El Ayuntamiento llenará Ruzafa de sonómetros pese al rechazo vecinal

Sonómetro en una calle. /
Sonómetro en una calle.

La asociación de vecinos cuestiona el gasto de los 22 aparatos y reclama más patrullas policiales y multas para reducir el ruido por las noches

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

El Ayuntamiento ha sacado a concurso la compra e instalación de 15 sonómetros y siete paneles informativos con los datos del ruido para repartirlos por el barrio de Ruzafa. La adquisición de los 22 aparatos corresponde a las inversiones decididas por votación ciudadana para el pasado año y fue cuestionada ampliamente ayer por la asociación de vecinos, al dudar de la eficacia del sistema para atajar las quejas por la saturación de terrazas de bares y los escándalos nocturnos. «No lo rechazamos pero tenemos muchas dudas», comentaron.

Fuentes de la entidad señalaron que no tienen noticias del proyecto ni conocen detalles de la ubicación de los sensores, más allá de lo facilitado por LAS PROVINCIAS, unos documentos que se muestran en la Plataforma de Contratos del Estado. En el expediente se indica que la intención es «controlar la contaminación acústica existente en la zona, especialmente debida a los locales de ocio y terrazas ubicados en el barrio». La inversión se elevará hasta los 169.000 euros.

Con ese dinero, señalaron desde la asociación de vecinos, se podría «terminar las calles sin reurbanizar que quedaron en el Plan RIVA», en referencia a los tramos de las calles Sueca y Cuba más próximos a la avenida Peris y Valero. La Generalitat procedió a la renovación de las principales zonas, aunque de manera inexplicable las dos citadas no fueron incluidas en el proyecto.

El sistema llega en pleno escepticismo en el barrio: «Sólo queremos que se cumpla la ordenanza»

En todo caso, señalaron que la medida más efectiva para luchar contra los ruidos nocturnos es que «se haga cumplir la ordenanza, nada más». Más patrullas de la Policía Local y más inspecciones de los locales y el espacio que ocupan las terrazas son algunas de las propuestas alternativas a la red de sonómetros que se instalará.

La discrepancia entre una asociación de vecinos y una inversión del Ayuntamiento decidida en las votaciones realizadas para elegir obras abunda en los problemas de un sistema que se ha intentado pulir desde la primera edición. En este caso, la colocación de esta particular red resultó elegida por 248 votos.

Las mismas fuentes citaron otro ejemplo como es la construcción de un carril bici en la avenida Reino de Valencia, también decidido en este proceso pero elegido directamente por el tripartito al descartar como inviables las propuestas por los residentes. La infraestructura dejará en dos carriles una parte del bulevar para el resto del tráfico, además de eliminar estacionamiento y ha sido cuestionado incluso por entidades ciclistas al preferir que se catalogue como ciclocalle, es decir, con preferencia en todo el ancho de la calzada para los ciclistas, sin un carril segregado.

En cuanto a los sonómetros, el expediente señala que la actuación tiene por objeto «la mejora de los niveles de ruido en las zonas acústicamente conflictivas de la ciudad utilizando sistemas que permitan obtener una monitorización continua de los niveles acústicos».

Desde la asociación de vecinos comentaron que son conocidas las calles donde se registran más ruidos nocturnos, para citar como ejemplo la Gran Vía Germanías por la concentración de bares y discotecas, así como Reino de Valencia, en ese caso por los atascos de tráfico. Pese a esto, en el informe técnico se indica que la colocación de los 15 sonómetros permitirá «no sólo evaluar el ruido ambiental en las zonas de ocio para la adopción de medidas correctoras, sino que permitirá un autocontrol del ciudadanos a la hora de disfrutar del ocio».

Sea como sea, para la entidad vecinal «no es una prioridad». De momento cuestionan toda la red a la espera de conocer al menos la ubicación de los aparatos y detalles sobre un proceso en el que se han quedado al margen, denuncian. En el mapa adjunto al expediente se sitúan en las calles Cuba, Sueca y Cádiz, además de otros en Centelles y Matías Perelló. También se colocarán en los aledaños del mercado municipal. La normativa actual obliga al Consistorio a tramitar las sanciones más graves a través de la Generalitat. «Esto no puede ser porque acaba siendo un embudo donde no se resuelve ninguna», consideraron.

El área de estudio estará delimitado por la avenida Peris y Valero, la calle Filipinas, la calle Gibraltar, la Gran Vía Germanías y la avenida Reino de Valencia. En la misma votación en la que se repartieron siete millones de euros para toda la ciudad (el próximo año serán ocho), se adjudicó para Ruzafa la remodelación de la plaza Manuel Granero y un carril bici en Germanías.

La primera edición de las votaciones vecinales en 2015 supuso un jarro de agua fría para las peticiones de Ruzafa. Las seis inversiones que salieron adelante fueron por imposición del Consistorio, al no darle viabilidad a las que debían votarse. Lo que ocurrió en este distrito fue el punto de partida para que la Federación de Vecinos instara al Consistorio a cambiar el método y consensuarlo antes con las entidades de la ciudad.

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