Chinches en el Hospital Clínico de Valencia

Chinches en el Hospital Clínico de Valencia

La queja de una familia por picaduras obliga a desinfectar una habitación y cambiar de estancia a los ocupantes

Laura Garcés
LAURA GARCÉSValencia

Una queja por presencia de pulgas por parte de los familiares de un paciente ingresado en Hospital Clínico de Valencia tras sufrir picaduras mientras acompañaban al enfermo en la habitación del centro condujo a saber que «no eran pulgas sino chinches» lo que se encontró en el sillón del acompañante», conforme al relato de los familiares del paciente, que en declaraciones a LAS PROVINCIAS mostraron su «indignación y sorpresa al ver que en un hospital suceden estas cosas».

En un primer momento pensaron que podía tratarse de pulgas. Así lo hicieron constar en la queja presentada, pero ayer personal del centro se puso en contacto con los familiares y les comunicaron que la situación era otra. «Me han llamado de medicina preventiva y me han dicho que no eran pulgas, sino chinches», explicó una de las familiares del paciente.

No quedó ahí la explicación. Su relato incluye que también le dijeron que «las pulgas transmiten más enfermedades que los chinches», algo que consideró «una manera de lavarse las manos» ante una situación que no le permitía salir del asombro.

Desde el centro sanitario reconocieron ayer que ante el aviso de un familiar, el jueves «de forma inmediata y por prevención se puso en marcha el protocolo que consiste en vaciar la habitación y tratarla con los productos requeridos». Recalcaron que el tratamiento ya se aplicó y «los muebles se han sustituido por otros». Además, afirmaron que «en cualquier caso, está descartado que se tratara de pulgas».

LAS PROVINCIAS solicitó al hospital información sobre si se trataba de chinches tras conocer lo relatado por la familia, circunstancia que ayer por la tarde no pudo ser confirmada desde la Conselleria de Sanidad, si bien desde el departamento autonómico señalaron que se había «activado la desinfección de la habitación».

La historia empezó a principios de febrero. Llegaron al centro sanitario de la avenida Blasco Ibáñez para ingresar al padre de la familia. Pasados unos días una de las hijas observó picaduras en sus piernas. Después, lo mismo le ocurrió a otra hermana y «también a una chica que viene alguna noche a quedarse».

La familia asegura que puso en conocimiento del personal del centro lo ocurrido e incluso presentaron una queja en la que, como ha podido confirmar LAS PROVINCIAS, consideraron que habían «sufrido picaduras de pulgas en manos, piernas y espalda». Llegó entonces la primera actuación: «cambiar el sillón del acompañante», acción a la que siguió el cambio de habitación.

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