El Ayuntamiento reforzará las inspecciones de los colectores por el colapso de las toallitas

La red de alcantarillado cuenta con sensores y hasta cámaras de vídeo, pero se quiere evitar el riesgo de una ruptura en caso de gota fría

P. MORENO

valencia. El Ayuntamiento ha decidido reforzar las inspecciones de la red de colectores y alcantarillado de Valencia, con el propósito de detectar lo antes posible la acumulación de residuos que puedan colapsar el sistema. Se trata de atascos producidos por miles de toallitas de baño que han obligado en la última limpieza a un gasto estimado de 2,23 millones de euros.

Fuentes de la concejalía del Ciclo Integral del Agua comentaron ayer que la red cuenta con sensores y hasta cámaras de televisión de circuito cerrado, un sistema centralizado en un edificio junto a la calle Doctor Lluch. Pese a esa circunstancia, se modificarán las pautas de las inspecciones para hacerlas más frecuentes. En el caso del colector norte, el que ha forzado a una limpieza millonaria, el colapso se detectó en una inspección visual al comprobar cómo llegan aguas negras a la tubería dedicada a las pluviales.

El antecedente más próximo fue lo ocurrido el pasado año en la calle Gascó Oliag, donde en un colector que discurre por la zona también tuvo que realizarse una extracción de urgencia por el atasco generalizado. Las inspecciones quieren prevenir cualquier riesgo de ruptura antes de una posible gota fría.

Esa es la preocupación principal de los operarios de la contrata que trabajan en el viejo cauce, entre el puente del Reino y el corredor mediterráneo. Desde el departamento que dirige el concejal Vicent Sarrià indicaron que las dos zonas de extracción de residuos están habilitadas para un desalojo rápido tanto de operarios como de la maquinaria empleada. Con una anchura de cinco metros, se trabaja desde la parte superior, por donde discurre el colector de aguas pluviales, donde pequeñas excavadoras extraen toneladas de toallitas poco a poco.

De momento llevan 500 toneladas, aunque aparte está la cantidad que llega a la planta depuradora de Pinedo. Además de la extracción y su traslado posterior a un vertedero en camiones desde dos enormes trampillas aguas arriba del Palau de les Arts y enfrente del Oceanogràfic, se ha apostado también por el uso de bombas de agua con el que ayudar a disgregar la celulosa, de tal manera que libere el caudal del colector y dirija las aguas negras a Pinedo. En total se esperar trabajar en la limpieza de un conducto con una longitud de 4,5 kilómetros.

Las ventanas abiertas en la parte superior del colector de aguas negras sirven para dirigir el caudal al conducto superior, donde llega más diluida y por lo tanto en caso de gota fría puede ser vertida a la desembocadura del viejo cauce. El problema es que al embozarse el primero llegarían demasiados residuos, por lo que se tuvo que elevar la altura del aliviadero para evitar que rebose.

En el colector norte se ha actuado también en el tramo que pasa junto al paseo de la Alameda. Entre los recursos utilizados se encuentra un camión de una empresa alemana capaz de «hasta mil bares negativos, lo que es una barbaridad de presión capaz de disgregar el hormigón del colector».

Todo el material extraído ha ido a parar a vertederos controlados. El concejal de Hacienda, Ramón Vilar, planteó este lunes algún tipo de medida para reducir este problema, que de momento carece de solución. Las empresas fabricantes ofrecen productos que aseguran son biodegradables, aunque desde el Ciclo Integral del Agua señalaron que la cuestión es la enorme acumulación, que impide la degradación normal de este tipo de celulosa. La compactación retrasa más el proceso.

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