Un pederasta que abusó durante años de sus dos hijas adoptivas confesó ayer en el juicio que se celebraba por esos hechos en la Audiencia Provincial de Alicante y admitió una pena global de 28 años de cárcel, 14 por sendos delitos de agresión sexual continuada. Con aspecto un tanto desaliñado y esposado porque se encuentra en prisión preventiva desde su detención, Felipe M.G. escuchó con serenidad las acusaciones que pendían sobre él de boca del presidente del tribunal y anunció que iba a pronunciar unas breves palabras. El sospechoso quiso expresar su arrepentimiento. «Quiero pedir públicamente perdón a mi esposa y a mis hijas por los acontecimientos que se han verificado aquí. Justifiqué unas medidas para conseguir un fin. Reconozco mi error y es justo que pague por ello», expresó con mucha corrección.
Ese fin no era otro que tener un hijo biológico, al menos según se desprende del escrito de acusación de la Fiscalía. De hecho, a una de las víctimas, de la que comenzó a abusar cuando tenía 8 años, le contaba que el médico le había prescrito «ejercitarse para correrse» a fin de no perder la erección, pues su madre no podía ayudarle debido a que estaba «muy cansada».
El procesado admitió ayer, implícitamente, ya que se conformó con el relato de hechos de la Fiscalía, que amenazó a su hija mayor con no dejarla salir de casa con sus amigos si no se avenía a sus pretensiones, que iban desde simples tocamientos hasta masturbaciones, felaciones y penetraciones sin uso de preservativo. En este caso, los abusos se prolongaron hasta 2008, después de que la chica hubiera cumplido los 16 años.
En cuanto a la niña menor, Felipe M.G. también comenzó a agredirla sexualmente a la edad de 8 años, en 2002. Aprovechaba, como siempre, que su mujer no se encontraba en casa. Contaba a la pequeña que tenía una enfermedad y que las relaciones con ella le harían curarse. También le amedrentaba con castigarla sin salir de casa y le advertía de que su madre no le creería. El sospechoso sometió a tocamientos y felaciones a su hija, pero ésta rechazó el coito, por lo que fue «castigada sin salir de casa», según el Ministerio Público. El calvario de la niña menor acabó en 2004, cuando ella tenía 12 años.
El pederasta fue detenido en febrero de 2011, después de que la unidad de Psiquiatría del Hospital Universitario de Sant Joan presentara una denuncia por estos hechos.
Un forense dictaminó que las menores sufrieron trastornos de estrés postraumático o «ansioso reactivo». A una de ellas esta situación llegó a afectarle a su rendimiento académico y acabó repitiendo un curso de Bachiller.
Un acuerdo
El agresor sexual llegó hace unos días a un acuerdo con la Fiscalía a través de su abogado defensor. De modo que ayer, tras decretarse la audiencia pública en la vista, confesó su culpabilidad y se conformó con 28 años de prisión, frente a los 30 que solicitaba inicialmente la acusación pública para él.
El pederasta también tendrá que pagar indemnizaciones de 40.000 euros a una de las víctimas y 80.000 a otra. Su esposa esperaba ayer en un banco de los pasillos de la Audiencia y rechazó valorar la futura condena. «Es mejor que no diga nada», contestó a este diario.







