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Expendeduría de libros viejos, raros y simpáticos

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Expendeduría de libros viejos, raros y simpáticos

01.02.14 - 01:15 -
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Un lance es un suceso o episodio, y aplicado el término a lo comercial significa que se vende barato lo que se ofrece, que se lanza en plan de oferta, porque es género de saldo o de segunda mano. De ahí las librerías de lance, dedicadas a libros usados, antiguos, y también a restos de ediciones que quedaron fuera del circuito de la moda o del reclamo imperioso de los títulos de éxito.

Quizá por todo ello, Luis Martínez tuvo la acertada ocurrencia de subtitular su librería Russafa como una 'Expendeduría de libros antiguos, raros, curiosos, viejos y simpáticos', porque este profesional de los libros es ante todo un amante de los mismos y un empedernido lector que sufre de paso los contratiempos de su pasión, porque «los tiempos están poco boyantes para el negocio, aunque vamos saliendo del paso».

La librería Russafa está en la esquina de la calle Sevilla, 19, de Valencia, esquina con la de Denia, y el establecimiento huele a papel impreso desde que en los años cuarenta del pasado siglo se instalara aquí Cipriano Oliver para crear su primera París-Valencia. Tiempo después, la familia Oliver trasladó la librería París-Valencia, creo nuevas sucursales, la primitiva se la quedaron unos empleados y, tiempo después, el propio Luis, que también trabajó en París Valencia, se acabó independizando y montó en 1995 la actual librería de lance.

Aquí encuentran su pequeño paraíso bibliófilos, coleccionistas que buscan lo recóndito o peculiar, y por supuesto lectores que prefieren toparse con la pequeña sorpresa de lo imprevisto en unos títulos que pasaron de mano de forma inopinada y por mediación de Luis acaban satisfaciendo renovadas ilusiones.

La pequeña tienda, atestada de volúmenes, algunos con valiosas encuadernaciones antiguas, y también de carteles, opúsculos y ediciones más recientes que fueron súper ventas, tiene una aureola de diminuto museo vivo donde el cliente es ante todo otro supuesto amante de los libros que entra dispuesto a rebuscar, sin que al librero le importe que la búsqueda, por minuciosa que sea, no acabe necesariamente en compra. Luis sabe que ha de ser así y que sólo así tiene sentido y él está satisfecho de cumplir su misión.

Pero parece casi un milagro que pervivan negocios como éste, cuando se abre camino a pasos agigantados el libro electrónico. Por eso aclara que «el libro de papel tiene algo fundamental que enamora: la impresión, la encuadernación, la permanencia física...» Y tiene claro que «a los que nos gustan los libros, nos gusta tenerlos, a sabiendas de que igual de todo lo que tengamos sólo podremos llegar a leer el 10%».

Una vez, en un libro de Neruda encontró una dedicatoria del poeta chileno al lector, que era un general, y decía así: «Al general..., que, como yo, pasó de las armas a las letras». En otra ocasión halló una dedicatoria muy divertida de Azorín. El propio escritor debió toparse en una librería de lance con una obra suya y, al abrir el volumen, descubrió, por la dedicatoria que hizo en su día, que conocía a quién perteneció. Así que lo compró y se lo envió de nuevo al ingrato lector, con una segunda dedicatoria en la que indicaba que se lo volvía a regalar con la intención de que lo mantuviera. Pero tampoco hubo suerte; se volvió a vender, como prueba que llegase hasta Luis.

Entre carteles de teatro, de toros y de antiguas etiquetas de naranjas, o portfolios de ciudades de los años 20, Luis muestra una curiosa selección de antiguas novelas eróticas de estilo valenciano, pero conforme levanta esto o aquello te llama la atención algo nuevo, como un libro de los hermanos Álvarez Quintero dedicado por ellos, o unas ilustraciones de Mingote... Tiene razón Luis, esto engancha, crea adicción. Como él dice, «sentir que lo manejas, que tienes en las manos lo que arrastra historia y trabajo, es completamente diferente».

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Para rebuscar. Pilas de libros curiosos o de segunda mano en la librería Russafa. :: JUANJO MONZÓ


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