La agricultura ecológica ha dejado de ser considerada un sector 'alternativo' para erigirse en una actividad económica «fuerte, con negocio, con proyección de futuro y una rentabilidad» que hoy en día tienen pocos ámbitos y en la que España puede despuntar a nivel mundial.
Así lo ha asegurado el presidente de la Federación Española de Empresas con Productos Ecológicos, Francisco Robles, quien destaca que «la agricultura ecológica ya es una realidad, un sector normalizado dentro de la industria agroalimentaria en la que se está consolidando».
Desde el sector se subraya que es una actividad muy interesante y estratégica para la agroindustria española y que España cuenta con unas condiciones idóneas para desarrollar este modelo productivo por el clima, la preparación de las empresas y la estructura del sector ecológico.
Si hace unos años el consumo de productos ecológicos en España suponía apenas un 1% del total agroalimentario, hoy en día, según Robles, ya podemos hablar de cifras de entre el 1,5 y el 2 %, porque el consumo interno, aunque lento, va creciendo.
El valor estimado de la comercialización en origen de los productos ecológicos en España ha ido creciendo de forma exponencial, ya que, según datos del Ministerio de Agricultura, si en el año 2000 rondaba los 100 millones de euros, en 2010 ya superaba los 900.
España, con más de 1,65 millones de hectáreas, es el primer país europeo en superficie de agricultura ecológica y, desde el año 2006, ha aumentado un 80%, en respuesta a la demanda de un consumidor fundamentalmente extranjero.
Uno de los cultivos que mayor explosión ha experimentado en el citado quinquenio ha sido el viñedo, cuya superficie se ha multiplicado por tres, al pasar de los 16.831 hectáreas de 2006 a los más de 57.000 hectáreas en 2010, con una creciente demanda tanto en el interior como en el exterior. Los frutos secos también han duplicado su superficie, con 90.000 hectáreas en 2010, y es uno de los productos estrella para la repostería.
Según Robles, estos ejemplos reflejan el cambio que ha experimentado el consumo, que «se ha normalizado». En su opinión, cuando un consumidor se aproxima a los alimentos ecológicos se decanta por los frescos (hortalizas o frutas) o la alimentación infantil, «los más directamente asociados a los alimentos bio», pero luego se demanda también por sus cualidades organolépticas».




