Las Provincias

«El único crimen de mis padres fue ir a misa»

La calle dedicada al matrimonio Alcántara Ríos. :: juanjo monzó
La calle dedicada al matrimonio Alcántara Ríos. :: juanjo monzó
  • María Amparo Alcántara Ríos, hija del matrimonio Alcántara-Ríos, rememora la noche en que unos anarquistas se llevaron a sus padres, fusilados junto a la cruz de término de Godella. Ambos perderán su calle en Valencia

«Mamá, cogida del brazo de mi padre, se giró hacia nosotros y nos dijo: 'Sed buenos, hijos'». A partir de ese momento, el silencio, mezclado con el miedo, y los recuerdos -pocos, debido a su corta edad- a los que tuvieron que aferrarse tres niños que el 15 de febrero de 1937 perdieron a sus padres, fusilados por un grupo de anarquistas en el camino de Paterna, junto a la cruz de término de Godella.

Quien rememora con voz estremecida aquella noche es María Amparo (Maruja) Alcántara Ríos, hija del matrimonio Alcántara-Ríos, cuya calle es una de las 51 que el Ayuntamiento de Valencia tiene previsto eliminar del callejero y, además, una de las 17 en que las víctimas no tuvieron participación en batallas o actividades políticas o cuentan con delitos de sangre, sino que perdieron la vida por defender sus ideas o tener determinadas creeencias. Como asegura Maruja, «el único crimen, el único pecado, de mis padres fue ir a misa, ser católicos. O como escribía en una red social uno de los bisnietos del matrimonio, Luis Suárez de Lezo, «su único delito fue ser católicos».

Así lo dijo también Asunción Ríos a la cuadrilla que acudió a la casa de un familiar en Godella, pues se habían tenido que trasladar allí debido a que habían perdido los bienes que tenían. «No nos hemos metido en política. Si es por ser católicos, por religiosos o por españoles, lo somos. Por Dios y por España podemos dar la vida», rememora Maruja, de 94 años, sobre la contestación de su madre cuando acudieron a llevarse a su padre, a quien no quiso dejar solo. «Ella dijo que se iba con él. Nunca más los vimos», añade.

Los días siguientes están envueltos de nieblas en los recuerdos de una de las tres hijas del matrimonio. Fue su hermano Fernando, de 14 años, y otra persona «muy querida por la familia» quienes encontraron los cuerpos de Francisco y Asunción con varios tiros en el pecho y la cara. «Los detuvieron allí mismo y menos mal que pasó un conocido y pidió que los soltaran», explica. «De los días siguientes no recuerdo nada», añade.

De hecho, Maruja, que conserva algunas fotografías de sus progenitores (como la del día de su boda), detalla que su siguiente recuerdo nítido es el puerto, «cuando nos llevaron allí para salir de España». Era un barco de guerra argentino. Así, siguieron el camino de muchos exiliados valencianos. En su caso, los tres hermanos (Maruja, Fernando y Asunta) embarcaron rumbo a Marsella, donde aguardaba un familiar que había salido de España con anterioridad. «Una vez allí fuimos a agradecer la mediación del cónsul de Argentina», indica.

El éxodo continuó con una temporada en Italia y, ya acabada la guerra, en San Sebastián. Después, el regreso a Valencia. Al cap i casal, no a Godella, «donde no quedaba nada y ya no estaban mis padres».

La tercera víctima

Junto al matrimonio Alcántara-Ríos, cuya calle se encuentra en el grupo de viviendas Antonio Rueda (donde hay 26 vecinos empadronados), también fue asesinada Carmen Llorens Valls, de 64 años, natural de Godella. En este caso, en represalia por la huida de su hijo, Antonio Vergara Llorens, dirigente de la Derecha Regional Valenciana en Godella, como desvela Antonio Vergara, columnista de LAS PROVINCIAS.

«Los autores fueron unos anarquistas de Burjassot (FAI-CNT), al mando de 'El Cheneral'», relata. Los tres fueron trasladados «en el coche de la calavera», añade Vergara, que tan sólo conoce a su abuela por una fotografía y retratos de soltera.

En el caso de Maruja Alcántara, el recuerdo de sus padres sigue vivo: «Estoy orgullosa de ellos, de la educación que recibimos y los valores que nos transmitieron». Desgrana que de ellos conserva algunos objetos que les entregaron al abandonar España en un paquete y que portaban sus padres el día de su fallecimiento. «Una medalla de las Hijas de María del Sagrado Corazón, una petaca, un pañuelo de mi padre y una cruz que debió coger mamá al salir de casa», cuenta.

No aparecieron ni el reloj ni los pendientes de Asunción, una mujer «sencilla e inteligente».

Su hija no comprende los motivos que llevaron al trágico suceso. «Eran personas buenas, honradas, discretas, generosas, sin enemigos...», cuenta Maruja. En Godella todos se volcaron en ayudar a la familia cuando se quedó sin nada. «¡Hasta el alcalde le compraba tabaco a mi padre!», dice.

«Buenos católicos, que no dudaban en ayudar en lo que hicera falta y ser justos con los que tenían a su alrededor», añade Maruja con la voz entrecortada por la emoción y el agradecimiento hacia su familia por hacerse cargo de los tres hermanos.

«Mis padres eran queridos por todos, sin enemigos. Mi padre era abogado, sin ningún tipo de vinculación política», añade. De hecho, el informe de la Universitat de València encargado por el Ayuntamiento para retirar las placas de las calles sólo señala que eran «posiblemente simpatizantes de la Derecha Regional Valenciana».

«Buenas personas», insiste Maruja, porque quiere que ese sea el recuerdo, la imagen, que transmita de Paco (como le conocían sus allegados) y Asunción. No guarda rencor, «he perdonado a quienes hicieron esto. Mis padres fueron mártires».

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