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Bétera gana peso en la OTAN pero sin generar la riqueza que se anunció

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Bétera gana peso en la OTAN pero sin generar la riqueza que se anunció

El Cuartel General de Alta Disponibilidad cumple una década con dos despliegues y más competencia de mando en misiones

20.11.13 - 00:07 -
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Han pasdo ya diez años desde que la bandera azul celeste de la OTAN comenzó a ondear en la base Jaume I de Bétera. El cuartel, en el que actualmente trabajan tres centenares de hombres y mujeres de nueve países, ha ganado en ese tiempo un considerable peso militar en el seno de la Alianza Atlántica pero sin convertirse el anunciado maná de empleo y riqueza que los políticos prometieron para allanar el camino a la puesta en marcha de las instalaciones.

La idea de establecer un cuartel de alta disponibilidad en Bétera comenzó a gestarse con el arranque del milenio y en un panorama internacional más que delicado, tras el 11-S y la posterior guerra en Afganistán. Sólo dos meses después de la puesta en marcha de la base estalló además la guerra de Irak.

En ese momento sólo funcionaba un cuartel de mando de la OTAN en Retamares y, a diferencia del madrileño, el de Valencia iba a nacer con mayores competencias que implicaban capacidad para desplegar en países en conflicto. En medio de algunas protestas y un sector de población temeroso de las consecuencias que eso podría acarrear, mandatarios como Federico Trillo, entonces ministro de Defensa, anunciaron que el cuartel de la OTAN «garantizaría el futuro de Bétera», reactivaría el mercado inmobiliario en la Comunitat y aportaría numerosos puestos de trabajo directos e indirectos. Diplomáticos llegaron a prometer un beneficio anual de 15 millones de euros.

Si bien el funcionamiento de la base y su personal extranjero deja riqueza en puntos concretos del pueblo y la provincia, esa cifra está lejos de ser realidad. «Ójala. Ya me gustaría a mí. Quince millones es casi el presupuesto municipal de un año. Hay beneficios y una excelente relación con los militares en el pueblo, pero la OTAN no es para Bétera como la Ford para Almussafes», resumió ayer Germán Cotanda, alcalde de la localidad. Tampoco los vecinos de las cercanas Náquera u Olocau perciben esa inyección económica o de trabajo.

Aunque ha variado en algunos momentos a lo largo de la década, la población militar de la base de la OTAN asciende hoy a 300 hombres y mujeres. De ellos, 250 son españoles y la mayoría están ya asentados en tierras valencianas. Los 50 restantes son extranjeros, llegan por periodos de tres años con sus familias y generan cierta riqueza con el alquiler de viviendas, pero se ciñe a urbanizaciones lujosas como Mas Camarena o Torre En Conill.

Si bien su poder adquisitivo es muy alto, suponen sólo una sexta parte del personal del cuartel. Medio centenar de hijos de estos militares están escolarizados en Valencia y nueve son ya universitarios. En un colegio como el Caxton College de Puçol, al que asisten una decena estos niños, el beneficio anual ronda los 50.000 euros. Para su directora, Amparo Gil, «son sólo 10 de nuestros 1.500 alumnos, así que el impacto económico es muy relativo, pero el boca a boca hace que en verano lleguen otros familiares extranjeros a aprender español».

Otra de las promesas de Trillo fue la generación de empleo directo e indirecto. Actualmente son sólo 20 los civiles que trabajan en las instalaciones de la Alianza Atlántica en alimentación, mantenimiento y limpieza. Una de ellas es Rebeca, camarera de 39 años de Puerto de Sagunto. «Me considero muy afortunada de trabajar entre militares. Hay más respeto que en otros puestos en los que he estado. Eso sí, como van vestidos todos iguales a veces no sabes quién te ha pedido el cortado», bromea la empleada.

Aunque la repercusión laboral y económica haya sido relativa, lo cierto es que Bétera ha ganado galones con los años en el contexto de la OTAN, tanto en España como en Europa. El cuartel de Retamares, su hermano en 2003, se desactivó el verano pasado. En la actualidad es la punta de lanza de la Alianza Atlántica en España, con mayor capacidad que el Centro de Operaciones Aéreas de Torrejón y la base naval de Rota, las otras tres unidades vinculadas a la OTAN.

En Europa existen actualmente ocho cuarteles generales de alta disponibilidad y entre ellos se reparten los turnos de rotación para desplegar misiones, antes de seis meses y ahora de un año. Esos periodos de alerta o guardia se conocen como 'stand by' o periodos de NRF (Nato Response Force). Sólo el de Bétera ha sido activado con motivo del terremoto de Pakistán en 2005. Su siguiente misión fue el año pasado, pero fuera de estos periodos de guardia militar. A petición de la Alianza, Bétera envió 200 efectivos al IJC, el centro de decisiones militares de las fuerzas internacionales desplegadas en Afganistán.

Su futuro inmediato se escribe con las dos nuevas capacidades que la OTAN demanda ahora a los cuarteles: mando conjunto (tierra, mar y aire) y enfoque global de las operaciones (abordarlas con criterios culturales, religiosos o económicos, más allá de lo puramente militar).

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