Las Provincias

«Recemos por Isabel»

Isabel Solá sonríe junto a un niño en una de sus misiones. :: lp
Isabel Solá sonríe junto a un niño en una de sus misiones. :: lp
  • El Papa recuerda a la monja asesinada que ejerció en Valencia

  • La misionera abatida a disparos por atracadores en Haití descansará en Puerto Príncipe como era su deseo

«Quiero recordar a los que dan su vida al servicio de los hermanos en contextos difíciles y con riesgo. Pienso especialmente en tantas religiosas que dan su vida sin nada a cambio. Recemos en particular por la monja misionera Isabel, asesinada en Haití». Con estas palabras, el Papa Francisco recordó ayer y ensalzó la labor de Isabel Solá, la monja de origen catalá que dejó una honda huella en Valencia al vivir, formarse y ejercer durante seis años en el colegio Jesús-María de Fernando el Católico. La religiosa fue asesinada a tiros a la salida de un banco en Haití, donde se volcó con los desfavorecidos y damnificados del terremoto.

El Pontífice deseó que cesen «los actos de violencia» en el país y que «reine la seguridad para todos». Al mismo tiempo, pidió que Santa Teresa de Calcuta, canonizada ayer, proteja «a todos los que trabajan en servicio de los más desfavorecidos» y recordó a otras monjas que han sufrido el azote de la violencia.

Como avanzó ayer LAS PROVINCIAS, Isabel Solá, catalana de 51 años, pasó un importante periodo de su juventud en Valencia. Aquí ayudó a enfermos de sida, completó su formación religiosa y, como pedagoga, enseñó a alumnos de Jesús-María y sembró multitud de amigos, tanto en la comunidad religiosa como fuera de ella. Fue entre 1988 y 1994. «Hemos recibido un sinfín de muestras de condolencias de todas partes. Familias, exalumnos, otros colegios... Estamos conmovidos y agradecidos», resaltó ayer la superiora y directora del colegio, la madre Inmaculada Tuset.

La responsable provincial de la congregación, la monja valenciana María Ángeles Aliño, partió ayer hacia Haití junto con otras religiosas compañeras de Isa, como cariñosamente la conocían. El miércoles viajará también a Puerto Príncipe la familia de la misionera fallecida, la menor de seis hermanos.

Tuset recordaba ayer el deseo expreso de Isabel: «Que me entierren donde me muera». Y así será. Sus restos mortales reposarán en el Puerto Príncipe herido y peligroso por cuyas gentes dio la vida. Tanto impulsando una clínica para amputados por el desastre como edificando escuelas en las que los pequeños más pobres se enriquecían del conocimiento. «Ella era así», recuerdan quienes la conocieron en Valencia». Sus compañeras de Jesús-María la definen como «vital, generosa, luchadora y valiente». Lo avala su sonrisa, la guitarra con la que dejó canciones o su amor por la montaña. Según Tuset, «nos queda la certeza de que está en los brazos de Dios y que intercederá para que podamos seguir sembrando a nuestro alrededor bondad y perdón».