Las Provincias

Excesos del tripartito

  • El Ayuntamiento afronta la regulación del tráfico en el barrio del Carmen con el escepticismo vecinal y un caos predecible

Desayunando un café con leche en la calle Serranos, en compañía de uno de los héroes que viven en el barrio del Carmen, la conversación nos conduce de manera inevitable a las medidas del Ayuntamiento para reducir el tráfico de coches. La situación ha mejorado, concluimos, pero el reparto de tarjetas que autoricen el acceso y la instalación de cámaras de vídeo para multar a los polizones son un exceso y una complicación innecesaria. Tener a policías locales de plantón controlando a ver quién lleva la tarjeta es del género bobo, sobre todo con la escasez de la plantilla actual y la cantidad de tareas pendientes que se acumulan en cada distrito. Pero es que lo de las cámaras pinta peor todavía por su falta de utilidad, si es que funcionan algún día.

Todavía resuenan las críticas de este verano a la desaparición de las patrullas en Ruzafa, donde los vecinos han tenido que soportar el ruido de las terrazas y el botellón hasta el amanecer. Unos pocos locales que eluden las ordenanzas son capaces de estropear a todos los empresarios. La Zona Acústicamente Saturada planea sobre este barrio, con la reducción de horarios como principal amenaza. Pero el Ayuntamiento no tiene nada que decir, salvo el compromiso de Sandra Gómez para destinar más agentes. La concejala de Policía Local deja hoy precisamente esa delegación, salvo sorpresas de última hora, por lo que ahora deber tutelar a distancia ese problema. La socialista Anaïs Menguzzato ya tiene la primera patata caliente, como se denominan estos asuntos en la jerga política, tan oscura como inexacta.

Ese no será el único problema. El monocultivo de la Marina, las copas y los decibelios es ya un problema para el Ayuntamiento, que ha visto cómo el resto del sector de ocio levanta la mano para decir que se produce una competencia desleal con el resto de locales de Valencia. Ni la entrada de la escuela de negocios de Juan Roig ni la reciente apertura del Veles e Vents, con una oferta de ocio algo más elaborada y variada, han sido capaces de calmar los ánimos.

El otoño se presenta animado, aunque eso ya se sabe con un gobierno tripartito y un alcalde empeñado en hacer lo que él llama ajustes técnicos en el reparto de poder. Ninguno de los tres portavoces ha dicho que quiera más o menos delegaciones, pero eso no quita fuerza a las intenciones de Ribó, quien a primeros de agosto lo dejó claro. Habrá que ver a quién le quita y sus consecuencias. Todo apunta a que Sandra Gómez podría perder la parte de participación ciudadana que llevaba Joan Calabuig (web municipal, 010, padrón y registro general), aunque ella ya le ha dicho a Ribó que de eso nada, que ha pasado la época de Rita Barberá cuando las órdenes llegaban a los concejales entregadas en mano.

Pero esa es la parte que interesa sólo en los mentideros políticos. A los vecinos les dan igual esas historias, lo que les importa es que funcione todo. Y asuntos como la limpieza de las calles, donde la concejala de Medio Ambiente, Pilar Soriano, asegura que Valencia está más limpia porque al Ayuntamiento han llegado menos quejas este verano. Yo me pregunto si la gente se ha cansado de llamar, debido al hartazgo de ver todos los días las aceras sucias por excrementos de perros y el entorno de los contenedores con un aspecto más parecido a un vertedero que a una ciudad. No habría que descartar esa posibilidad.

En lugar de experimentos con un quinto contenedor para basura orgánica, lo más sensato sería destinar esos recursos a soterrar los depósitos, lejos de los rebuscadores que sacan bolsas, las revientan y esparcen su contenido por el suelo, al alcance de ratas y cucarachas. Y con el dinero que se gastará el Ayuntamiento en las dichosas cámaras del Gran Hermano en el centro histórico, hay para solucionar ese problema. Pero para eso habría seguramente que volver a contratar motoristas para repartir órdenes y dar por sentado que la colaboración entre los partidos del tripartito está demasiado mezclada con el mal ambiente entre algunas delegaciones. Y eso no irá a menos, sino a más conforme lleguen las elecciones. No hablo de las municipales de 2019 sino de las generales que están a la vuelta de la esquina. ¿Habrá otra vez pacto de A la Valenciana para intentar restarle votos al PSPV pese al primer fracaso? Dentro de muy poco sabremos si volverá a producir otra pequeña fisura en la arquitectura del gobierno del cap i casal.