Los pasajeros del vuelo FR2322 de Ryanair, que el viernes debía cubrir el trayecto entre Leeds y San Javier, no olvidarán fácilmente ese día. Una avería en la aeronave convirtió un vuelo de algo menos de tres horas en una odisea de más de ocho que para muchos se hicieron interminables. Un «problema técnico» no especificado obligó al avión, que despegó poco antes de las seis de la tarde de Leeds, a parar en Londres y, tras cambiar de aparato, los 180 pasajeros fueron desviados a Alicante.
Carmen R., una farmacéutica de Linares que lleva cuatro años viviendo en Leeds, era una de las 180 personas que llegaban casi de madrugada al aeropuerto de El Altet entre resignada y ansiosa por embarcar cuanto antes en el autobús que la llevaría, por fin, a su destino final: el aeródromo de San Javier. «Salimos puntuales, a las seis menos diez de la tarde, pero cuando llevábamos una hora de vuelo, el capitán nos informó de que había un problema técnico que no especificó, y tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia en Stansted», explica Carmen.
La odisea no había hecho más que empezar. En el aeropuerto londinense tuvieron que esperar más de una hora. «No sabemos por qué, pero nos tuvieron media hora dentro del avión antes de bajar y otra media hora más para terminar embarcando en otro aparato. Entre lo que tuvimos que esperar allí y que, según nos explicó la tripulación, teníamos que desviarnos por una ruta alternativa por Bristol un poco más larga para no interferir en el tráfico aéreo, ya no llegábamos a tiempo para aterrizar en San Javier antes de las diez y media de la noche, así que nos desviaron a El Altet para seguir el viaje en autobús», relataba esta pasajera minutos después de llegar a su destino. Sus padres, que veranean en la localidad almeriense de Garrucha, esperaban desde última hora de la tarde en el aeródromo murciano para recogerla y pasar una semana de vacaciones en familia.
El de ayer no fue el primer aterrizaje de emergencia para esta pasajera. «El año pasado en un trayecto de vuelta a Leeds con otra compañía tuvimos otro problema técnico y al final llegué de madrugada con ocho horas de retraso. Tuve que pagar 200 libras por un taxi y encima perdí un día de trabajo. Esta vez no será tan grave, pero yo siempre suelo volar a Málaga, y para una vez que vengo a San Javier...», relataba de madrugada.
A Carmen R. al menos le quedaba el consuelo de que sus padres la estaban esperando, porque Bill y Tina Sunderland, un matrimonio de jubilados británicos, no tenía muy claro cómo iba a trasladarse a Cehegín, su destino final, una vez que llegaran al aeropuerto de San Javier. «Hemos pasado el verano en Inglaterra, pero tenemos casa en Cehegín y regresamos ahora para las fiestas del pueblo», explicaban mientras apuraban sus cigarrillos a las puertas de uno de los cuatro autobuses fletados por Ryanair. El conductor de uno de los autocares ya les advirtió que tenían instrucciones de la compañía para trasladarlos al aeródromo murciano, pero que una vez allí los 180 pasajeros tendrían que «buscarse la vida» para llegar a su destino.
La odisea sufrida el viernes por los viajeros que debían llegar a San Javier se sumaba al susto de los pasajeros del vuelo entre Madrid y Gran Canaria que tuvo que dar media vuelta y retornar al aeropuerto de Barajas una hora después del despegue tras sufrir una despresurización en la cabina que hizo saltar las máscaras de oxígeno.






