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Parte del vertedero en el que se ha convertido el antiguo circuito de Fórmula 1 en el Grao. :: damián torres

La basura entierra el sueño de la Fórmula 1

  • El abandonado circuito urbano de Valencia se ha convertido en un enorme vertedero y una zona de botellón

"Te amo Lenny". La leyenda escrita con espray puede leerse en un bloque de hormigón, casi en el epicentro de un recinto que costó 42,9 millones de euros. Mucho dinero para acabar siendo un vertedero ilegal y un lugar de botellón donde la diversión es estampar las botellas de cristal en un asfalto por el que pasaban hasta hace cuatro años coches a más de 300 kilómetros por hora. El circuito de Fórmula 1 de Valencia es, con mucha diferencia, el lugar más degradado de la ciudad y donde un paseo de apenas una hora sirve para resumir el fracaso de los grandes eventos.

En realidad, el circuito costó mucho más, hasta llegar a 98,1 millones de euros contando la parte del trazado por la Marina Real y la rehabilitación de los tinglados 4 y 5 para boxes y balcones para los invitados VIP. Un dinero que no se recuperará hasta que los solares yermos sean el nuevo barrio del Grao, con edificios de hasta 50 plantas. Y entonces serán sólo los 42,9 millones.

Entrar en el circuito es fácil, demasiado. Los vecinos lo utilizan como lugar de paseo para sus mascotas, aunque lo más llamativo es el crecimiento casi exponencial de los montones de escombros. Sacos de plástico repletos de restos de obra, desechos de todo tipo, incluso ramaje de poda se amontonan en un paisaje dominado por las vallas del circuito, fragmentos de las placas de los patrocinadores y una especie de banderolas de madera con el logotipo de Turismo de la Generalitat.

El trazado presentado en julio de 2007 ha terminado siendo el principal vertedero ilegal de la ciudad sólo nueve años después. Entonces se hablaba de que la calzada tenía 14 metros de anchura y que facilitaría los adelantamientos mucho mejor que en Montecarlo. También del valor añadido de la Marina Real y del 'pico de pato', la zona más lenta junto al cementerio del Grao.

Ahora, los residentes sólo pretenden aprovechar las parcelas lo mejor posible hasta que alguien se interese por construir los pisos. Jesús Vicente, presidente de la asociación de vecinos del Grao, sostiene que pueden ser útiles como lugar de paseo, descanso si se ponen un puñado de bancos o de paso hacia el otro lado del viejo cauce, para llegar a las Moreras y Nazaret.

Pero el problema para esto último se encuentra en el mal estado del 'Cuc de llum', una pasarela peatonal que servía para el acceso del público a unas gradas y que ahora está cegada por el riesgo de accidentes. Los laterales construidos con flamantes chapas metálicas están repletos de pintadas, el cableado y la instalación eléctrica hace años que desaparecieron y algunas de las enormes planchas de cristal ahumado están reventadas en el suelo.

Vicente indica que lo mejor sería demoler los restos y construir una nueva, aunque subraya la importancia de contar con un acceso directo que evite dar un rodeo hasta el puente de Astilleros. «Hay servicios que compartimos los vecinos de los tres barrios. Aquí está el centro de especialidades, en la calle Padre Porta, aunque tenemos que ir a Nazaret al centro de atención primaria y también al de Servicios Sociales», dice.

La acumulación de escombros tiene una explicación. La calle Poeta Sanmartín y Aguirre lleva al cementerio municipal, aunque también al antiguo circuito de Fórmula 1. El Ayuntamiento y las empresas propietarias de la parcelas colindantes con unas naves reconvertidas en centro de diseño y de emprendedores sí que actuaron con la retirada de los vertidos y el vallado de toda la zona, donde se incluyeron hasta redes para evitar los nidos de las palomas, aunque no ocurre lo mismo en la parte del trazado de velocidad.

Dicho y hecho, lo más sencillo fue reventar algunos tramos de la valla, suficientes para entrar con furgonetas y dejar toda la carga. Valencia tiene un ecoparque donde sólo es necesario mostrar un recibo del agua para demostrar el pago de la tasa de basura y depositar todo tipo de residuos, aunque tiene un límite de 300 kilos diarios.

La desastrosa situación que padece la zona tiene su explicación por los vaivenes que ha tenido el Ayuntamiento con la manera de resolver la expansión de la ciudad desde la avenida de Francia hasta el mar. Dejando aparte la inexplicable demora del Ministerio de Fomento para prolongar el túnel de Serrería, el anterior gobierno municipal impulso un concurso de ideas para el nuevo Grao, con unas posibilidades de sacar al mercado algo más de 3.000 viviendas, en su mayor parte de renta libre debido a los elevados costes de la urbanización.

