Las Provincias

104 personas empadronadas en cuatro viviendas en el Cabanyal

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El 'edificio patera' de dos plantas donde residen un centenar de personas. :: damián torres

  • Los vecinos sufren agresiones por recriminar a los inquilinos su falta de civismo cuando se pelean en la calle o tiran basura por las ventanas

Un 'edificio patera' en la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez en Valencia, con un centenar de personas empadronadas en solo cuatro viviendas, se ha convertido en la peor pesadilla de los vecinos que residen en la finca de enfrente. Niños que defecan en la calle, basura arrojada por las ventanas, música alta a cualquier hora del día y de la noche, gritos, discusiones, peleas, amenazas, enganches ilegales de luz, amontonamiento de chatarra y agresiones a las personas que les recriminan su falta de civismo son algunas de las acciones violentas y grotescas que denuncian los afectados.

Desde hace cuatro años, los vecinos de los números 203 y 201 de la avenida de Blasco Ibáñez sufren molestias y situaciones comprometidas casi a diario. El foco del conflicto se encuentra en el número 2 de la calle Sánchez Coello, en pleno barrio del Cabanyal, donde residen varias familias rumanas que recogen y venden chatarra para subsistir. Pero mientras los padres buscan objetos metálicos y trastos viejos en los contenedores de basura, los niños andan semidesnudos por la calle, con el riesgo de atropello que esto conlleva, o cometen alguna fechoría que exaspera a los vecinos.

«Ya ha habido un par de atropellos y uno de ellos casi acaba muy mal. Salieron unas cincuenta personas y rodearon al conductor», explica María G. «La niña cruzó corriendo y sin mirar, pero le echaron la culpa al conductor y empezaron al golpear su coche», añade la mujer. La rápida intervención de varias patrullas de la Policía Nacional y de la Policía Local evitó que la multitud agrediera al autor del atropello. Los violentos hechos ocurrieron el 26 de abril de este año en la calle Francisco Eiximenis.

Casi todos los días, la policía recibe llamadas de ciudadanos que se quejan del ruido o los incidentes que causan los inquilinos del 'edificio patera'. «Si les llamas la atención por cualquier comportamiento te insultan o te agreden», asegura Vicente R., otro de los afectados.

La primera reclamación vecinal se presentó en el Ayuntamiento de Valencia en 2012, aunque entonces la situación no era tan alarmante. «Pasó el tiempo y el problema fue a más. Llamamos a Servicios Sociales porque hay varios niños que no están escolarizados», señala Vicente.

En octubre de 2015, uno de los vecinos denunció un intento de atropello, amenazas de muerte y lanzamiento de piedras y huevos -por individuos que viven en el número 2 de la calle Sánchez Coello-, pero poco antes del juicio retiró la denuncia por miedo a represalias. Un mes después, los vecinos del número 203 de Blasco Ibáñez recogieron firmas para respaldar una nueva queja presentada en el ayuntamiento, ya que la situación era ya insostenible.

El día de Año Nuevo de 2016, tres patrullas policiales tuvieron que intervenir porque varios inquilinos del 'edificio patera' insultaron y amenazaron a una pareja. El pasado mes de agosto, otro vecino fue golpeado con un palo, insultado y amenazado de muerte por uno de los alborotadores. La víctima tampoco presentó denuncia. Pocos días después, una pelea entre varios miembros de los clanes rumanos, que esgrimieron cuchillos y palos, obligó a intervenir otra vez a la policía. La calle Sánchez Coello se llenó de coches patrullas en pocos minutos. El fuerte dispositivo policial causó un gran revuelo en el Cabanyal.

«Durante los últimos cuatro años hemos llamado un centenar de veces, sin exagerar, a la Policía Local y la Policía Nacional», asevera Vicente con el ceño fruncido. «Esto es una pesadilla. Aquí no hay quien viva. Y no estoy haciendo un chiste. Esto es un caso real con ruidos, suciedad y peleas casi todos los días», añade el vecino. Además, el 'edificio patera' ha sufrido un gran deterioro en los últimos años. La instalación de gas ciudad y el tendido eléctrico «no reúnen las mínimas condiciones de seguridad», según un informe municipal.