Las Provincias

Puig apela al orgullo y patriotismo de los valencianos para reclamar financiación

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El presidente de la Generalitat, en la foto de familia con todos los galardonados tras concluir el acto.:: manuel molines

  • El presidente augura dificultades para superar la invisibilidad y quiere que el problema valenciano sea la solución a España

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, afrontó ayer su segundo 9 d'Octubre desde que llegó al Palau. Su primer discurso se produjo ante la incertidumbre de quién gobernaría en España tras las entonces inminentes elecciones de diciembre y el de ayer se celebró después de dos comicios y con la misma indefinición sobre el futuro de España. El tiempo apenas ha variado el discurso del jefe del Consell. La principal reivindicación sigue intacta: la Comunitat está infrafinanciada. La festividad de 2015 estuvo presidida por un acto solemne en el que la sociedad reclamó más fondos al Gobierno. Poco beneficio se obtuvo de aquello. Idéntico resultado al de esta misma semana al comprobar la pobre repercusión del acto reivindicativo del Consell en Madrid.

En este escenario y con las anteriores premisas, Puig elaboró un parlamento -se expresó únicamente en valenciano- en el que concentró todos sus esfuerzos en transmitir la urgente necesidad de solucionar la injusticia de la financiación. Apeló a la unidad de los valencianos, al «auténtico patriotismo» que conduce a la «responsabilidad» y a que la festividad sea un aliciente para «exigirnos» la transformación de la sociedad. Cree Puig que la imagen de la sociedad valenciana parece haberse modificado. «Antes se utilizaba el término valencianizar cuando un problema no se entendía». Ahora el concepto ha mutado -no precisó desde cuándo- y significa «capacidad de entendimiento, reparación de derechos y fuerza y unidad para defender la causa de la financiación».

Llamó el jefe del Consell a no consolarse en la desgracia, en la injusticia impuesta, sino que esta sea el motor que genere «argumentos» para hacer viable el «autogobierno» base de la convivencia de un proyecto «común y plural».

«El problema valenciano existe», proclamó el responsable del Consell al respecto de la precariedad de los balances de cuentas valencianos. Auguró un «combate difícil» para lograr hacer visible esta anomalía al Gobierno central. «Somos gente de paz, de diálogo, gente de afectos, pero nunca bajaremos los brazos», avisó. En este sentido, cerró su discurso recordando al poeta Vicent Andrés Estellés: «Habrá un día que no podremos más y entonces lo podremos todo». Para el presidente ese día ha llegado. No quiere la máxima autoridad en el Palau añadir más dificultades sino que el problema valenciano se constituya «en parte de la solución de España».

El responsable gubernamental trató de hilar algunos de los valores de los premiados con los principios que rigen el nuevo Gobierno, la unión del PSPV y Compromís con el apoyo desde la barrera de Podemos. «Una política más razonable, realista y humana». La «vía valenciana» de un proyecto de prosperidad.

No recurrió Puig al argumento de la herencia recibida. La única referencia a esta cuestión, habitual en debates parlamentarios, fue que hace un año el Consell inició un tiempo de «reparación, reconstrucción y renacimiento» y que todavía hoy siguen algunas dificultades. Resulta complicado hacer frente «al paro y a la exclusión social» y a la necesidad de cambiar el modelo productivo cuando no se invierte lo que corresponde en la Comunitat.

El presidente recordó que pese a las dificultades en materia de inversiones y financiación, los rasgos que caracterizan al pueblo valenciano, como el esfuerzo, la honradez y la generosidad, se han consolidado. Esos pilares se reafirman cada 9 d'Octubre «y plantamos cara a las contrariedades, ofrecemos respuesta a las incertidumbres e inyectamos coraje a la inercia».

Pese al carácter y los momentos reivindicativos del discurso, el parlamento de Puig se concentró fundamentalmente en reconocer la labor de los premiados y su papel en la sociedad civil.

Tras el acto, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, admitió el problema y afirmó que él ha estado «siempre» en esa reivindicación y en el cambio de un modelo que perjudica a la región. Con su presencia quiso demostrar que el Gobierno de la nación «está con los valencianos en el día a día».

PP y Ciudadanos no dudaron en criticar las propuestas de Puig. Isabel Bonig dijo sentirse «decepcionada» por la intervención. «Después de 15 meses, está agotado. No hay ilusión, confianza, esperanza, no hay proyecto y no hay futuro», diagnosticó la líder popular. Sólo coincidió en la necesidad de estar unidos: «No es momento de divisiones». Comparte la responsable la urgencia de revisar el sistema de financiación, pero discrepa sobre cómo exhibir la necesidad acuciante de ese cambio. «La reivindicación está muy bien, pero tiene que ir de la mano de acciones, de hechos y trabajo. El problema no se va a resolver con grandes discursos ni con saraos y actos en Madrid». Se refería al de esta última semana en el círculo de Bellas Artes de Madrid, que se produjo precisamente el mismo día que ella se reunía con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Ciudadanos, a través de su portavoz Alexis Marí, calificó de «más que aburrido» el discurso. «Si uno lo oye el primer día de investidura y hoy, oye lo mismo», añadió. La cara más visible de la formación naranja indicó que «sabemos que sigue hablando del lamento de la financiación». «Hoy es un día festivo pero no nos podemos conformar, porque en este año y tres meses no hemos tenido absolutamente nada de gestión».

En cambio, tanto el PSPV, como Compromís acogieron con satisfacción las propuestas del jefe de la Generalitat. Podemos se movió en un plano intermedio. Sin una crítica feroz, apuntó que aparte de levantar la voz «hay que trabajar mucho».