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Territorio sin ley

Una veintena de escritores se sientan en el banquillo acusados de crímenes diversos. Todos los delitos fueron cometidos en la Comunitat Valenciana

20.05.13 - 00:40 -
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Posiblemente Sam Spade no hubiese sido capaz de situar en un mapa la ciudad de Valencia. Andaba demasiado ocupado por las calles de San Francisco en busca de la estatuilla con la figura de un halcón que los caballeros de la Orden de Malta regalaron al emperador Carlos V. Robert Syverton y Gloria Beatty nunca hubieran llegado hasta esta ciudad a buscarse un hueco en el mundo del cine por mucho que durante años nos vendieran esta zona del Mediterráneo como la California europea. Puestos a bailar en tugurios de mala muerte ellos preferían los de Los Ángeles, como si aquí no los tuviéramos con clientes igual de peligrosos y sin escrúpulos...

Durante una época para hablar de novela negra debíamos viajar mentalmente a los rascacielos de Nueva York, a los peligrosos suburbios de San Francisco, a las vías sin alma de Los Ángeles. No imaginábamos a detectives o gánsters fuera de ese entorno. Pero llegaron Pepe Carvalho, Petra Delicado o Toni Romano, entre otros muchos, y descubrieron que los crímenes no sólo se cometían allende el océano. Barcelona y Madrid se situaban en el mapa. En el mapa criminal, vamos.

Las posibilidades de Valencia para cometer crímenes se han hallado más tarde. «En la última década se ha perdido el miedo a salir de las urbes habituales para situar este tipo de historias en otras ciudades. Juan Ramón Biedma lo ha hecho en Sevilla o Juan Bolea en Zaragoza». A ellos podríamos unir los nombres de Javier Abásolo que se toma la justicia por su pluma en Bilbao, Francisco José Jurado que lo hace en Córdoba o Domingo Villar que siembra el miedo en Vigo.

Quien hablaba antes de la renovación de la novela negra era Pablo Sebastiá, que forma parte de una nueva generación de escritores sanguinarios capaces de organizar robos, tramas de corrupción y asesinatos por distintos rincones de la Comunitat Valenciana. Y sin ningún escrúpulo.

Hubo un precursor hace años, Ferran Torrent, al que se le acusa de haber provocado persecuciones y tiroteos por el barrio del Carmen. Sucedió hace años cuando entraron en escena el periodista Héctor Barrera y el detective Butxana. Y sus andanzas se relatan en obras como 'No emprenyeu el comissari', 'Penja els guants, Butxana' o 'Un negro amb un saxo'. Torrent no se muestra arrepentido de la senda que abrió. «Todas las ciudades cumplen los requisitos para situar una historia de género negro. Personalmente me interesa más el aspecto sociológico de las ciudades que el físico. Yo me decanté por Valencia porque es el lugar que mejor conozco», relata.

En los últimos años numerosos libros dan cuenta de multitud de tramas y delitos perpetrados por toda la Comunitat Valenciana. Ramón Palomar en su debut literario narra la historia de don Anselmo que regenta un burdel, el Rojo y Negro, en Valencia, la ciudad «del azul del mar y las temperaturas californianas». En las páginas de la novela '60 kilos' reconocemos las casitas rosas del barrio de Nazaret, el emplazamiento donde ahora se distribuye la droga en la ciudad, como antes se hacía en las cañas. «Valencia tiene un encanto especial para la novela negra, es una ciudad portuaria, con gente que va y viene, donde confluyen personas de todos los países», explica Palomar. «Es una ciudad suficientemente grande como para esconderte y suficientemente pequeña como para que te encuentren», resume el autor, que también encuentra positiva para el relato la situación geográfica de la urbe. «Está en mitad de la costa, es un lugar de paso para bajar hacia Tarifa o para subir a Pirineos», concluye.

Los suburbios

Hasta los suburbios se trasladó con sus armas Esperança Camps, en concreto a La Coma, «un barrio invisible e invivible, en mitad de la nada», según describe la escritora en 'Quan la lluna escampa els morts'. En el barrio del Cabanyal se refugió Jason Webster, junto con el inspector jefe Maximiliano Cámara en 'Death in Valencia' para denunciar el abandono al que está sometida esta zona. La ciudad de Webster, a la que también recurre en otros títulos como 'Or the bull kills you', está plagada de corrupción y de políticos que anteponen sus intereses a los de los ciudadanos. No es el primer autor extranjero que inmiscuye la costa mediterránea en sus argumentos. Giusseppe Quadrano, según explica Roberto Saviano en 'Gomorra', se estableció en un pueblo cerca de Valencia para montar un grupo y negociar dos cargamentos de droga. Lisbeth Salander también se dejaba caer por la zona en la tercera parte de 'Millenium', 'La reina en el palacio de las corrientes de aire', por obra y gracia de Stieg Larsson.

El caso de Webster es diferente. Tras terminar los estudios de Historia Árabe e Islámica en la Universidad de Oxford encontró en la capital del Turia el lugar idóneo para matar toreros y cocineros de paellas.

«Valencia ha cambiado muchísimo. Si alguien la conoció en los 90 y viene ahora no la reconocería, al margen del momento económico en el que vivimos», afirma Pablo Sebastià, en cuya primera novela, 'El último proyecto del doctor Broch', los alrededores del museo Príncipe Felipe cobran gran relevancia. «El libro cruza la ciudad, parte de la avenida Cortes Valencianas y llega hasta la salida de Barcelona», indica.

