Nueve caballos de una gama de colores desde el marrón al blanco se citaron ayer en la playa de Pinedo para enfrentarse en la tradicional «Correguda de Joies», una carrera en la que el valor y el equilibrio son la clave para ganar.
Con el pañuelo de seda al cuello -la tradicional 'joia' que puede ser de diferentes colores- y sin una silla que les ayude a mantener el equilibrio, los jinetes compitieron ante la atenta mirada de más de 150 espectadores que se reunieron para disfrutar del emocionante evento.
Durante doce carreras, los participantes se midieron para ver cuál de sus caballos era más rápido sobre la arena, mientras los más pequeños animaban coreando el nombre de sus favoritos. El título de ganador finalmente se lo llevó«Cuadralbo», un precioso caballo castaño que pertenece a Matías Ponce, quien tuvo el honor de colocar la tradicional corona de laurel a su compañero cuadrúpedo tras la agotadora victoria.
La competición, que cuenta ya 140 años, tuvo entre sus nueve participantes a sólo a un vecino del municipio, Alfredo Algarda. El resto eran de fuera. La pasión por los caballos atrae cada año a corredores de distintos lugares, incluso a los que nunca se han atrevido a montar sin sujeción. Este año eran dos los novatos valientes, pues montar sin la silla, supone una gran diferencia y el seño distintivo de este evento. «Teníamos muchas ganas, pero eso sí, ahora tenemos los abduptores destrozados», comentaron los dos amigos de Játiva que se habían acercado hasta Pinedo atraídos por la aventura.
La Alcaldesa de la pedanía, Amparo Navarro, explicó que «es algo muy complicado correr sin la sujeción que ofrece la silla». «Hasta los ganadores se han caído alguna vez», añadió tras ver la caída de uno de los participantes. Porque en un carrera en la que los jinetes se arriesgan a montar a pelo en sus caballos es inevitable que se produzca algun incidente. En la de ayer, no sucedió uno, si no dos, y con el mismo caballo. Pero, según Navarro «es bastante frecuente», y lo importante es que se quede en la anécdota. Como sucedió ayer , en la que el susto no llegó más allá de los pocos metros que tardaron los demás jinetes en controlar al caballo, que, emocionado, acabó la carrera él solo mientras su montador se levantaba del suelo en medio de los aplausos del público.
Entre los emocionados espectadores también estaba Lorena Esteve, la ganadora del año pasado, que este no ha podido participar por una lesión de rodilla que se hizo precisamente una semana antes de la competición, mientras se preparaba para la carrera. «Me da mucha envidia ver cómo corren, tenía muchas ganas de competir este año», dijo . «El año que viene volveré». prometió mientras los últimos jinetes volvaban sobre la arena.


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