Las Provincias

La hostelería toma el centro

  • El cierre de tiendas antiguas, que en Valencia no cuentan con protección, da paso a proyectos de restauración de todo tipo

  • La proliferación de restaurantes desbanca al comercio tradicional

valencia. «Tienda que cierra, bar que abre». La frase, pronunciada de manera informal por una organización de la ciudad, refleja muy bien la situación que vive el cap i casal, especialmente en la zona del centro histórico, aunque también en el Ensanche, donde los establecimientos de hostelería han ido copando los locales que dejaban huérfanos los comercios tradicionales, incluidos los (casi) centenarios.

Entre los primeros figuran tiendas como Papelería Subi (a la espera de nuevo inquilino) o la Casa de los Dulces (donde Les Corts optó por rescindir el contrato de alquiler), que cerraron hace unos meses. Entre los segundos, la histórica tienda de lanas ubicada en la avenida María Cristina dijo adiós a sus más de 80 años de trayectoria para dar paso a la multinacional Danone y una de las últimas modas en gastronomía: las yogurterías. Precisamente los locales especializados en un único producto han empezado a proliferar y ya se ven tiendas únicamente de tacos mexicanos, churros, croquetas o paella.

Según datos facilitados por la agencia inmobiliaria Grupo Alain, el 50% de la demanda de apertura de nuevos locales proviene del sector hostelería y, después, moda multimarca y complementos. Su presidente, Alain Tabernero, explica que en el caso de la restauración «se imponen proyectos de grupos ya consolidados dentro del sector, como el caso de Grupo La Cartuja que abrirá nuevo restaurante en un local que da a las calles peatonales de paseo de Ruzafa y Ribera, o de franquicias de marcas de hostelería ya consolidadas, así como nuevos conceptos». Danone y Churro Planet serían los ejemplos de los dos últimos casos.

«La hostelería, que se ha mantenido fuerte pese a los años de crisis vividos, está cogiendo carrerilla en estos momentos, siendo plaza de la Reina-Santa Catalina la zona más demandada con diferencia», añade Tabernero. De hecho, el eje de la Reina-Santa Catalina-San Vicente hasta la plaza del Ayuntamiento es donde el sector «predominante» es el de la hostelería. «Esta zona ha aguantado mejor la crisis por el efecto del turismo en nuestra ciudad», detalla Tabernero. Precisamente en el bullicioso punto de Santa Catalina estaban Horchatería El Siglo y Chocolates Sanz, desaparecidas en menos de un año.

Respetar el interior

El primer local, que figuraba en la guía de comercios centenarios que editó el Ayuntamiento hace un par de años, se ha transformado en un hotel 'boutique', que ha respetado la fachada con los paneles de cerámica. Algo similar sucedió con el bajo que ocupaba Unión Musical Española, que se trasladó frente a su ubicación actual debido al fin de los contratos de renta antigua y la tienda de regalos Ale-Hop se asentó allí respetando los carteles originales.

Lo contrario que en Federal Café, ubicado en el local de la emblemática Papelería Vila, uno de los comercios familiares más conocidos del centro histórico, donde la escalera y pasarela de su interior desaparecieron con la remodelación. Por ello, la palabra 'protección' aparece de forma constante en las valoraciones que realizan las distintas voces consultadas para analizar el auge de la hostelería frente al declive del comercio tradicional.

Así, fuentes de la Asociación de Comerciantes del Centro Histórico insistieron en la necesidad de establecer alguna norma «que permita proteger al comercio histórico, que es lo que da personalidad a una ciudad». «Se debe mantener como marca turística y los nuevos inquilinos pueden integrar perfectamente su imagen en estos locales protegidos», apuntan en referencia a suelos, mostradores, rótulos, vidrieras, artesonados del techo o fachadas con paneles cerámicos.

En la misma línea se sitúan Enrique Ibáñez y Gumersindo Fernández, que en 2014 presentaron el libro 'Comercios históricos de Valencia', del que sacan edición centrada en Barcelona el próximo mes. En la ciudad condal se fijan para reclamar una normativa que proteja a los comercios históricos «pero sin tantas restricciones como aquella, que prohíbe que en caso de traspaso se cambie el tipo de negocio», comenta Ibáñez. Sí que abogan por una modificación de la Ley de Patrimonio valenciana «para que se respete el interior de los locales» y por «elaborar un inventario de comercios pormenorizado para saber en qué situación se encuentran». Ya no llegará a tiempo Papelería Regolf.

Mención aparte merecen las llamadas tiendas de barrio, un caso en el que la Concejalía de Comercio que dirige Carlos Galiana tiene claro que es necesario realizar acciones que impulsen «este comercio de proximidad», como la iniciativa celebrada anoche 'Bonic/a fest' en los mercados municipales. La decisión de no permitir la apertura en domingos o la reactivación, tras años paralizado, del Consell Local del Comerç son otras acciones dirigidas al pequeño comercio.

Sector refugio

Mientras se encuentra la fórmula para frenar la desaparición de tiendas, la hostelería sigue siendo el sector refugio para generar autoempleo, un aspecto que preocupa a la Federación de Hostelería de Valencia por las carencias que pueden tener esos nuevos locales. «Muchos adolecen de falta de profesionalización y falta de conocimiento sobre el sector», reflexiona su gerente, David Izquierdo.

En la entidad tienen varias líneas de trabajo encaminadas a la formación y el asesoramiento para lograr un perfil de empresario hostelero. «Tienen que ser conscientes de las obligaciones que hay, de los costes... Parece fácil montar un bar y que funciones pero no es así. Se olvida que un negocio debe ser rentable y garantizar los puestos de trabajo», explica.

«Llevamos años alertando sobre el exceso de oferta que hay, lo que fuerza a los negocios a entrar en una guerra de precios que perjudica al sector, al cliente y también a la imagen de la ciudad», añade. Y aporta un dato: 2013 fue el año de mayor número de inauguraciones y también de cierres. La alta rotación, junto con la imagen idéntica de las franquicias, es también una de las críticas que realizan los comerciantes.

Sobre la mesa ponen dos peticiones: por un lado, que sea necesario un carné profesional; por otro, reclaman al Ayuntamiento una regulación de locales mediante la limitación de licencias que permita garantizar una oferta de calidad. «Pero ahora no dentro de unos años como en Ruzafa, que ya estaba saturada». De lo contrario, la situación será «insostenible con el consiguiente perjuicio para la ciudad».