Al comandante Domenico La Faia (Nápoles, 1962) se le quedó un espinita clavada en 2007. Como buen marino que es, todo lo que tenga que ver con el mar le gusta; y claro, la Copa América no es una excepción.
A La Faia le hubiera gustado venir a Valencia en los años en los que la dársena era un hervidero de actividad deportiva y de público, pero tenía otros menesteres. Lo aplazó. Venir para dar su apoyo al sindicato Luna Rossa, del que se declara seguidor. Como no pudo hacerlo en 2007 lo ha hecho este año, pero no ha venido con su familia a ver, como explicaba ayer, la Valencia de la «Copa América y la ciudad que siente pasión por el mar». La deuda que tenía con Valencia la saldó cuando atracó su velero en el puerto comercial de la ciudad. Con sorna explicó que «entonces no pude venir y hoy me he traído a cuatrocientas personas», la tripulación del buque escuela de la Marina Italiana, el impresionante 'Amerigo Vespucci'.
Este barco cambia de comandante cada año y es decisión de él la elección de los puertos que visitan en los viajes de iniciación que les hacen a los cadetes de la academia que finalizan el primer curso. Y entre los puertos elegidos por La Faia está Valencia, la última escala antes de terminar el periplo vital y educativo en Livorno.
Por lo tanto, a la Copa América y al excelente anfitrión La Faia hay que agradecerles que entre hoy y mañana un grupo de privilegiados valencianos pueda visitar el velero, construido en 1931 pero que está hecho a imagen y semejanza de los grandes galeones de los siglos XVIII y XIX. Y navega como ellos, esperando que el viento les sea favorable. Y para dolor muscular de los cadetes con utensilios manuales para izar y arriar las pesadas velas de sus tres mástiles y, por si fuera poco, el bauprés frontal.
Todo en este barco es bello y mastodóntico. Más de 32 kilómetros de cabos, más de cuatrocientas personas y más de cuatro mil toneladas de peso. El palo de la mayor llega a los 53 metros por encima del nivel del mar. Todo es superlativo, pero lo que más impresiona de todo es la belleza, la limpieza, el orden y también que una visita a este buque da una impresión muy real de lo que debía ser surcar los mares en los siglos pasados.
El barco lleva ochenta años de servicio. Por ahí han pasado los cadetes de la Marina italiana y el mismo De Faia lo hizo hace treinta años en un trayecto por los puertos del norte de Europa. Hoy está en Valencia y la pregunta es por qué no se ha podido poner esta belleza en un lugar más accesible para los valencianos. El principal problema es que el 'Amerigo Vespucci' tiene un calado de 7 metros y en la dársena interior la profundidad es de 7,5 metros. Había cierto riesgo y al final se ha optado por ponerlo en el muelle Espigón Turia.
Una lástima, aunque los verdaderos amantes del mar no tendrán ninguna duda de acercarse a la entrada del puerto comercial hoy y mañana desde las 16.30 horas y coger un autobús que les llevará a contemplar esta belleza y a disfrutar de la amabilidad de los marinos italianos. Es una oportunidad que se presenta pocas veces.













