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Una albufera de bolsillo

Valencia

Una albufera de bolsillo

17.11.12 - 00:21 -
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Donde se juntan los términos de Puçol y Sagunto a orillas del mar hay un pequeño paraíso para las aves acuáticas y para los amantes de la naturaleza, o simplemente para quienes gusten de explayarse en un sorprendente remanso de paz.
El Marjal dels Moros (también conocido como 'del Moro', en singular) es uno de los últimos humedales costeros que nos quedan, al margen de sus 'hermanos mayores': el Parque de la Albufera o el marjal de Pego-Oliva. En la mitad norte de la provincia de Valencia es casi el último, apenas hay otros reductos en Rafalell y Vistabella, el 'estany' de Puçol y puntos de El Puig, pero sin la extensión y conservación del que nos ocupa.
Y en realidad existe casi por casualidad, porque se suspendieron en su día (años 80) los planes iniciales de expansión del complejo siderúrgico de Sagunto. La actividad de los altos hornos le llegó a afectar tanto que en la playa, entre los cantos rodados que provienen del larguísimo proceso erosivo de la sierra cercana (Calderona), se aprecia un color oscuro que parece remitir a un origen volcánico; pero nada de eso, se trata simplemente de escoria férrica de la antigua actividad industrial.
Nacho Lacomba, que es técnico de gestión de este espacio, y Pepa Prósper, bióloga del Centro de Educación Ambiental de la Comunitat Valenciana (CEACV), que se ubica en el propio parque, explican que este marjal es un relicto de los vastos humedales característicos de las planas litorales en casi toda la Comunitat Valenciana e incluso más allá, prácticamente desde el Ebro hasta el Segura. Éste formaba parte de uno mucho mayor que se extendía por el sur hasta Albuixech y por el norte hasta Almenara, ya en la provincia de Castellón, donde también se conservan pequeñas lagunas.
Para ilustrar cómo era la situación hasta hace relativamente poco, Nacho advierte que «hasta los años 70 hubo nutrias en el río Palancia, que mantenía un caudal relativamente bueno todo el año».
Los cambios fueron generalizados a partir de aquellos años 70, porque se impuso el desarrollismo, que suele entrar en contradicción con la preservación de los valores naturales. El fuerte aumento de las extracciones de agua subterránea para riegos y abastecimientos urbanos e industriales menguaron los caudales y las escorrentías que alimentaban los humedales costeros, y, a la vez, la urbanización fue ocupando muchos de los espacios lacustres. Un rápido proceso artificial que se ha opuesto a las larguísimas fases de formación del marjal que empezó en el Holoceno: los depósitos erosivos formaron una barrera que encerró una laguna que primero fue de agua de mar, luego salobre y finalmente dulce; la barrera comunicaba con el mar, con lo que era propiamente una albufera, y por último acabó aislando un rosario de lagunas.
De todo aquello, el Marjal dels Moros es un testigo inmejorable, un auténtico museo vivo al alcance de todos. Si el Parque Natural de la Albufera -en mayúscula- es bien conocido, este Marjal dels Moros es en realidad como una Albufera de bolsillo, porque recoge los mismos valores y una cantidad de especies equiparables al hermano mayor. Aquí anidan, hibernan o tienen su lugar de paso y descanso más de 250 especies de aves, sobre todo acuícolas, pero también rapaces. Está calificada por ello como Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPA) está en la Red Natural 2000.
Garza, garceta, calamón, somormujo, focha, avetorillo, polla de agua, pato colorado, cerceta, ánade azulón, fumarel cariblanco, charrancito, charrán común, cigüeñuela, jilguero, verderón, alcaudón real, aguilucho lagunero, gaviota reidora, chorlito dorado, martín pescador, avefría, flamenco rosa, grulla, avoceta, collalba... Son algunas de las especies que pueden verse, dependiendo de cada época, en las 650 hectáreas que componen el parque, de las que 350 son propiamente las de marjal. En cualquier paseo por el itinerario marcado es normal avistar a no menos de 25 especies.
El recorrido por este circuito es cómodo y verdaderamente placentero. Son cuatro kilómetros guiados por 13 paneles que van explicando la formación de la barrera litoral, el alcance de la antigua laguna, lo que es la zona del saladar, el cañizar de 'boga', las acequias y canales, 'les mallaes', etc. Sin deternerse más de la cuenta, una delicia de paseo de menos de dos horas.
Por eso este pequeño paraíso, que está a 15 minutos de Valencia, constreñido entre autopistas, el puerto saguntino que crece y el enorme polígono industrial que llegará a sus puertas, es meta cada vez de mayor número de turistas, sobre todo extranjeros, de 'cazadores' de fotos de la naturaleza y también de un público local muy fiel que lo visita con frecuencia.
Dos curiosidades. Una: Entre la flora del marjal hay un endemismo, una planta que sólo se encuentra aquí y en el faro de Cullera: la 'Limomium duforii', conocida popularmente como 'Ensopegall'. Otra: El nombre tiene que ver con el de la partida rural de Sagunto, la cual, curiosamente, se denomina 'dels Moros' por haberse encontrado unas ruinas que se creyeron de 'tiempos de los moros', cuando se acabó demostrando que en realidad eran de época romana.
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