Carolina murió estrangulada el pasado martes en la vivienda de un joven de Torrent. Desde el primer momento, las versiones acerca de la relación que mantenía con quien finalmente terminó con su vida resultan confusas y, en cualquier caso, contradictorias. Para los vecinos de Xirivella, eran una pareja que llevaba ya varios meses compartiendo su vida. Incluso las fuentes policiales confirman ese vínculo.
Pero la familia de la víctima lo niega. Carolina convivía desde hace más de seis años con José Ramón. Fruto de esa relación nació una niña de cuatro años. Ambos se conocen desde hace más de una década.
José Ramón, en declaraciones a LAS PROVINCIAS, rechaza rotundamente que su pareja le fuera infiel. «No tenía una doble vida. Éramos muy felices y dormíamos juntos todas las noches. ¿Cómo iba a tener un amante?».
La familia pasa por unos momentos de especial dureza ya que sufre un doble castigo. A la pérdida de Carolina se suman todos los comentarios acerca de su vida privada. «Quiero limpiar su nombre».
José Ramón cuenta otra historia bien diferente acerca de David F. V., el vecino de Torrent, que ya se encuentra en la cárcel por estos hechos. «Ese era un maniaco. La perseguía en el gimnasio, a la salida... Incluso una amiga suya -esto lo ha sabido después del crimen- le dijo el pasado viernes que lo denunciara. Ella no quiso».
«No quiso denunciar»
La madre de la joven, según José Ramón, también conocía la situación que padecía con este hombre. «Ella no quiso denunciar porque pensó que no le podía pasar nada, según le dijo a su amiga. Y mira ahora...», lamenta su compañero.
La situación llegó hasta tal punto que el presunto asesino llegó a acudir a la casa donde reside la pareja en Xirivella alguna noche. Carolina no dijo nada, según sabe ahora su pareja, para que no hubiera un enfrentamiento con él. «La gente de mi barrio tampoco se lo explica. Nos veían todos los días juntos. Cómo iba a estar con otro. Y más con alguien sin oficio ni beneficio», se pregunta.
Carolina, apasionada del deporte, era ama de casa y se apuntó al gimnasio de Torrent y no a uno de Xirivella porque el primero contaba con más aparatos y, además, su hermano era usuario. Tampoco este sospechó nunca del riesgo que podía suponer la compañía de aquel hombre. «De vez en cuando se le quedaba mirando, pero nada más».







