimiento que el establecimiento tiene tanto en la localidad como en la comarca. «Se ha creado un nombre porque es una pastelería diferente a la de otros sitios. Cuenta con productos muy particulares, como el pastel dulce de carne o repostería de mazapán rellena y viene mucha gente de fuera, sobre todo en Navidad». Por ello desea que siga al frente un pastelero.

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