Las Provincias

La gran fiesta del Mercado Central

  • El presidente de los vendedores agradece el apoyo de la ciudad y pide al tripartito «más comprensión»

  • Valencia se vuelca con los actos del centenario y llena las calles del centro para disfrutar de una mascletà y paellas

valencia. Valencia respira pólvora. No hay espectáculo pirotécnico que no se convierta en multitudinario y el mejor ejemplo se pudo comprobar ayer: 6 de noviembre y una plaza del Ayuntamiento a rebosar como si fueran Fallas. Hasta el sol y una temperatura casi primaveral colaboraron a que el día evocará a uno de marzo.

Esta vez los protagonistas fueron los vendedores del Mercado Central, que quisieron obsequiar a los valencianos con una mascletà para celebrar el centenario de la colocación de la primera piedra. Cien años «y miles de gracias», como apuntaba el presidente de la asociación de vendedores, Francisco Dasí, feliz tras el disparo de Hermanos Caballer. Poco más de cinco minutos que hicieron temblar la plaza y que pusieron el listón alto para el ruedo de las Fallas de 2017.

El público así lo reconoció con aplausos antes incluso de que acabara el gran terremoto final. Luego llegó la ovación y las fotos de recuerdo en el balcón consistorial; antes hubo otra en la escalera principal. Porque fueron los comerciantes quienes tomaron la primera línea de este espacio y, ante la ausencia de micrófono, corearon el «senyor pirotècnic, pot començar la mascletà». Era su gran día y los concejales así lo entendieron al pasar a segundo plano. Allí se vio, por el tripartito, a Carlos Galiana, Sergi Campillo, Glòria Tello, Giuseppe Grezzi, Pere Fuset, Maite Girau y Anaïs Menguzzato. Ciudadanos estuvo representado por Fernando Giner y Narciso Estellés y del PP estuvieron Eusebio Monzó y María Jesús Puchalt.

A ritmo de charanga -el que marcó la Xaranga FBI de Corbera-, vendedores y acompañantes pusieron rumbo a la plaza del Mercado, donde, a la altura de la calle Taula de Canvis, esperaban dos paellas gigantes, a razón de 1.000 raciones cada una, cocinadas por El Salt de Náquera. A su alrededor, centenares de personas dispuestas a compartir con el Mercado Central mesa y mantel. Porque, como en cualquier fiesta que se precie, varias hileras de mesas esperaban a los comensales.

«Es una jornada magnífica», afirmaba Francisco Dasí. «Estamos emocionados con el cariño de la gente. Esperamos seguir contando con la confianza de los valencianos, que nos eligen para una alimentación saludable y por los productos de calidad. Sólo podemos dar las gracias», comentó, añadiendo también el agradecimiento a la Concejalía de Comercio por el apoyo para los actos.

Bailes y danzas

Las paellas, que atrajeron también a numeroso público con cámara en mano para seguir la descarga y el montaje, fueron el colofón a una jornada intensa que arrancaba a las 10.30 horas con la venta de tickets para la comida (ya había cola) y con la exposición organizada por la falla Plaza del Mercado, con su presidenta, Carmen de Rosa, a la cabeza.

Apenas una hora después era prácticamente imposible moverse de forma ágil por la avenida María Cristina, la propia plaza del Mercado o la de Ciudad de Brujas. Un río de gente que, de nuevo, recordaba la estampa de las Fallas. «Menudo ambientazo al lado de la Lonja. Vente, que aún llegas a la mascletà», decía un vecino de Mislata por teléfono a un amigo. A su alrededor, grupos de turistas asombrados por el bullicio escuchaban las explicaciones que los guías daban sobre la historia del Mercado Central junto a la escalinata. También hubo personas que desconocían qué se celebraba y no dudaron en preguntar a los agentes de la Policía Local que regulaban el tráfico.

El epicentro de las actividades, la Lonja y los Santos Juanes, donde el gentío seguía con atención los pasos y piruetas del Conservatorio Superior de Danza de Valencia y del grupo de bailarines de danza regional de la Federación de Folklore de la Comunitat Valenciana. En este caso, con los sones de la dolçaina y el tabalet; los primeros, con varias músicas, entre ellas, la clásica guitarra española.

Además, se organizaron talleres de juegos, alimentación y manualidades para los más pequeños (hubo mucho público familiar) y se montó un stand con merchandising del Mercado Central, como camisetas (Fernando Giner, por ejemplo, se animó a comprar una) o libretas. No obstante, la maqueta en papel del edificio diseñado por Francesc Guardia y Alexandre Soler fue el artículo más solicitado por quienes lograron acercarse al puesto.

Un ambiente festivo al que se sumó el tradicional mercadillo ambulante de los domingos en el entorno de la plaza del Mercado; el intercambio de cromos en la fachada del Central recayente a Ciudad de Brujas; y el top manta en los pocos huecos vacíos de las aceras de la avenida Barón de Cárcer.

Esta gran fiesta del Mercado Central tiene un punto y seguido, pues el próximo mes se presentará el libro del centenario. Y habrá zarzuela el próximo año.