La idea era hacer un barrio de referencia, lo mismo que había sido la avenida de Francia una década antes. Para ello, el jurado eligió las propuestas del arquitecto francés Jean Nouvel, quien ya había coqueteado con esa zona gracias al proyecto de Valencia Litoral, y al diseño del despacho alemán GMP. La difícil tarea de fusionar ambas propuestas fue encargada al valenciano José María Tomás, quien llegó a presentar una serie de estudios que sirvieron de base al plan parcial Grao-Cocoteros aprobado años más tarde por el Consistorio.

«Esa propuesta sirve, es válida aunque se hagan algunos cambios», indican desde la concejalía de Desarrollo Urbano, cuyo titular, Vicent Sarrià, ha decidido cambiar por completo la estrategia para sacar adelante el nuevo barrio. El Consistorio había asumido hasta ahora el papel de gestor directo, para lo que buscaba un socio capitalista que adelantara algo más de 30 millones de euros. Este dinero debía servir para las obras de urbanización y completar así el circuito de velocidad, que sobre el papel debe mantenerse como calles y bulevares del Grao.

Visto que aquella fórmula no funcionó tras una oferta fallida al presentarse fuera de plazo, lo que acrecentó la leyenda urbana de que existe un gafe a todo lo que rodea la Fórmula 1 en Valencia, ahora se opta por la gestión indirecta, es decir, que sean empresas privadas las que asuman todo el desarrollo.

Las mismas fuentes apuntan que es imposible desde el Ayuntamiento afrontar una inversión que rondará los cien millones de euros y esperar la devolución del dinero con la venta de los pisos. Por eso se prefiere la citada opción, sobre todo si se trata de propietarios de las parcelas en lugar de un agente externo. Aunque buena parte de los solares están sujetos a un concurso de acreedores al consorcio que hace años compró las instalaciones de CLH, la realidad es que una buena porción está en manos de Adif, la empresa del Ministerio de Fomento del sector ferroviario. Su propiedad se centra en una enorme explanada pegada al Grao donde suele colocarse la feria de atracciones pese a las quejas de los vecinos por las molestias que ocasionan los ruidos y la saturación de plazas de aparcamiento.

Para facilitar la llegada de ofertas (algunas empresas se han presentado ya en los despachos de Tabacalera para mostrar su interés), el Consistorio asumirá el proyecto de urbanización, mientras que dejará el informe económico y la reparcelación a la iniciativa privada.

Con esto se espera adelantar un tiempo precioso, una vez que la ciudad ha recibido ya el circuito de Fórmula 1 de la Generalitat, al igual que la deuda de 42,9 millones de euros que debe afrontar como avalista en caso de que no se haga el barrio.

Huertos urbanos

Pero los vecinos están más que escamados por los retrasos que se acumulan desde prácticamente el derribo de los enormes depósitos de hidrocarburos. Jesús Vicente señala que una de las propuestas a transmitir al Ayuntamiento será la de aprovechar los terrenos disponibles como huertos urbanos, una fórmula por la que el alcalde Joan Ribó se ha mostrado muy favorable en otros ejemplos como el de la ampliación del Jardín Botánico.

«Por lo menos que sirva de provecho para algunos», señala, aunque la prioridad de los vecinos es que se «despeje todo lo antes posible». Existe el riesgo, como ha ocurrido algunas veces los últimos años, de que el asfalto sirva de pista de carreras para conductores que se cuelan por la parte que recae al puente de Astilleros. Aún así, la asociación vecinal defiende que se coloquen «bolardos, bloques de hormigón o lo que se quiera, pero que se pueda entrar andando o en bicicleta».

La recepción del circuito sirvió al Consistorio para hacer la única alteración hasta ahora de lo diseñado por Hermann Tilke. El paso inferior próximo al cementerio municipal fue cubierto con tierra y después asfalto para evitar la habitual plaga de mosquitos los días de más calor.

Por lo demás, los cambios han venido impuestos por el saqueo. Los pianos que delimitaban los laterales de la calzada han desaparecido en algunos tramos al ser metálicos, mientras que ha corrido la misma suerte parte de las vallas.

Vicente recuerda que hace tiempo se llevaron más de 200 unidades de este cerramiento, en camiones, aunque fuentes de la Conselleria de Obras Públicas no aclararon a preguntas de este periódico qué pasará con el resto, es decir, si se pueden vender como chatarra o el material está sujeto al conflicto judicial que envuelve al anterior Consell y la empresa gestora de las carreras, Valmor. La consellera María José Salvador sí presentó en diciembre en el juzgado la relación de inversiones, para mostrar meses después la voluntad de desmantelarlo todo.