Morella vive ya volcada en sus celebraciones sexenales. Ayer, con la emoción de la entrada de la Virgen de Vallivana todavía en el ambiente, la localidad celebró el primer día del novenario dedicado a la patrona.
Hacia seis años desde que el último Reutale recorrió las engalanadas calles de la ciudad amurallada. Por eso, ayer, fueron pocos los que se perdieron el tradicional desfile de los gremios y poco antes de las doce y media del mediodía, vecinos, turistas y autoridades, se agolpaban a lo largo y ancho del recorrido para disfrutar de este gran escaparate de la tradición morellana.
Era, además, el día organizado por el ayuntamiento y el clero y, por tanto, de la danza de la ciudad. Así los torneros -este año jóvenes nacidos entre 1993 y 1995- se convirtieron en los grandes protagonistas del Retaule.
Y es que, por su espectacularidad esta es la danza más singular del rico folklore morellano. Los torneros caminan erguidos acompañados por la música de tambor y gaita y realizan saltos espectaculares en el aire, una vez están en posición paralela al suelo realizan un giro de 180 grados. Además, llaman también la atención las espectaculares vestiduras de los danzantes, de reminiscencias florentinas, con colores azules, rosa y marrones.
Tras ellos desfilaron los representantes del resto de los gremios y colonias, con las danzas y cuadros que aportan gran parte de su belleza a las celebraciones sexenales.
No fue el único acto del día. Por la tarde, los morellanos vivieron la máxima exaltación de sus fiestas con la procesión general. En ella, los principales elementos del imaginario festivo de la localidad se congregan alrededor de la Virgen de Vallivana: 'dolçaines', gigantes y cabezudos, danzas, gremios, Carro Triomfant... formaron un único cuadro y realizaron un largo recorrido por las calles adoquinadas.
Uno de los momentos más emocionantes tuvo lugar en la calle de la Font, cuando la 'Mitja Taronja' se abrió para dejar salir a un niño vestido del ángel, que dedicó a la Virgen una poesía.