Las Provincias

Los manteros se adueñan del centro de Valencia

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Manteros en la avenida de Barón de Cárcer, a la altura de la calle Calabazas, el pasado domingo. :: jesús signes

  • Los agentes evitan requisarles la mercancía, en su mayoría zapatillas de deporte y bolsos falsificados, por lo que apenas los ahuyentan

  • La venta ilegal prolifera en las calles por la escasa presión policial pese a las quejas del comercio

Medio centenar de vendedores ilegales, probablemente más, ofrecían ayer sus productos con total tranquilidad en varias calles del centro histórico de Valencia. Perfumes de dudosa procedencia, zapatillas de deporte, calzoncillos y bolsos falsificados, así como CD's y DVD's pirata eran los artículos más habituales entre los manteros, cuya presencia en la capital viene incrementándose alimentada por una escasa presión policial. Y todo ello, frente a las constantes quejas de los comercios legalmente establecidos, que ven en esta práctica ilícita una competencia desleal y un problema de accesibilidad para sus negocios.

Un buen ejemplo de esta situación se daba en la mañana del pasado domingo en la calle Calabazas, en el tramo comprendido entre la avenida Barón de Cárcer y la calle d'En Gall. Una veintena de vendedores ilegales ocupaban ininterrumpidamente ambas aceras con sus productos, por lo que los viandantes debían circular por la calzada y tenían serias dificultades para acceder al interior de los establecimientos, que únicamente podían disfrutar de un pequeño pasillo para el acceso de sus clientes. Con la calzada llena de peatones, el tráfico rodado también tenía dificultades. Alrededor de las 12.50 horas del domingo, un coche patrulla de la Policía Local hacía acto de presencia. Conforme avanzaba por ese tramo de calle, los vendedores envolvían los productos con la tela que les sirve de mostrador, pero se mantenían en el lugar, reservando el sitio. A quien se rezagaba en recoger, los agentes le llamaban la atención. «A ver si nos portamos bien», le espetaron a uno de ellos que se resistía.

Lo que unos minutos antes era un gigantesco mostrador, ahora se había convertido en dos filas de personas con enormes bultos a cuestas, prácticamente inmóviles. En cuestión de segundos, y cuando la patrulla ya giraba hacia Barón de Cárcer, todo volvía a su estado original. En un momento del recorrido, una mujer, incluso, recriminó a los agentes: «si los asustáis no encuentro zapatillas para mi hijo».

La calle del Trench era el pasado domingo otro de los puntos tomados por los manteros. Zona en la que tienen en pie de guerra a parte de los comerciantes, especialmente a los dedicados al sector del calzado. Por una parte, consideran que supone una competencia desleal las falsificaciones que venden, a un precio muy por debajo del valor del artículo real. «El otro día entró un cliente y me dijo que a estos precios no iba a vender nada, que ahí fuera valían menos de la mitad», recordó, indignado, Manuel, gerente de uno de los comercios afectados. Por otro, llegan a crear auténticos muros que dificultan el tránsito de los viandantes. «El problema es que interrumpen el acceso a las tiendas y tendría que salir y encararme con ellos, aunque eso es labor de la Policía», apuntaba la responsable de otro establecimiento. Ambos prefirieron que no se citara el nombre de sus comercios para evitar posibles represalias.

«Hemos intentado hablar con ellos para que vayan a zonas donde no molesten, pero ni caso. Incluso viandantes se nos han encarado, como si nosotros fuésemos los malos. El Policía de barrio nos ha recomendado que sigamos presentando escritos y quejas al Ayuntamiento, ya que tienen las manos atadas», resumieron los tenderos.

Según apuntan fuentes del sector, el problema radica en que la tibieza con la que la Policía Local actúa frente a los manteros. «Ya ni siquiera les requisan el género, simplemente vienen paseando y, al verles, los manteros recogen y se mueven unos metros. Cuando los agentes se marchan, regresan y vuelven a exponer sus productos».

Los comerciantes recordaron que esta actividad ilegal arrancó por la zona hace unos cuatro o cinco años. «Antes incluso veíamos a la Policía correr detrás de ellos y les quitaban la mercancía. Eran más contundentes, pero ahora ya no», precisaron. Por otra parte, destacan que los negocios legalmente establecidos tienen que hacer frente a alquileres, al pago de impuestos y generan puestos de trabajo, por lo que sufren importantes perjuicios. «Y no sólo nosotros, las marcas que falsificaban también lo sufren», añadieron.

En concreto, los manteros ofrecen en especial falsificaciones de zapatillas que intentan imitan a las firmas Nike y Adidas, especialmente. En los calzoncillos se centran en las marcas Ralph Lauren, Lacoste y Calvin Klein; mientras que el ámbito de los bolsos es más amplio. Louis Vuitton o Bimba y Lola son algunas de las imitaciones más habituales. Las camisetas de equipos de fútbol, las sudaderas y los ya clásicos CD's y DVD's piratas completan la oferta. Los vendedores de estos artículos son en su inmensa mayoría subsaharianos que están perfectamente organizados. «Los chavales de la manta son el último escalón, por encima de ellos hay gente ganando mucho dinero», indicó uno de los comerciantes consultados, en referencia a las mafias que gestionan la venta de estos productos.

Estos manteros cuentan con casi de todo. Vigilantes que les avisan si se aproxima la policía y hasta ayudantes (algunos, en apariencia, toxicómanos) que les guardan los productos en grandes maletas con ruedas. Para los clientes el servicio es completo. Si no encuentran algún modelo, los vendedores ilegales pueden enseñarles fotos en sus teléfonos móviles, convertidos en catálogos digitales. Incluso, si el cliente le proporciona su número, les mandan las fotos a través de WhatsApp de todas las alternativas posibles.

Otro de los productos que también prolifera es el de los perfumes, unos artículos de dudosa procedencia, ya que en muchas ocasiones están a medio camino entre la falsificación y el artículo robado. Aquí las marcas son mucho más variadas, pero el tipo de vendedor es distinto. En su mayor parte son personas de etnia gitana.

Otra característica habitual es que vienen acompañando a los vendedores de los mercados extraordinarios. el pasado domingo por la mañana era el turno del ubicado en los alrededores del Mercado Central, de ahí la proliferación. El sábado, sin embargo, ocupaban cada cruce de calles en las que se ubica el mercadillo de Jesús, en el barrio de Patraix. La confluencia de la calle Jacinto Labaila tanto con Franco Tormo como con Manuel Simó es su lugar habitual de los sábados, aunque también se colocan en los accesos al parque de Beato Nicolás Factor.