La Generalitat Valenciana y Bancaja se reunirán «en las próximas semanas» para «seguir avanzando» en el diseño de los estatutos de la fundación de carácter especial en la que debe transformarse la caja valenciana. Así lo adelantó ayer el conseller de Economía, Industria y Comercio, Máximo Buch, al ser preguntado por la situación en la que se encuentra este proceso, que arrancó antes del verano y que, en principio, debería finalizar el próximo mes de octubre.
Bancaja, Caja Madrid y el resto de cajas que participaron en la creación de Bankia están obligadas a disolverse como entidades financieras y a convertirse en una fundación de carácter especial. La nacionalización del Banco Financiero y de Ahorro (BFA), matriz de Bankia, redujo a cero la participación de las cajas que transfirieron su negocio para la creación, por lo que la ley les obliga a renunciar al negocio financiero y a ejercer la tarea de obra social como fundaciones.
Tras firmar un convenio ayer con la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), el conseller de Economía explicó que ha mantenido varias reuniones con el actual presidente de Bancaja, el abogado José María Mas Millet, en la que se ha visto «algún borrador de formato de la fundación».
Buch explicó que es responsabilidad de Instituto Valenciano de Finanzas (IVF) dar el visto bueno y aprobar los estatutos del nuevo órgano.
Además, señaló que, aunque en esta fase se trabaja más desde Bancaja, próximamente tendrá «otra reunión para seguir avanzando en el diseño de los estatutos de la fundación». En las últimas semanas, el presidente de la caja ha estado centrado en encontrar vías de financiación para la nueva fundación. Tras perder su participación en el grupo BFA-Bankia, el grupo carece de dividendos como vía de financiación. Los activos que heredará de la caja, que tiene unos 90 millones de euros en tesorería, sólo le permiten mantener la obra social por tiempo no superior a tres años.
Por ese motivo, José María Mas Millet trata de implicar a Bankia en la financiación de la nueva fundación. No obstante, la incertidumbre sobre la composición del patronato del nuevo organismo dificulta que la entidad financiera adquiera un compromiso firme para financiar los proyectos que hasta ahora desarrollaba Bancaja.
Las negociaciones se centran en ese punto. Corresponde a la asamblea de Bancaja acordar su disolución como entidad de crédito, pero también la de aprobar los estatutos y la composición de la nueva fundación. El acuerdo ha de formalizarse con el voto favorable de dos terceras partes de la junta, pero ese respaldo no está claro a día de hoy.
El apoyo de Bankia a la nueva fundación depende de que no esté politizada. Sin embargo, los grupos que forman parte de la actual asamblea de Bancaja no están por la labor de apoyar la creación de una nueva fundación si no se les garantiza su presencia en el patronato de la misma, según explicaron fuentes conocedoras del proceso.
Estos grupos, formados entre otros por los representantes de las entidades fundadoras, los impositores o los sindicatos, han planteado la opción de que Bancaja transfiera sus activos a la fundación que ya existe -donde estos grupo sí están representados- en lugar de crear un nuevo órgano. Ante ese posicionamiento, una de las posibilidades que maneja el Consell es un cambio en la ley para que no sea necesario el apoyo de dos tercios de la asamblea.




