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El dueño de la alquería de La Ponsa de Valencia busca inversor para salvar la alquería del siglo XVIII

El dueño de La Ponsa de Valencia busca inversor para salvar la alquería del siglo XVIII
/ DAMIÁN TORRES
  • Consell y Ayuntamiento modifican una unidad de ejecución en el barrio de La Aguja para mantener el inmueble protegido tras 21 años de trámites

El Ayuntamiento de Valencia llevará a la comisión de Urbanismo la modificación de un plan interior de reforma del barrio de La Aguja, a espaldas del complejo administrativo 9 d'Octubre, para salvar de forma definitiva a la alquería de La Ponsa-Fuster. Se trata de una casa típica de la huerta del siglo XVIII que es Bien de Relevancia Local (BRL) y que está incluida en el catálogo de edificios protegidos, aunque hasta hace unos años estaba fuera de ordenación y corría el peligro de desaparecer.

Ahora, el propietario de la alquería busca inversores para poder hacer realidad su sueño: devolverle el esplendor a esta alquería donde vivió su familia para el disfrute de todos los ciudadanos. La propuesta ya cuenta con el visto bueno de la Generalitat, ya que la Conselleria de Obras Públicas trató el tema en la última comisión territorial de Urbanismo y se acordó aprobar definitivamente la modificación del Plan de Reforma Interior (PRI) de la unidad de ejecución de la alquería de La Ponsa-Fuster.

El apoyo de la Generalitat supone redelimitar la unidad de ejecución existente, de manera que «se excluye de su ámbito el edificio protegido y su entorno y fija su desarrollo como una actuación aislada», explican desde el departamento que dirige María José Salvador. La alquería estaba incluida en un plan de actuación más amplio «que por cuestiones de gestión urbanística y de escaso interés de promoción por los propietarios no es previsible que se desarrolle a corto plazo». Por eso, se ha decidido tratar la zona como un caso aislado para «que exista la posibilidad de rehabilitar y de urbanizar su entorno en un escenario temporal más próximo».

Desde la conselleria añadieron que «los propietarios del resto de la unidad de ejecución no sufrirán merma en su aprovechamiento urbanístico con esta modificación. La nueva ordenación garantiza la ejecución de las obras de urbanización del entorno del inmueble y la rehabilitación del edificio por los propietarios de los terrenos de la actuación aislada».

Un paso también importante que ha dado la Generalitat es proponer un cambio de uso del suelo de esta actuación que pasará de vivienda unifamiliar a terciario de baja densidad. «Esto nuevo uso será compatible con los valores del inmueble e incentiva su rehabilitación, su puesta en valor y disfrute público», tal como se indica en el documento aprobado.

El portavoz de la familia propietaria de la alquería de La Ponsa, José María López, lleva años de trámites burocráticos para que le permitieran dar un uso hostelero al recinto. Concretamente, 21 años enviando escrito a escrito a las administraciones, primero para convencerles de que el edificio valía la pena y segundo, para que se protegiera y se incluyera en el catálogo de edificios protegidos. Ahora, el último paso es sacarlo del plan de reforma interior para poder rehabilitarlo.

Además, la conselleria ha establecido unas condiciones de la ordenación que asigna al suelo público en el entorno de protección un destino de tránsito peatonal y tránsito rodado «garantizando que la obra de rehabilitación y urbanización incorpore medidas de integración en el paisaje urbano».

Por su parte, el propietario, José María López, comenta que es «una casa de huerta referente en la zona. Mi madre falleció sin que pudiéramos arreglarlo, pero siempre he mantenido la esperanza de salvar el edificio y ahora me gustaría encontrar el apoyo de un inversor para rehabilitarlo y que se pueda abrir un negocio de hostelería en un sitio singular». El amplio edificio tiene ahora dos partes, una la de Fuster, perteneciente a tres propietarios, y La Ponsa. Entre las dos suman 700 metros cuadrados.

La Ponsa, tras quedar deshabitada, sufrió ocupaciones. En 1996 ya intentaron rehabilitarla, pero la administración les advirtió que estaba fuera de ordenación y hace un par de años tuvo un proyecto fallido de rehabilitación a través de un hostelero, pero la familia propietaria no ha dudado en seguir un laberinto administrativo para salvarla.