El correo electrónico de Xavier Claur le trajo un buen día el mensaje de un señor canario que se interesaba por lo que hacía y quería saber si estaría dispuesto a fabricar para él algo singular: el revestimiento cerámico para una casa muy especial que iba a construir frente al mar en Lanzarote. El encargo era ciertamente distinguido; se trataba -se trata- de revestir todo el edificio al completo, por dentro, por fuera, el suelo, el techo..., de un azul único; o sea, de azulejos, nunca mejor dicho. Pero con un tono de azul peculiar, difícil de definir..., que fuera lo más parecido al del agua de la playa cercana. Casi había que adivinarlo, hacer pruebas hasta acertar. El edificio se llamará La Casa Azul, y el azul es azul cobalto, por supuesto, con las proporciones requeridas.
El ceramista le dijo al cliente: «Será cuestión de paciencia, pero sacaremos lo que busca». Y paciencia han tenido, hasta dar en el clavo. El señor canario ha hecho varios viajes a Alzira, al taller de Claur, para revisar y seleccionar las pruebas; y además se han cruzado infinidad de envíos de fotos por internet. Finalmente se ha elegido una muestra concreta. Xavier tiene bien anotadas sus características: las concentraciones, la temperatura del horno, el tiempo... A partir de ahora «casi es ciencia exacta».
Sus folletos y muestrarios rezan que Xavier Claur es el artesano número 403 del registro de la Generalitat. Lo que no dicen es que estamos ante un artesano completamente autodidacta; nunca fue a ninguna escuela o academia de artesanía. Aprendió mientras observaba cómo trabajaban los veteranos alfareros y ceramistas en la empresa donde se empleó de joven, en Vilanova de Castelló, que hacía piezas de cerámica aragonesa. Y luego, probando una y otra vez en casa, rompiendo mano hasta coger el tranquillo
En su tienda-taller de la calle Colón de Alzira, admirando la diversidad de piezas y estilos que domina este hombre, sorprende comparar tal realidad con el hecho de que se haya formado a sí mismo, y que diga que «aún estoy aprendiendo y experimentando».
Cuando estaba en aquella empresa aprovechaba la hora del almuerzo «para ir a ver al maestro alfarero; él no explicaba nada, pero me dejaba mirar, y después, en la cocina de casa, con el pequeño torno que me hice, trataba de recordar cómo ponía las manos sobre el barro para darle forma. Y así fui aprendiendo». Aún tiene aquel torno, aunque ahora prefiere uno eléctrico que se hizo con un variador de frecuencia y dos pedales: «con uno acelero y con el otro freno».
Los primeros encargos
Cuando ya se veía ducho como alfarero comenzó a probar con los esmaltes y los pigmentos, y como se vio seguro, tomó la decisión de establecerse por su cuenta. Ya estaba casado y en su familia le previnieron de las dificultades, pero fue valiente y acertó. Cuando creyó que ya podía lanzarse, cogió una caja con algunas muestras y se fue a visitar casales falleros de la ciudad. Le bastaron los dos primeros, porque le colmaron de encargos.
Hoy no sólo es el destacado ceramista de Alzira, sino uno de los pocos multidisciplinares que hay en toda la Comunitat Valenciana, porque toca todos los 'palos' y en todos lo hace bien, en su empeño por perfeccionarse en cada cosa. Domina lo tradicional y lo moderno, hace 'socarrats', se atreve a colorearlos, tiene un muestrario extensísimo de cenefas para escaleras, techos y muros, elabora lámparas, vajillas, platos artísticos o conmemorativos, azulejos callejeros... Hace cocinas, cuartos de baño, pavimentos... Y no cesa de innovar. Ahora desarrolla sus 'cristalines', piezas densas de esmaltes pigmentados que cristalizan de forma especial en el horno.
Lo último que prepara es su «lanzamiento internacional». En colaboración con la comercializadora Durstone, de Onda, ha empezado a contactar con clientes del extranjero y ultima su asistencia a ferias internacionales como la de Bolonia. Ha compuesto modernos diseños cerámicos para cocinas y cuartos de baño y la aceptación está siendo sorprendente, por lo que, junto a su hermana Silvia, proyecta reflotar la fábrica de baldosas de barro y azulejos que tienen en Guadassuar.
Su máxima es que «no puedes quedarte en lo de siempre; aunque no dejes de atender lo clásico y lo local, has de salir y modernizarte, y en eso estamos nosotros, porque tenemos la ventaja de lo artesanal, por ejemplo con la elaboración manual y el uso de hornos de mufla, pero sin los lastres de la gran industria, aunque no perdemos de vista procedimientos semiindustriales».















