En 1410, en el curso de una predicación, Sant Vicent Ferrer hizo en el paraje que lleva su nombre el milagro de hacer que brotara el agua tras una terrible sequía. El estanque, donde hay pesca y anidan patos, es un paraje de singular hermosura que sirve de esparcimiento a los vecinos de Llíria. La ermita de San Vicente Ferrer, de elementos barrocos del siglo XVI, se levanta sobre otra anterior dedicada a la Virgen que, según es tradición, vino a ocupar el lugar donde, en tiempos romanos, hubo un templo consagrado a la fecundidad.













