Las Provincias

«Nos podíamos haber matado»

Exhibición de fuerzas policiales durante los actos del Ángel Custodio en Valencia, ayer en el edificio Veles e Vents. :: juanjo monzó

Exhibición de fuerzas policiales durante los actos del Ángel Custodio en Valencia, ayer en el edificio Veles e Vents. :: juanjo monzó

  • El cuerpo premia la labor de dos ciudadanos que se enfrentaron con delincuentes en Valencia y propiciaron su arresto

  • La Policía Nacional reconoce a los agentes heridos en una intervención antidroga

Unos 6.000 hombres y mujeres trabajan a diario al servicio de la Policía Nacional en la Comunitat. José Antonio, Paco, Miguel, Marta, Jéssica... Algunos ya soñaban con su profesión desde que eran niños. Otros acabaron con la placa, la pistola o el microscopio por los giros de la vida. Pero todos ellos tienen algo en común más allá del uniforme azul: una inquebrantable vocación de servicio que, cuando el peligro aprieta, colocan por encima de sus propias vidas.

Su labor fue reconocida ayer en el Día de la Policía, la festividad de su patrón, el Ángel Custodio, celebrada en el edificio Veles e Vents de Valencia. En el acto se entregaron 166 condecoraciones, entre ellas las de Jéssica y Pedro, con distintivo rojo. Los dos agentes de Xirivella resultaron heridos y siguen de baja al desplomarse un montacargas de una nave industrial en la que se ocultaba uno de los mayores alijos de marihuana descubiertos en tierras valencianas: 4.800 plantas.

Esa sacrificada intervención se produjo hace casi un año, el 20 de octubre de 2015. Ambos agentes subieron a la inestable plataforma porque era el único modo de acceder a uno de los escondites de la droga. «Y se desplomó a unos seis metros de altura. Nos podíamos haber matado», recuerda la policía nacional de 33 años. Sus tobillos quedaron desencajados. «Duele. Duele mucho. En aquel momento pensé en mi familia. Pero cuando eres policía no te arrepientes. Haces lo que toca. El consuelo es que sirvió para acabar con traficantes». Hoy la joven policía, con seis años de servicio a sus espaldas, todavía lleva prótesis de titanio en sus pies. «Lo que más deseo es volver a trabajar, pero creo que la calle se me ha acabado», lamenta.

Otro de los reconocimientos de la jornada fue para la brillante trayectoria del inspector jefe José Francisco Planells, cabeza visible del equipo de 80 personas que conforma la Policía Científica. Él no es de los que piensa que la ciencia atrapa siempre al delincuente, si bien admite que es «clave en infinidad de casos».

Con 56 años y la mitad de su vida entre sangre, huellas y ADN, ha vivido y trabajado algunos de los casos más duros de la historia reciente de la Jefatura de Valencia: el doble homicidio de los hermanos de la calle Císcar, el rompecabezas de un asesino en serie o la terrible muerte del pequeño Johan David, el niño al que sus cuidadoras arrojaron a la basura. «Fue un gran empeño para nosotros y un trabajo muy duro recuperar el cuerpo de Johan en la planta de basuras de Dos Aguas», recuerda Planells.

También hubo medalla al mérito policial con distintivo rojo para el inspector jefe Juan Antonio Rubio, al mando de los Técnicos en Desactivación de Artefactos Explosivos (TEDAX). Policías ante las bombas.

Protección en Bagdad

El trabajo policial sobrepasa fronteras. José Antonio Lozano, otro de los agentes condecorados, estuvo destinado cinco meses en Bagdad como escolta del embajador español. Y lo hizo en tiempos muy complicados. «Al aterrizar ya me encontré desde el cielo con una ciudad destrozada. Allí me acostaba y me levantaba con el sonido de disparos o explosiones. La guerra estaba en la calle». Tuvo que proteger la seguridad de las autoridades españolas en plena oleada de atentados.

La Policía Nacional también fue agradecida en su festividad con los valientes sin placa, dos civiles cuyas acciones llevaron a maleantes a los calabozos. Eran las 5.30 horas de la madrugada cuando el ghanés J. T. salía de su casa para ir a trabajar. En el camino se topó con el delito. Vio cómo un ladrón escapaba con el cajón de la caja registradora de una farmacia. El maleante estaba a punto de huir, pero el africano no se quedó quieto. Se interpuso en su camino y acabó con un corte de destornillador en la mejilla. Pese a estar herido, retuvo al delincuente hasta la llegada de policías.

El otro acto heroico fue el del español D. M. D. Se enfrentó a un individuo que le intentó atracar y redujo al delincuente hasta que los agentes se hicieron cargo.