Manel Gimeno recurrió a sus recuerdos de adolescente para localizar 'El misterio de Bolaños'. «Nací en el barrio del Carmen, no conozco otro sitio mejor que este», confiesa el autor, para el que lo importante es encontrar la historia y que encaje con la ciudad. Eso le sucedió a la hora de contar las peripecias de un periodista que decide hacer un documental sobre la misteriosa desaparición de un boxeador que vencía a sus oponentes con palabras. Para desarrollar esta trama recurrió al Mercado de Mosén Sorell, por el que tantas veces pasó en su juventud, reabrió el céntrico gimnasio Peset y regresó al asilo de San Juan Bautista, en que se educó de niño.

Localizar un emplazamiento real provoca problemas, condena a ser lo más fidedigno posible. Por eso Raymond Chandler fundó en su imaginación la ciudad de Bay City o Rafael Chirbes, Missent. «Si escoges un paisaje real debes ceñirte a que ahí hay una palmera o allí un banco. Yo soy muy despistado, así que me viene muy bien», aseguraba el autor de 'En la otra orilla'. Ferran Torrent coincide en ello. «Es complicado incluir nombres de calles reales o monumentos porque te obliga a no equivocarte y ser esclavo del paisaje».

A pesar de ello muchos son los autores que no han dudado en ser muy explícitos en las indicaciones sobre los espacios por los que se mueven sus personajes. Luis Valera está implicado en un atraco. Lo narra en 'Anillo de compromiso'. El caso está en manos de los peculiares detectives Triple Erre y El Largo. La oficina del primero se encuentra en la calle Borrull, paralela a Quart. El domicilio de su viejo amigo y profesor de Historia de Instituto se halla en la calle Buen Orden, frente al Mercado de Abastos. «Cuando esté todavía no era parking ni centro de enseñanza, comisaría municipal y gimnasio», apunta. La acción se desarrolla en el centro urbano de Valencia, próximo al casco antiguo, el desenlace se produce en un gran chalet de lujo situado en La Eliana.

Los protagonistas de 'Orangetown', de Salvador Pons, toman copas en Mogambo, en la calle de la Sangre, y discuten con los empleados de una papelería de la calle del Mar, que tiene toda la pinta de ser Regolf, por su especialización en cartografía. Los de 'Delincuentes y venganzas', de Toni Soler, pasan por la Alameda y regresan a las terrazas de la plaza de Xúquer, que ahora están atestadas de estudiantes veinteañeros. Luis Pons, el supervisor de enfermería de 'La llave que te di', se entromete en un negocio poco limpio que le propone un desconocido en una obra, ideada con premeditada y alevosía, por Agustín Santos, y en la que el lector se desplaza de las discotecas del centro de la ciudad hasta La Albufera o la playa de la Malvarrosa.

Aquilino Cayuela se traslada a la Valencia de comienzos de la Guerra Civil en 'El hombre de arena' y Juli Alandés, en 'Crónica negra' retrocede al siglo XIII con el hallazgo de unos documentos de esa época que desencadenará una serie de asesinatos de profesores universitarios y estudiosos de la Edad Media, en fechas próximas a la celebración del 750 aniversario de la conquista de Valencia por Jaume I.

Manel Gimeno es reincidente. Volverá a delinquir en su próximo trabajo en torno a un luthier que debe luchar para demostrar su inocencia en una trama enclavada en la Valencia de La Movida. Surge a raíz de un relato que publicó en la obra colectiva 'Valencia criminal', en la misma línea que 'Crímenes de Castellón', con la salvedad de que en esta última los delitos y faltas se cometían en Castellón.

Hasta Alicante deben seguir la pista las fuerzas de seguridad para conocer 'El país de los ciegos', en el que el escritor Claudio Cerdán es el cicerone que conduce al lector a los entresijos del crimen organizado que opera en la Costa Blanca. Vicent Ros es un asesino a sueldo que desarrolla su actividad en Cullera en 'L'agenda del sicari', escrita por Manel Joan Arinyó, autor también de 'El cas Torreforta', basada en el terrible crimen de las niñas de Alcàsser.

Reunión criminal

Mafias, políticos corruptos, estafadores, camellos, sicarios, asesinos a sueldo campan a sus anchas por la Comunitat. Un buen puñado de escritores sin reparos los han dejado escapar y extienden el pánico por Campanar, por Blasco Ibáñez o por la Ciudad de las Ciencias. Ningún rincón es seguro. Y mucho menos lo será hasta el próximo 26 de mayo en Valencia, ya que todos ellos se reúnen en espacios como la biblioteca Nova Al-Russafí, el café-librería Cosecha Roja, el videoclub Strómboli, la sala Russafa, la Fnac o el Bibliocafé, en los que se desarrolla Valencia Negra, un nuevo festival que aúna disciplinas en relación al género negro.

El MuVIM reunirá las pruebas del delito en una exposición, que se inaugura mañana, comisariada por Joana Chilet, y cuyo propósito es interpretar 13 novelas policiacas ambientadas en la ciudad de Valencia. 16 profesionales, entre ellos el jefe de Fotografía de LAS PROVINCIAS, Txema Rodríguez, aceptaron el reto a partir de la lectura de las obras propuestas.

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