Las Provincias

Una falla arde durante la cremà de este año. :: AFP PHOTO / Diego TUSON
Una falla arde durante la cremà de este año. :: AFP PHOTO / Diego TUSON

La Unesco pone deberes

  • La organización revisa periódicamente los elementos de la lista pero no aporta ninguna ayuda económica a las fiestas o monumentos

  • La declaración obliga a las autoridades a extremar la protección de las Fallas

¿Qué supone ser Patrimonio de la Humanidad? Es una pregunta de difícil respuesta. La declaración de Patrimonio de la Humanidad, tanto material como inmaterial, supone un importante espaldarazo a los proyectos, manifestaciones culturales, fiestas o monumentos que la reciben. Además, aumenta el interés turístico en todo el mundo. Pero no incluye aportación económica alguna y exige un alto grado de conservación.

Así las cosas, la declaración de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de las Fallas actuará como altavoz de una fiesta que ya era conocida en todo el mundo. Se espera, por tanto, que durante la semana fallera de 2017 la ciudad se llene de turistas tanto nacionales como internacionales, animados por la declaración recibida ayer en Etiopía y, también, porque los días grandes de la fiesta fallera caen en viernes (17), sábado (18) y domingo (19).

La inclusión de las Fallas en la lista de la Unesco, además, obligará a las autoridades valencianas a reducir al mínimo los cambios que se puedan plantear en la fiesta. La C. Valenciana tendrá así más fuerza para defenderse ante la Unión Europea de las restricciones que se quieren plantear en temas pirotécnicos y que hace varios años ya pusieron en peligro las «despertàs» cuando el Ministerio de Industria, a instancias de la UE, obligó a los falleros a sacarse un título de Consumidor Reconocido como Experto (CRE) para poder tirar «tro de bac», el petardo valenciano por excelencia y el más usado en los pasacalles matutinos.

Además, la declaración insta a los gobiernos locales y autonómico a proteger la tradición de las Fallas y a mantener el calendario y los actos que se celebran en la semana fallera. Se podrán hacer cambios siempre y cuando estén consensuados por la fiesta y las autoridades políticas tanto municipales como autonómicas, porque la Unesco abre la mano si los cambios se hacen en consenso. Además, la organización revisa periódicamente todo el patrimonio del mundo y puede amenazar con retirar la declaración si no se conserva la manifestación cultural premiada. Este año, la práctica totalidad del Patrimonio de la Humanidad de Siria ha entrado en la lista de patrimonio en peligro, y en el pasado, se recomendó al Ayuntamiento de Valencia que protegiera el entorno de la Lonja y alejara del edificio el tráfico para que mantuviera la calificación, que insiste en que los edificios declarados patrimonio estén alejados de contaminación y tráfico rodado. Esa fue una de las razones esgrimidas por el Consistorio para emprender la peatonalización blanda de la avenida María Cristina, que se llevó a cabo en febrero de este año.

Control municipal

Y es que Valencia sabe que «ganar el reconocimiento es difícil pero perderlo es muy fácil», como advertía el concejal de Cultura Festiva y presidente de la Junta Central Fallera, Pere Fuset. Ahora empieza el verdadero reto de las Administraciones y la sociedad valenciana para dotar a esta fiesta declarada de Interés Turístico Internacional y a todo lo que la rodea de una protección que la dote de una singularidad y la mayor visibilidad internacional posible, sin perder su sello tradicional.

Valencia lo tiene claro y ya prepara un Plan Estratégico que incluye un estudio de impacto económico, social, turístico y ambiental que permita conocer las entrañas de una fiesta que no es patrimonio exclusivo de los falleros, sino de toda la sociedad valenciana, y ahora de todo el mundo, una fiesta «que gestiona el 10 % y vive el 100 %». Un estudio de 2008 cifró su impacto económico en 800 millones de euros pero, según Fuset, se hizo «con buena voluntad y pocos medios» y ahora quieren «desentrañar» la fiesta para «conocer sus oportunidades» y poder tomar «las decisiones que la puedan optimizar». Una fiesta que reúne durante sus cinco días grandes a un millón de turistas, argumenta Fuset, «no debe ser tratada como un problema sino como una oportunidad, y para eso hay que conocerla muy bien».