Las Provincias

Al amparo del símbolo que más une

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Decenas de visitantes contemplan la Real Senyera, ayer por la mañana en el Salón del Cristal. :: j. monzó

  • Sorpresa y admiración entre los vecinos que acuden a contemplar una enseña que despierta devoción

  • Cinco mil valencianos y turistas visitan la Real Senyera en el Salón de Cristal

Valencia. «Todos, todos los años. Siempre. Bueno... o casi siempre». Se llama Vicenta, pero podía llamarse Amparo, María, Concha o cualquier otro nombre; y es de Cullera, pero podía ser de Torrent, Orihuela o Morella. Vicenta siempre ha visitado la Real Senyera cuando el Ayuntamiento de Valencia la ha puesto a disposición de todos los valencianos. «Todos, todos los años», como repite incesantemente. O casi todos. Porque el año pasado, Vicenta perdió a su marido. El maldito cáncer. «Estaba muy malito el día 8 y no pude venir», dice. Este año no ha querido perdérselo, como miles de valencianos y turistas que ayer visitaron el Salón de Cristal para ver en primera persona la Senyera que hoy recorrerá las calles de la ciudad en la procesión cívica.

Vicenta, de Cullera, podía ser cualquier otra persona. Porque la Senyera consigue algo que pocos símbolos valencianos logran con tanta facilidad: unanimidad. De derechas, de izquierdas, de Valencia, de un pueblo de la Ribera, de uno dels Ports o de uno de la Vega Baja... el espectro en el que se movieron ayer los visitantes al Ayuntamiento es amplio y transversal. Uno de los primeros grupos en fotografiarse con la Senyera estaba compuesto de turistas italianos, con chanclas y todo, que no sabían muy bien en qué consistía la Senyera pero que, igualmente y con la compulsión fotográfica que caracteriza a aquellos que salen de su país, no paraban de tomar instantáneas.

Sin embargo, el respeto casi reverencial con el que los valencianos tratan la enseña cuando la tienen a apenas unos metros les hace fáciles de identificar. Vicenta, de Cullera, ni siquiera la fotografía. «¿Para qué?», pregunta: «Ya la fotografié el primer año». Sus amigas, con las que había salido de esta localidad de la Ribera Baixa ayer muy temprano, sí querían un recuerdo del momento. Casi todo el mundo quiere una fotografía. Pronto, el Salón de Cristal, donde instantes antes únicamente los concejales y sus familias (en un privilegio que agradecen y al que, de momento, no han renunciado) se habían inmortalizado junto a la Senyera, se llena de decenas de visitantes al minuto, cientos cada hora, más de 5.100 hasta las 21 horas, cuando los miembros de la corporación volvieron para guardar la Senyera de nuevo en el Museo Histórico Municipal. Hay de todo: niños a quienes sus padres les enseñan la historia de la Senyera, turistas que preguntan en qué consiste, gente que se sorprende («de veritat és la Senyera? La de demà?», pregunta incrédula una señora), otros que aprovechan para perderse en las alturas abigarradas del Salón de Cristal y otros que lamentan que el cordón rojo les aleje de la Senyera. «Me encantaría poder besarla», dice otra visitante.

Vicenta de Cullera continúa el recorrido al museo. Lo hacen la práctica totalidad de los visitantes que, además, aprovechan para acudir al engalanado balcón. Vicenta pospone esa visita porque nunca ha entrado al Museo Histórico y quiere verlo tranquilamente. Se trata de uno de los tesoros mejor guardados del viejo Ayuntamiento. En él se guardan algunos de los símbolos que, por trascendentes, más miradas de admiración despiertan. Ahí descansa el Pendón de la Conquista, aquel que los musulmanes que gobernaban la ciudad izaron sobre la torre del Temple para rendir Valencia a Jaume I. Es una pieza de tela de dos metros de largo y casi ocho siglos de historia que provoca no pocas bocas abiertas. También en el Museo Histórico Municipal se guarda la espada de Jaume I o las llaves de la ciudad, símbolos todos ellos que se contemplan por los visitantes con reverencia. Por todos, incluso por esa pareja de turistas americanos que se susurra al entrar en el museo: «¡Guau! Es casi como hacer un viaje en el tiempo a la Edad Media». Aquí Vicenta de Cullera se para bajo el busto de Jaume I, casi como quien se santigua ante la imagen de la Mare de Déu en la Basílica, y observa el pendón. «A mi marido le habría encantado, le gustaba mucho la historia», comenta.

La historia de Vicenta, de Cullera, no es la única que se desarrolla ante la Senyera. Hay tantas como visitantes. Está la de la familia Marcos Sansegundo, que ha venido desde Patraix adrede para ver la Senyera porque es importante «enseñar a los hijos la historia de la tierra de cada uno». También está la de Mario y Lucía, una pareja joven que ronda la treintena y que ha subido al Ayuntamiento al ver que había cola y se han encontrado con la bandera. «Nunca le había dado importancia a estas cosas, pero la verdad es que aquí, desde tan cerca, impresiona bastante», asegura Marcos mientras fotografía a su novia.

Un reguero constante

Las visitas no se detienen en prácticamente todo el día. El reguero es constante hasta cerca de las 21 horas, cuando los concejales vuelven a guardar de nuevo la Senyera hasta esta mañana, cuando el portavoz municipal de Ciudadanos, Fernando Giner, será el encargado de portarla por las calles de la ciudad. «Es un día de mucha responsabilidad pero también es muy importante hacer una llamada a la unidad de todo los valencianos en un día como este», explicó el edil ayer por la mañana. Además, Giner, que llegó al Consistorio en transporte público como hizo ver en una conocida red social, desveló que el alcalde de Valencia, Joan Ribó, le ha dado consejos sobre cómo llevar la Senyera, que pesa 18 kilogramos. «Me ha dicho que me ponga una faja, pero ya hemos hecho ensayos y ya sé cómo mantenerla en equilibrio», comentó Giner entre risas.

Los concejales volvieron, a las 21 horas, al mismo escenario donde apenas 11 horas antes habían demostrado que la relación entre distintos grupos municipales es, cuanto menos, cordial. Se pudo ver a concejalas como Sandra Gómez (PSPV), Glòria Tello o Pilar Soriano (Compromís), entre otras, haciendo carantoñas al retoño de Félix Crespo (PP) y su esposa, la que fuera fallera mayor de Valencia Vanessa Lerma, así como al primer edil departir con los concejales del grupo muncipal de Ciudadanos.

Terminaba, al filo de las nueve de la noche, una jornada maratoniana que continuará hoy y que ayer incluyó la inauguración de un mercadillo medieval en los alrededores de las torres de Serranos. Por la tarde, la música fue la protagonista. La plaza del Ayuntamiento acogió, a las 19 horas, la Muestra de Bailes, Música y Canciones Valencianas, seguida de un baile popular con la colaboración de la Federación de Folclore de la Comunidad Valenciana. A las 19.30 horas se celebró en el Palau de la Música el concierto conmemorativo de la Orquesta de Valencia y de la Banda Municipal de la ciudad. Se llenó la sala y el Consistorio puso a disposición de los interesados una pantalla grande en el Jardín del Turia para seguir el concierto con normalidad pese a que no hubiera espacio dentro del Palau. A medianoche, con Vicenta de Cullera ya en casa, estaba programado el disparo de un festival pirotécnico organizado por la Diputación de Valencia con la colaboración de la corporación municipal.