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La explosión que rozó la tragedia

Valencia

La explosión que rozó la tragedia

18.09.12 - 00:13 -
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Han pasado cinco años y el tiempo ha ido curando las heridas a cerca de la veintena de heridos registrados en el accidente pirotécnico de la calle Azcárraga, pero la brutal explosión ha quedado grabada en la retina de todos los testigos. Ahora se ha iniciado el juicio que determinará las causas y responsabilidades que se derivan -tanto por los tratamientos médicos de las víctimas, como por los daños materiales en comercios y viviendas- pero vecinos, comerciantes, falleros y profesionales pirotécnicos coinciden en señalar que aquel 16 de marzo de 2007 se produjo un milagro en esa calle.
«Fue un milagro porque coincidieron varios factores. Primero, porque los niños falleros que había en la zona eran pequeñitos y los teníamos controlados. Segundo, porque al lado de la furgoneta que explotó había un solar y absorbió la onda expansiva. Además, minutos antes se había retirado la furgoneta de al lado de las mesas donde se iba a servir la comida a los chiquillos. Y, por último, el pirotécnico vio salir humo y dio la voz de alarma antes de que aquello se fuera por los aires», explican José Miguel Villén y Arturo Alepuz, miembros de la directiva de la falla Azcárraga.
Villén detalla que aquel día «algún medio de comunicación adelantó que había muertos y me tocó llamar por teléfono a mis familiares para tranquilizarles».
«Para lo que pudo ser, fue un milagro. Yo estaba en la puerta de mi bar, que está en el cruce con Juan Llorens, y me cayó delante el guardabarros de la furgoneta. Creo que fue cosa de la Virgen, porque de hecho, en la puerta del casal hay un retablo de cerámica dedicado a ella y ni se agrietó», explica Tere Cosín, madre de la que fue fallera mayor infantil de la comisión aquel año.
Luz Sánchez y Amparo López se encontraban trabajando en la farmacia de la calle Azcárraga. «Vino un señor y nos dijo que no nos asustáramos, pero que iba a estallar una furgoneta con pólvora porque estaban viendo salir humo. Se cayeron estantes y nos tiró hacia atrás», comentan. Luz confiesa que desde entonces no puede ir a ver ninguna mascletà. Tiene pánico.
Desperfectos
Los vecinos afectados tampoco lo pueden olvidar. Un vecino de una de las fincas más dañadas por el accidente, quien prefiere mantener su identidad oculta, conserva clavada en la pared del comedor una astilla del cristal de su balcón que estalló en pedazos tras la detonación. «Lo guardo como recuerdo», explica resignado.
«Casualmente estábamos acometiendo unas reformas en la casa», cuenta. Pero la onda expansiva arrancó de cuajo el marco de obra que habían instalado y provocó que reventara el cristal de los ventanales del balcón. «Las astillas salieron disparadas y cubrieron el comedor. Algunas llegaron hasta el fondo del pasillo».
Tuvo la suerte de no encontrarse en dicha estancia, estaba en una de las habitaciones más alejadas, trabajando con su ordenador. «El equipo saltó por los aires y lo atrapé con las manos», lamenta. Su compañera de piso se hallaba en otra habitación.
Tras los primeros momentos de 'shock', salieron al rellano. El panorama era desolador: «Había vecinas sangrando y llorando histéricas», evoca. Tampoco sabían a qué atribuir la explosión. «Al principio se temía por un coche bomba».
Los vecinos de esta comunidad se vieron obligados a sufragar los gastos de la reparación del zaguán y las partes comunes del edificio, ya que el peritaje llevado a cabo por la aseguradora asignaba una cantidad «dos o tres veces menor». Actualmente se hallan a la espera del veredicto judicial.
Comercios
Los comercios próximos al casal de Azcárraga-Fernando el Católico fueron los que peor parados salieron por la explosión. Entre ellos, un establecimiento dedicado a la reparación de calzado y en el que también se fabrican llaves. Aunque el propietario rehusó hablar con LAS PROVINCIAS, a causa del hartazgo que le ha provocado esta situación, un vecino que desea permanecer anónimo dijo que las «llaves salieron disparadas como proyectiles y quedaron incrustadas en la pared». Fue una suerte «que no dañaran al dueño del local».
Pocos metros calle arriba, la dependienta de una boutique de moda, Mila, recuerda cómo «estaba despachando a una clienta cuando alguien entró en la tienda y avisó de que había visto salir humo de las juntas de las puertas de una furgoneta que había aparcada frente al casal». Ella misma salió a verlo con sus propios ojos.
Tras unos instantes, entró a un cuarto interior del local «para cambiar dinero», cuenta. Después, vino el fuerte estallido. «La tienda quedó reducida a montañas de cristales. Mi clienta estaba en el suelo del impacto», relata.
Como el local se había quedado sin cristales y la persiana estaba inservible, la propia Mila pasó el día recluida allí para que no le robaran.
Los vecinos no buscan culpables, lo que quieren es que las aseguradoras cubran los desperfectos. Hay vecinos que opinan que algunas autoridades y aseguradoras dieron un trato correcto a los falleros y no tan cuidado a los vecinos damnificados por el accidente.
Apoyo al presidente
Por su parte, los falleros detallan que no se consideran responsables, «sino más bien damnificados porque el material que explotó no era nuestro, ni contratado por nosotros. Era una mascletà y un castillo que al parecer llevaban dentro para otras fallas, sin que nosotros lo supiéramos», comentan Villén y Alapuz, representantes de los falleros.
Tampoco entienden por qué imputan al presidente de aquella época, «cuando ni sabía que la furgoneta estaba allí, ni sabía la carga que llevaba. Por poner un ejemplo, es como si alguien compra una bombona de butano, se la llevan a casa, explota el camión donde transportan el resto de bombonas y le culpan por ello».
Los falleros aseguran tener la conciencia tranquila. «Apoyamos al presidente y, de hecho, hemos pagado los 5.600 euros que le pedían tras imputarlo y lo apoyaremos en lo que sea, aunque sólo podamos comer cacaos y tramusos».
A la pregunta de qué harán si les piden responsabilidades, contestan con otra pregunta: «¿Qué hará el juez, pedir el listado de todos los que fueron falleros en 2007? Algunos no lo son y hay otros nuevos.», comentan Villén y Alapuz. Sobre la propiedad del casal, detallan que el casal no es de la falla como tal, es de la asociación cultural «porque años antes, para poder acceder a los créditos bancarios que daban para comprarlo, pedían la creación de entidades culturales».
Sobre la solidaridad fallera, recuerdan que las fallas vecinas les apoyaron de inmediato. «En San Ignacio de Loyola nos abrieron el casal para comer y cenar. En 2011 las fallas nos apoyaron con una campaña de lazos amarillos y ahora en el juicio, nos están apoyando por las redes sociales. Incluso presidentes de falla, como la de Norte-Dr. Zamenhof se acercó esta semana al Palacio de Justicia para dar ánimos al entonces presidente», según los falleros.
Además, en la reciente asamblea extraordinaria de presidentes, el concejal de Fiestas, Francisco Lledó, manifestó en público la solidaridad con la comisión.
Fuentes de la pirotecnia señalaron a LAS PROVINCIAS que prefieren ser cautos y que sea la Justicia la que saque a la luz la verdad de este accidente y determine las causas y las responsabilidades.
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Escenario. Estado actual de la calle Azcárraga, donde explotó una furgoneta con material pirotécnico. :: JESÚS SIGNES

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