El histórico paseo de la Alameda ha sufrido mil vicisitudes desde que se abrió por primera vez a mediados del siglo XVII. La última se produce desde hace tiempo con la permanencia de un asentamiento de indigentes a la altura del número 12, entre los setos y a escasa distancia de una fuente seca y repleta de suciedad.
Es el panorama que deben soportar vecinos y comerciantes de una de las zonas más preciadas de la ciudad por su valor paisajístico y patrimonial, al menos en teoría. Los indigentes han colocado en el parque un colchón, sillas y hasta un sillón, además de varios carritos de supermercado donde guardan sus pertenencias y cartones de gran tamaño para instalarse por las noches.
El problema añadido es que los árboles y setos del entorno son utilizados como urinarios, como pudo comprobar ayer mismo LAS PROVINCIAS. La degradación del jardín es un hecho, a pesar de los cuidados de las contratas.
En la zona hay media docena de terrazas de bares y restaurantes, que aguantan el tirón y se encargan en algunos casos de limpiar y regar la zona peatonal aunque no les corresponda. «Ayer me dediqué a barrer todas las hojas y regar para que no se levante tanto polvo, porque el Ayuntamiento ya no baldea», aseguró uno de los afectados.
El asentamiento, según uno de los vecinos, ha aumentado en los últimos tiempos. Primero había una persona que dormía en el parque y poco a poco, fueron llegando más mendigos que ahora se reparten entre la zona verde de la Alameda y los portales más cercanos.
Cuestión aparte son las quejas por la presencia constante de gorrillas. El mismo hostelero comentó que hay de varios tipos: «Los que vienen de su casa a trabajar a diario, los africanos que después se marchan a la playa para vender, y los que se quedan a dormir».
El concejal de Policía Local, Miquel Domínguez, anunció recientemente que utilizará más condenados a trabajos sociales, en el caso de que lo autoricen los juzgados, para un control del aparcamiento que permita ahuyentar a los gorrillas. El método ya se utiliza en el paseo marítimo en verano y en el hospital La Fe de Malilla. La idea es extenderlos a otras zonas de la ciudad, donde citó hospitales y centros comerciales.
Con la construcción de la línea 5 del metro y la estación de Alameda, residentes y hosteleros entienden que se perdió una oportunidad histórica para abrir un aparcamiento subterráneo. Así se facilitaría una peatonalización pedida desde hace tiempo por arquitectos y paisajistas, para preservar mejor el jardín protegido. De momento, lo único que tienen los residentes es un asentamiento de mendigos y un parque que cada vez está más necesitado de reformas, tanto el pavimento como el mobiliario.














