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«No siento odio, pero quiero que el que me tiró por el puente pague por ello»

Sucesos

«No siento odio, pero quiero que el que me tiró por el puente pague por ello»

El vendedor ambulante arrojado desde una pasarela en la Tomatina intenta que su caso no se archive «por desconocerse el autor»

13.04.13 - 00:34 -
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Moulaye Ndiaye sólo quiere «justicia». Ya hace siete meses que este senegalés de 39 años protagonizó uno escalofriante suceso, cuando un joven «corpulento y de pelo corto», según recuerda la víctima, lo empujó por un puente de seis metros de altura en Buñol, durante la celebración de la afamada Tomatina. La víctima y su entorno están haciendo todo lo posible para dar con el autor del brutal ataque, que todavía no ha sido identificado. «Había mucha gente, y queremos conseguir que alguien de su entorno lo delate», declara Ángel Galán, de Movimiento Contra la Intolerancia.

«No siento odio, pero quiero que el que me tiró por el puente pague por lo que hizo», reclama Ndiaye, que argumenta que «una cosa así no puede dejarse pasar». «Una persona dijo que conocía a gente que vio lo que pasó, y queremos que se investigue esa vía», añadió el vendedor ambulante, que asegura que están haciendo «todo lo posible» para que lo encuentren.

Carteles en Buñol

Una de las medidas que se han tomando para tratar de estrechar el cerco ha sido la de pegar carteles en la localidad de Buñol, todo para que «si alguien puede aportar algo a la investigación, y aún no lo haya hecho, que se anime a hacerlo», según indica Galán. «También se están recogiendo firmas para que se continúe investigando a través de Change.org», añade.

El caso de Moulaye Ndiaye, que todavía se encuentra en la fase de diligencias previas, estuvo a punto de ser sobreseído el pasado mes de diciembre por desconocerse el autor del delito. Pero un recurso del agredido impidió que esto sucediera y motivó, entre otras medidas, que la Guardia Civil sometiera sin éxito a la víctima a un nuevo reconocimiento fotográfico de sospechosos. «Estaba muy oscuro cuando pasó, y aunque algunos me suenan, no quiero acusar a nadie sin estar cien por cien seguro», afirma.

El alcalde de Buñol, Ximo Masmano, informó entonces que «entre dos y cuatro personas huyeron tras el empujón hacia la zona en la que se congregaba la multitud, a escasos 30 metros del puente de La Jarra». Galán sostiene, que hubo «odio racista en esa acción». Deduce que «empujaron a Moulaye porque no consintieron que un inmigrante les pidiera explicaciones». «Me llamaban 'negro'», apunta la víctima.

Según relata Ndiaye, se encontraba vendiendo los productos de su maleta a un grupo de unas diez personas que hablaban castellano cuando uno de ellos le sustrajo unas gafas. «Yo le pedí que me las devolviera y me respondió mal, y como vi que se ponía violento me fui para evitar problemas», cuenta. Pero fue ese el momento que aprovechó el agresor para arrojarlo desde una altura de más de seis metros. «No pude hacer nada, el empujón fue muy fuerte», recuerda. La mochila que llevaba y las cañas de la zona en la que cayó amortiguaron su caída y le salvaron la vida.

Problemas en las costillas

Ndiaye todavía no se ha recuperado de las lesiones sufridas. Ingresó el pasado 29 de agosto en la UCI del Hospital de Manises con politraumatismos y fracturas en dos vértebras y dos costillas, y tras largos meses de reposo, sólo se ha librado del collarín. Todavía porta un corsé a la espera de que sus huesos adquieran la solidez anterior a la caída. «Las costillas no han soldado bien y el médico dice que tengo que seguir en reposo», explica.

Las secuelas le impiden trabajar y, sin ningún ingreso, depende de la solidaridad de sus compañeros de piso para sobrevivir. «Vivía en Nazaret pero me tuve que mudar porque no podía pagar los gastos. Ahora me mantienen mis amigos en este piso del Cabanyal», cuenta. Ndiaye critica que no se hayan convertido en realidad todas «las ayudas» de las que le hablaron en un principio, aunque agradece que el Ayuntamiento de Buñol se hiciera cargo de su estancia hospitalaria en Manises y el «gran apoyo» brindado por Movimiento Contra la Intolerancia.

Todavía manifiesta incredulidad cuando reflexiona sobre lo sucedido. «Lo pienso por las noches y no me lo creo. Podría haber muerto, podría haber sido el final», declara, y subraya que lo más duro fue no hablar con su familia durante el mes que estuvo hospitalizado «para que no sufrieran desde Senegal». «Todo esto no puede quedarse así. El que lo hizo tiene que pagar por esto», concluye.

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Moulaye Ndiaye, en la vivienda en la que reside gracias a la solidaridad de dos paisanos. :: JUAN J. MONZÓ

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