El Ayuntamiento admite que deja sin recoger las naranjas de 5.300 árboles

Naranjas caídas en el entorno del parque del Oeste.
Naranjas caídas en el entorno del parque del Oeste. / j.monzó

La campaña acaba con el 43% de los frutos caídos y deberán ser barridos de las aceras tras las quejas vecinales

PACO MORENO

valencia. Las naranjas de 5.316 árboles plantados en las calles de Valencia se han quedado sin recoger este año, según la respuesta dada al grupo popular por la concejalía de Medio Ambiente. Esto supone el 43,3% del total de esta especie en el cap i casal, que según el registro de 2015 asciende a 12.264 ejemplares.

La recogida es fundamental, indicó ayer la concejal del PP Lourdes Bernal, para evitar que las naranjas acaben en el suelo, pisoteadas, empobreciendo la imagen de la ciudad y además con el riesgo de que provoquen caídas, como puede suceder en calles como la avenida Constitución, Padre Urbano o el barrio de Tendetes. Esta circunstancia ha sido también criticada por algunas asociaciones vecinales.

En la respuesta dada por escrito en el pleno pasado, la delegación gestionada por la edil Pilar Soriano señala que la campaña se dio por finalizada el pasado 17 de mayo en la zona norte, mientras que tres días más tarde ocurrió lo mismo en la sur. La frontera que delimita la superficie de cada contrata de jardines se sitúa en el viejo cauce.

La contestación indica que los motivos principales de dejar naranjas sin recoger son «los medios personales disponibles y su compatibilidad con el resto de tareas de mantenimiento». Esto supone que las brigadas dedicadas a coger los frutos han tenido que derivarse a otros jardines donde también arrecian las críticas vecinales, en aspectos como la falta de poda o plantación de árboles. Se añade que en «los últimos 20 años en ninguno se ha retirado el 100% de las naranjas», para matizar que se da prioridad a las calles con mayor tránsito de viandantes.

En la zona norte se han retirado los frutos de 3.630 unidades, mientras que en la sur el balance ha sido de 1.686 actuaciones. «Una vez que las naranjas han caído, es el Servicio de Gestión de Residuos Sólidos quien se encarga de su retirada», indican para añadir que cuando se «actúa sobre un naranjo se retira la totalidad de los frutos que puedan haber caído en las aceras o alcorques».

El último censo publicado por el Ayuntamiento habla de 140.443 árboles en calles y jardines, por lo que los naranjos representan el 8,7% en comparación con el total de las especies. En segundo lugar se encuentran los 9.865 plátanos de sombra y en tercero los 7.606 ejemplares de cinamomo, también conocidos como el árbol del paraíso al ser originarios de Asia Central.

El acer negundo figura en cuarta posición del ranking con 6.482 unidades, aunque está en retroceso dado que el Ayuntamiento lo sustituye cada vez que puede. Buena muestra de ello es la reciente tala de 24 ejemplares junto al mercado del Cabanyal, en la calle Felipe Gauna. Entonces se alegó el mal estado de los abatidos, argumento habitual que justifica el riesgo de caídas.

Matorrales en alcorques

La concejal Lourdes Bernal también se hizo eco de las quejas vecinales por la abundancia de matorrales en los alcorques. Pese a la abundancia de hierbas en muchos de ellos, desde la concejalía aseguran que el desbroce no se ha dejado de hacer, con tres veces al año. Otra cosa es la ausencia del empleo de pesticidas, lo que no se menciona.

El Consistorio tiene arbustos y flores plantadas en 345 alcorques, en un proyecto que pretende aprovechar estos espacios como un añadido de las zonas verdes urbanas. La iniciativa empezó en el barrio de la Trinidad, en calles como Pintor Genaro Lahuerta, Almazora y el interior del jardín de Viveros, para extenderse al Ensanche dentro de la reurbanización de algunos espacios como Conde Saltavierra, Hernán Cortés o Pizarro.

Bernal insistió en que, al margen de este proyecto, es innegable que «los alcorques no se están desbrozando lo que toca y las quejas de los vecinos aumentan cada día, con matorrales que invaden las aceras». Desde Medio Ambiente admiten protestas por los residuos que se quedan entre las plantas, dado que los barrenderos no pueden limpiarlos.

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