Las Provincias

Blacky, una perra negra de seis años acogida en la protectora Aupa. :: lp
Blacky, una perra negra de seis años acogida en la protectora Aupa. :: lp

Una familia para la perra Blacky

  • El animal fue la mascota de un indigente en Puçol, que falleció recientemente enfermo de cáncer

Hace algo más de una semana que Blacky, una «educada y cariñosa» perra negra de seis años y tamaño más bien grande, necesita con urgencia una familia que la acoja; justo el mismo tiempo que vive en Aupa, la perrera de la Mancomunitat de L'Horta Nord. Allí permanece después de que falleciera el que ha sido, más que su dueño, su compañero de vida, «el señor Erich», un «apreciado» indigente alemán que vivía en las calles de Puçol, según cuentan desde la protectora.

Durante sus seis años de vida al lado de este vecino alemán, ni el frío de la calle ni tampoco la muerte de un segundo compañero canino que vivía con ellos, Ringo, fueron motivo para arrebatarle a Blacky esa felicidad que se le presume a un perro que come o juega con normalidad; un sentimiento que se truncó cuando recientemente el cáncer acabó con la vida de Erich. «Está muy deprimida, come muy poco, llora mucho e intenta acercarse a la puerta esperando que regrese su añorado compañero», aseguran en la protectora.

Por eso, desde Aupa trabajan intensamente para encontrar con especial brevedad una familia que pueda cuidar de esta perra, que ya ha recibido un mordisco de sus compañeros caninos para recordarle la jerarquía en la que ahora vive. «Quizás una persona mayor que quiera compañía y cuidar de un animal sería el mejor perfil para que acogiera a Blacky», dicen en Aupa. Los que estén interesados pueden contactar con la protectora enviando preferentemente un WhatsApp al número 638376586 o llamando para poder iniciar los trámites de adopción y devolverle a Blacky el afecto de un compañero humano.

El que hasta hace unos días fue la única familia de Blacky, Erich, aterrizó en Sagunto sin rumbo después de que en su país natal, donde trabajaba como ingeniero electricista, viviera la tragedia de perder a toda su familia en un accidente de coche. Se trasladó a Puçol -donde era muy apreciado «tal y como lo demuestra el hecho de que el lugar donde pedía amaneció lleno de flores tras su fallecimiento», según revela Aupa- cuando «unos indeseables individuos le pegaron una paliza para quitarle los cachorros», algo que Erich impidió poniendo en juego su propia vida.