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Los accesos a Valencia, pendientes de mejoras pese a subir el tráfico

Los accesos a Valencia, pendientes de mejoras pese a subir el tráfico
  • Las principales vías de entrada a la ciudad soportan casi 660.000 vehículos a diario, un 11% más que hace un año

Martes 18: tromba de agua a primera hora de la mañana sobre la ciudad y su área metropolitana y un accidente en el by-pass. El cóctel perfecto para que se produjera el colapso total en los accesos a Valencia; dicho de otra forma, más de 40 kilómetros de retenciones entre unas carreteras y otras. A saber: CV-30, CV-35, A-3, V-30, V-21 y V-31, a las que se sumaron la A-7 (en el tramo del by-pass que rodea la corona metropolitana) y la N-220, cuya circulación afecta a los puntos de entrada al cap i casal.

A diario son 659.109 vehículos los que acceden a la ciudad, según los últimos datos del Ayuntamiento de Valencia, en concreto las cifras que maneja el servicio de Gestión de Tráfico que depende de la Concejalía de Movilidad. La cifra corresponde con los movimientos registrados el pasado septiembre (los últimos hechos públicos) y representa un 11% más que en 2015, cuando se rozaba una intensidad media diaria cercana a los 592.000 vehículos. Y los números han seguido subiendo, pues en el mes de abril se anotaban cerca de 600.000 movimientos al día.

El caos circulatorio del pasado martes afectó también al interior de la ciudad, donde calles como la avenida del Cid, Tres Cruces, Ausiàs March, Pío Baroja, Manuel de Falla o la avenida de las Cortes Valencianas vieron como el asfalto desaparecía bajo una concentración de coches con conductores armados de una buena dosis de paciencia.

¿Por qué se producen estos problemas de tráfico? Como explicaba recientemente a LAS PROVINCIAS el presidente de la Asociación Europea de Automovilistas (AEA), Mario Arnaldo, existen dos tipos de atascos: los coyunturales, atribuidos a un accidente, y los estructurales, vinculados con los aumentos de vehículos en circulación y, por tanto, con la necesidad de adecuar las infraestructuras viarias o de mejorar los sistemas de transporte público. Un aspecto que tanto el Consistorio como la Conselleria de Obras Públicas intentan impulsar y en el que se circunscribe la creación de la Autoridad Única de Transporte para el área metropolitana.

Mientras se da forma a este último punto, voces como la de la Cámara de Contratistas de la Comunitat Valenciana recuerdan que son varios los proyectos de mejoras en varias carreteras que aguardan un impulso por parte del Ministerio de Fomento, «más allá de un trámite administrativo más en el Boletín Oficial del Estado», apunta su director-gerente, Manuel Miñés.

Entrada conflictiva

Es el caso de la V-21, en concreto, el proyecto de ampliación a un tercer carril entre el barranco de Carraixet (Alboraya) y Valencia, que quedó pendiente tras finalizar las obras entre Puçol y Alboraya en verano de 2014. El último paso conocido de este proyecto, que tiene un coste de unos 20 millones, se sitúa en abril de este año, cuando Fomento aprobó el expediente de información pública y el proyecto de trazado para una de las entradas más conflictivas a Valencia, especialmente los fines de semana.

En este punto por el que circulan a diario cerca de 85.000 vehículos ha quedado también aparcado -o esa es la previsión que maneja el Consistorio- el proyecto de acceso norte al Puerto de Valencia, que consiste en la proyección de un túnel desde las inmediaciones del bulevar de Serrería hasta los muelles de la instalación portuaria para desviar el tráfico de camiones.

Acabar con uno de los puntos de mayor congestión de tráfico es también de las obras que se ejecutan (a ralentí) en el falso paso que conectará la V-30 con la A-3, que arrancó en marzo y debe prolongarse durante un año. La aparición de la topera y unos 40 metros de la antigua vía del ferrocarril de Llíria, que no fueron desmanteladas en su día, interfieren en la excavación y tablestacado necesarios para desviar y entubar las acequias del Oro y de Favara. La adjudicataria ha presentado un modificado con un coste de unos 50.000 euros para su retirada y está pendiente del visto bueno.

Precisamente la remodelación de la V-30 es el último proyecto viario que ha saltado a los papeles del BOE hace ahora un mes tras numerosas reivindicaciones debido a las retenciones y los accidentes. Prevista para 2011, ya en 2007 la Dirección General de Carreteras admitía «problemas de capacidad en esta carretera», sobre todo en el tramo comprendido entre la A-7 y el puerto pues algunos puntos soportan 100.000 vehículos diarios. Esos 17 kilómetros son ahora objeto de información pública en una reforma con un coste de 145 millones que añadirá cuatro carriles y cambiará todos los accesos a Valencia.

Así, por ejemplo, en la avenida del Cid y su incorporación al puente de Xirivella está prevista la construcción de una gran rotonda con seis carriles y dos pasos subterráneos. En este caso, la propuesta planteada por Fomento tiene que recibir las alegaciones de las entidades afectadas, como la Generalitat o el Ayuntamiento de Valencia, que plantea dedicar un carril de la avenida del Cid a la circulación de bicicletas.

Cuatro carriles en la V-31

Otra de las entradas problemáticas es la V-31, especialmente la rotonda de los Anzuelos, donde las retenciones son constantes. El proyecto de trazado y construcción de mejoras de seguridad vial y capacidad a lo largo de diez kilómetros está redactado. Contemplaba una ampliación de tres a cuatro carriles en ambos sentidos o la construcción de un nuevo viaducto sobre el cauce del Turia, que iría en paralelo al actual. No ha habido avances desde 2012.

Hay otras dos obras con repercusión en las entradas a Valencia. Por un lado, el acceso norte al aeropuerto de Valencia por la N-220, cuyas obras están listas para ser licitadas desde que en marzo del año pasado se diera luz verde a la declaración ambiental. Con un presupuesto de 70,68 millones, la anualidad prevista para este año (2,36 millones) tendrá que trasladarse al próximo.

Por otro, el proyecto de ampliación del by-pass entre la A-3 y la CV-32 que se retomó en marzo de 2014 (aunque se anunció en 2002) y que ya tiene la declaración de impacto ambiental aunque está pendiente un informe del Ministerio de Medio Ambiente. El proyecto constructivo está redactado, según indicaron fuentes de la Delegación del Gobierno. Esta obra también permitiría mejorar la conexión de la V-30 en dirección al puerto.

Aunque la duplicación del by-pass a lo largo de 22,5 kilómetros tiene un coste elevado (288 millones), el ministerio presentó una ejecución por fases para facilitar su construcción, prevista en su día para que arrancara en 2015 y se prolongará por un periodo de dos o tres años. Esta carretera soporta una circulación media diaria de entre 80.000 y 100.000 vehículos, de los que el 25% son transportistas.