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El resurgir del fanzine valenciano

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El resurgir del fanzine valenciano

19.08.13 - 00:08 -
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Páginas de creatividad, notas de descaro y algo llamado pura libertad. Los fanzines, esas publicaciones a medio camino entre la locura satírica y la genialidad temática, viven una nueva edad de oro. El resurgir de la autoedición, el hágalo usted mismo y compártalo con sus amigos.

Para aquellos que no estén familiarizados con el fenómeno, un fanzine es una revista. Pero no. La Real Academia de la Lengua Española los define como «revistas de escasa tirada y distribución, hecha con pocos medios por aficionados a temas como el cómic, la ciencia ficción, el cine, etc.». Sin embargo, son cada vez más las publicaciones de este tipo que tienen poco de aficionadas. La explosión creativa ligada a la falta de promoción artística por los canales convencionales ha hecho que los fanzines vuelvan a ser el reflejo de la cultura social y de la sociedad cultural.

'El Fresquito' no es sólo «esa sensación al escribir 'cerdito' en vez de 'crédito'», sino también el proyecto de María Herreros, Laura Castelló y Ada Díez, tres ilustradoras valencianas «con poca vergüenza y muchas ganas». Las tres patas de un banco que, en el roce de lo absurdo, encuentra un lugar donde lo cómico nada con lo artístico.

En el fanzine han encontrado «la vía de escape a la profesionalidad que requieren todos nuestros otros compromisos profesionales». Pero no sólo eso, sino que en él han hallado «la libertad creativa absoluta, un método para reunir a grandes creativos bajo ideas absurdas del día a día», confiesa Ada Díez.

Las publicaciones alternativas han vuelto y es que, según María Herreros, en un momento en el que «no se fomenta el libre pensamiento, las personas buscan medios de expresión alternativos». Unos medios que, en esta ocasión, vienen en modo de ediciones limitadas. «Internet te da la opción de publicar de manera digital sin gastarte dinero, pero precisamente por eso el formato papel se vuelve más especial y el objeto cobra mayor sentido», añade Laura Castelló.

Pero 'El Fresquito' es, sobre todo, humor, «un trocito de cachondeo en el agobio cotidiano». «La madre de una de nosotras leyó el último número y lo primero que dijo es que éramos unas cerdas, ¿no es eso bonito?», afirma Laura. Y es que María lo tiene claro: «Si tuviera que ponerle nombre a nuestra línea editorial lo llamaría 'el pedo enchotao', ese pedo que va de atrás adelante cuando vas muy apretada».

Además, María Herreros se ha lanzado en solitario publicando 'For Ema' y 'Twelve Violet Eyes', dos obras únicas que suponen un homenaje a la belleza. Una belleza representada de dos maneras muy diferentes . Por un lado, la inconfundible Elizabeth Taylor convertida en protagonista de cómic. Por otro, un homenaje a Ema, su galerista de Oporto, con una recopilación de «dibujos de criminales rusos tatuados, de botánicas y jarrones barrocos».

Muchos podrían pensar que en los fanzines nada es lo que parece, pero en 'Arròs Negre' lo que parece, es. El proyecto de Elías Taño, en colaboración con la ilustradora Paulapé, busca retomar la cultura de lo impreso a través de lo que llaman 'humor serio', «gente que, como Woody Allen, desde la sobriedad y la inteligencia son capaces de transformar ideas en humor».

En 'Arròs Negre' huyen del «término tendencia, de trabajar con los autores de moda » para crear así una publicación que «perdure en el tiempo». Por eso apuestan por el puro talento, por la armonía de autores consolidados y jóvenes promesas. «El fanzine no se queda en públicos pequeños, está trascendiendo, hay material de mucha calidad, autores buenos e interesantes que por su juventud o discurso no han entrado en el circuito de las grandes editoriales», afirma Elías Taño.

El proyecto se nutre de estos colaboradores que, a partir de una cita o un verso, crean una pieza única para cada número, un modus operandi que pretende «apretar sus tuercas» para conseguir historias de mayor fuerza.

Estas publicaciones se han convertido en la opción «de una generación que no conoce otra cosa que la crisis, que apuesta por la autoedición». Apoyados en sus presentaciones por el MuVIM, Elías Taño cree, además, que «en Valencia el fenómeno fanzine está más vivo que en otros lugares, más que en Madrid o Barcelona. Un fenómeno que ha vuelto con la misma fuerza que en los años 80».

Y fue precisamente la década de los 80 la que consolidó a Valencia como punto de encuentro de la producción de fanzines y afianzó su tradición en el mundo del tebeo y la ilustración. Una mina de talento que terminó por potenciar a genios como Mariscal y que comenzó con títulos como Carcomic, 'el cómic de la carcoma', que sirvió de trampolín a dibujantes como el entonces desconocido Salvador Larroca, que ahora forma parte del equipo de Marvel.

La editorial valenciana 'Ediciones Valientes' lleva desde 2007 apostando por publicaciones diferentes, por ejemplares de esos que, cuando te haces con una copia, sientes estar en posesión de algo único. Estos pequeños tesoros los descubre Martín López, un editor que ve la gráfica «no como aplicación al producto, sino con un carácter más artístico. No de galería o museo, de la calle».

Y es precisamente darle valor al arte, ponerlo a disposición del público lo que mueve a Ediciones Valientes. «El mundo gráfico habitual no me llama la atención, me parece aburrido. Lo que me llama la atención es una estética más gamberra, más guarra y experimental», afirma. Unos fanzines que «han estado siempre pero que ahora son más visibles, que han pasado de ser un medio a un objetivo».

Y, aunque se podría pensar que el fanzine no va ligado a la editorial, en Ediciones Valientes apuestan por la fuerza de la unión. «Se usa mucho el término independiente, pero deberíamos llamarlo de pequeña tirada o microedición, que se ajusta más. Es tan sólo un problema de nomenclatura», afirma Martín López.

Esteban Hernández comenzó a publicar fanzines como respuesta a su «trabajo compulsivo». La guinda a su extensa carrera como ilustrador la pone 'Mister' y 'Usted', dos publicaciones con identidad propia. La primera, una obra de prosa poética, la segunda, un cómic que recopila pequeñas historietas. Diferentes pero complementarias, porque «cambia el cómo, no el qué».

Además, Hernández cree que la creación de fanzines aporta «un punto activista, sin llegar a ser político». Sin embargo, lamenta que ya no se editen historias cortas, lo que ha convertido a estas pequeñas ediciones en una «cuestión de supervivencia». Aunque en estas publicaciones, como en la fotografía «todo el mundo tiene cámara, pero no todos tienen la habilidad».

Como respuesta a la realidad cultural o como fantasía artística, los fanzines están más vivos que nunca. Hechos cada vez con más mimo y con una calidad que poco tiene que envidiar a los medios tradicionales, al final no son otra cosa que un homenaje a si mismos. El arte por el arte.

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