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El caos se impone en el Día sin Coche

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Decenas de conductores circulan por la calle San Vicente, con solo un carril en dirección a la plaza de San Agustín. :: damián torres

  • La reducción de carriles en la calle San Vicente provoca importantes atascos y la EMT sufre retrasos durante todo el día

  • El cierre de la plaza del Ayuntamiento y calles aledañas en jornada laborable colapsa el centro de Valencia

Nunca un Día Europeo sin Coche había provocado tantos problemas con los coches. O sí, porque la situación que ayer, durante todo el día, se vivió en el cortado centro de la ciudad para celebrar la efeméride, con atascos en calles como San Vicente o General Palanca y en plazas como San Agustín o Tetuán, no es nueva: ya el año pasado hubo quejas de conductores, vecinos y comerciantes, que se repitieron ayer por toda Ciutat Vella. Tanto la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico como los vendedores del Mercado Central criticaron la medida de cerrar al tráfico la plaza del Ayuntamiento. Es algo que se hace el último domingo de cada mes, pero en un día laborable, la situación se desbordó. Incluso la Policía Local reconocía ayer que la «imagen» que se había dado era de más descontrol.

Ni siquiera el transporte público gratuito durante todo el día permitió mejorar la situación. Iban Alcalá, presidente del comité de empresa de la EMT, aseguró que a primera hora de la mañana hubo problemas de circulación, incluso retraso en varias líneas. La situación mejoró cuando la Policía Local se apostó en determinadas esquinas de la ciudad para dirigir el tráfico. Así, mientras en la plaza del Ayuntamiento se celebraban toda suerte de actividades relacionadas con la Semana de la Movilidad y mientras el alcalde de Valencia, Joan Ribó, contemplaba cómo unas grafiteras decoraban varios autobuses de la EMT, apenas a 100 metros, en la calle San Vicente Mártir, se vivían atascos y momentos de tensión cuando los agentes desviaban a los conductores.

Hubo cortes en la misma plaza del Ayuntamiento pero también en calles como Correos o Barcelonina. Los previstos. Sin embargo, también se cortó al tráfico, por momentos, la plaza Porta de la Mar en la esquina con General Palanca, en la calle de la Paz a la altura de Poeta Querol o en la calle Colón en la esquina con la Glorieta. Además, se redujeron carriles en la calle San Vicente Mártir entre la plaza de España y San Agustín precisamente para encauzar en un solo carril los vehículos que continuaban por San Vicente en dirección al Mercado Central. Pero se formó un cuello de botella provocado, además, por los autobuses que llegaban desde la calle Xàtiva, donde también se había delimitado el carril bus para facilitar el acceso de los vehículos de la EMT por San Vicente y Periodista Azzati a la plaza. También hubo tráfico denso en la margen derecha del río, sobre todo en las inmediaciones de acceso al centro como la misma plaza de Tetuán, y en las grandes vías, en concreto en la entrada a calles como Pizarro o Isabel la Católica, que unen Colón con Marqués del Turia y que muchos conductores intentaron enfilar en los momentos en que la Porta de la Mar estuvo cortada al tráfico para gestionar la situación en la céntrica vía.

«No entiendo nada, ¿pero por qué cortan aquí?», preguntaba un conductor en General Palanca. «Está peor que en Fallas», comentó Eduardo, un taxista apostado en la parada de Colón. «El autobús no está mucho mejor», explicó María Gómez, de Patraix, que llegó al centro mediante la EMT. «El camino es media hora y ha sido eterno», aseguraba. En Barón de Cárcer también hubo problemas, sobre todo en la esquina con Garrigues, de donde salían muchos vehículos que pretendían acceder por Periodista Azzati, cerrada al tráfico.

Y es que la Policía Local reconocía cierta «imagen de descontrol» debido a que la afluencia de vehículos al centro de la ciudad en un día laborable es muy superior a la que se da un domingo. Ya pasó en 2015, cuando además se cortó San Vicente desde San Agustín y la plaza de la Reina. Hubo quejas. Hubo protestas. Y la situación se repitió. El resultado: una imagen casi idílica de la plaza del Ayuntamiento, sí, pero caos y descontrol en las calles aledañas. Mientras que el tráfico en los accesos de la ciudad en la V-21, Cortes Valencianas y Avenida del Cid se reducía entre un 1 y un 2% por la mañana, en otras entradas como Ausiàs March y la autopista del Saler aumentaba entre un 0,4 y un 1,4%, datos siempre con respecto al pasado miércoles.

Fue una mala jornada para los asociados de Julia Martínez, gerente de la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico, que calificó la medida como «un desastre absoluto y un caos de tráfico». «El efecto es el contrario del que se pretende, no es una medida que ayude a concienciar a la población», lamentó Martínez, que indicó que por mucho que comuniquen y avisen con antelación de que el servicio público sería gratuito y en él se podría acceder sin problemas al centro, «es dificilísimo que los clientes lo entiendan».

Enfado de la oposición

También cargó contra la desorganización que se vivió en el centro de la ciudad el grupo municipal popular. El concejal Alberto Mendoza calificó la ciudad como «un caos circulatorio por la cantidad de calles cortadas y por la falta de información que han tenido conductores, ciclistas y peatones». «El colapso vivido es debido también al capricho del alcalde Joan Ribó y de su concejal Giuseppe Grezzi por cortar calles del centro financiero de la ciudad para que cuatro grafiteros pinten autobuses de la EMT», criticó Mendoza. «Esperamos que el señor Grezzi no haya sacado de las líneas comerciales de la EMT los autobuses que están pintando con grafiis, como el otro día hicieron los miembros del tripartito para irse a comer a El Saler, causando retrasos», indicó.