Las Provincias

«El sistema ha fallado y somos víctimas el niño, la madre biológica y nosotros»

Noelia y Alberto, ayer en casa de unos familiares en Cullera, con un peluche de Joan y la sentencia que tumbó el acogimiento. :: damián torres
Noelia y Alberto, ayer en casa de unos familiares en Cullera, con un peluche de Joan y la sentencia que tumbó el acogimiento. :: damián torres
  • Los padres de acogida de Joan critican el proceso, que se prolongó por encima del año fijado como tope legal y sin que la madre perdiera la patria potestad

El pequeño Joan se tapaba los oídos para no escuchar las explicaciones imposibles de su padre de acogida sobre por qué iba a viajar de repente a 800 kilómetros de distancia con una mujer que dice ser su madre y a la que él no conoce. Noelia, su madre de acogida, se aferra con desesperación a un perro de peluche, el postrero regalo de cumpleaños de su pequeño de cuatro años, lo único que le queda hoy del que desde los 18 meses es su 'príncipe de caramelo'. Alberto, el padre preadoptivo, cabecea cabizbajo una y otra vez, recordándose que el pasado lunes, en lugar de cumplir su obligación con la Justicia y entregar a su niño en la Comandancia de la Guardia Civil, pudo escapar y esconderse en Andorra. Eligió cumplir la ley. Y María José, la madre biológica, rememora desde Asturias cómo a finales de julio viajó a Valencia para ir conociendo a su hijo, tras fallar la Audiencia de Oviedo que debía volver con ella, más de tres años después de separarse, pero se volvió sin ver al pequeño, «con el coche de la Patrulla Canina que le había comprado y un montón de tortugas ninja». Nadie notificó a Alberto y Noelia que debían citarse con la madre.

La concatenación de gestos de dolor y rabia de los protagonistas de la embrollada historia del acogimiento de ida y vuelta del pequeño Joan empieza a tener un titular: los Servicios Sociales y el sistema jurídico de Asturias han cometido una serie de errores que han supuesto el comienzo de una pesadilla de difícil solución. «Es un caso insólito. El expediente es de Asturias, en Valencia sólo hemos colaborado con la resolución judicial. Más allá de compartir o no la decisión, que respetamos, lo que es una enorme barbaridad es no haber facilitado un periodo de adaptación. En la memoria traumática del niño esto va a recordarlo como un abandono, es algo que lo va a marcar de adulto», considera una voz tan autorizada como Rosa Molero, psicóloga y directora general de la Infancia y la Adolescencia de la Generalitat Valenciana.

En Cullera, en un envidiable tercer piso con vistas a la bahía del municipio ribereño, el bello paisaje contrasta con el horror interno que sufre Noelia. Empalma un cigarro con otro y un lamento con el siguiente. «Tenía que estar ya en su cole, con sus amigos y llevo un día sin saber nada de él». Noelia sabe que María José Abeng, la madre biológica del pequeño, ha lanzado una carta abierta (la situada bajo estas líneas) en la que carga contra las acusaciones lanzadas desde el entorno de la pareja de Sueca y en la que sostiene que le arrebataron a su hijo. Noelia no empuña el hacha de guerra. Al contrario. Se sincera abriéndose en canal y lanza el citado titular de esta historia: «Nuestra guerra no es contra ella. Ella también es una víctima. Todos somos víctimas. Nosotros, el niño y la madre biológica. Aquí alguien ha fallado, el sistema ha fallado». Y añade una sentencia: «Nuestra esperanza es que el Supremo atienda nuestro recurso y Joan vuelva a casa, no voy a negarlo. Pero si ocurre así... (hace un prolongado silencio), ¿qué le decimos? ¿Qué ha estado de vacaciones? ¿Que ya se queda para siempre con nosotros o no?».

Y lo cierto es que en todo el proceso hay manifiesto fallos por parte de los Servicios Sociales de Asturias y del propio ordenamiento de justicia. El primero fue constatado ayer por el Tribunal Superior de Justicia asturiano, quien puso sobre la mesa la principal razón de que la Audiencia tumbara el régimen de preadopción al que dio luz verde una sentencia inicial de un juzgado de primera instancia de Oviedo. Este juez dijo que no era necesario el consentimiento de la madre biológica al proceso «al estar incursa en causa de privación de patria potestad», pero la Audiencia estimó entonces que dicha causa no existía. Por ello, el acogimiento quedó inmediatamente anulado, al no existir una de las condiciones que se dan en la práctica totalidad de estos casos.

Pero hay otra irregularidad. La ley fija un máximo de un año como tiempo durante el que se puede prolongar un acogimiento preadoptivo. Dentro de ese plazo, la situación debe volverse definitiva (iniciar la adopción) o revertirla para regresar con su familia biológica. En el caso de Joan, la situación se ha dilatado casi tres años, muy por encima del tope legal. «Y el niño convertido en un yoyó», lamenta Alberto.

Renuncia a otra adopción

El matrimonio se refugia en casa de unos familiares en Cullera. «Imposible volver a casa con tantos juguetes y recuerdos del nene por ahí, ni me imagino el vacío que podemos sentir». Ayer la vivienda era casi un centro de prensa, tomada por infinidad de cámaras de televisión y unidades móviles. Ni él ha podido aún regresar a sus obligaciones como empleado de la factoría Ford ni ella a su trabajo como autónoma con viajes organizados. «No sé ni cómo voy a retomar mi vida sin Joan», musita Noelia.

El padre insiste en que iniciaron el proceso como «familia de acogimiento preadoptivo, no como un acogimiento temporal. Si no, ¿cómo íbamos a renunciar a la adopción en China?», argumenta en referencia a la adopción de un niño oriental que la pareja tenía muy avanzada. Alberto aún lamenta la forma en que tuvo que separase de su hijo. «Lo dejamos en las dependencias de la Guardia Civil haciendo un dibujito. Esa es mi última imagen. Es inhumano».

La sentencia de la Audiencia de Oviedo toma la decisión de que el menor vuelva con su madre basándose sobre todo en tres psicólogos que afirman que María José «no presenta ninguna deficiencia para el ejercicio de una maternidad responsable». Antes, otros expertos señalaron su «descontrol absoluto en el centro, fugas y desprecio hacia el personal educador». Una contradicción tras otra y muchas víctimas.