El minutero del reloj pasa unos minutos de las nueve de la noche y el termómetro marca 29 grados. La mayoría de calles están vacías pero hay una zona de la ciudad repleta de gente. Las playas del Cabanyal y la Malvarrosa, y también la cercana Patacona, congregan a centenares de personas que acuden a cenar al paseo Marítimo con sus propias mesas y sillas o en los bancos del paseo.
Vecinos de los barrios marítimos pero también de otros puntos de la ciudad o de pueblos cercanos, como Catarroja, y no tan próximos. Es el caso de Héctor y José Giménez, que acuden desde Casinos. «Bajamos todos los años a cenar aquí porque mi hija vive en Francia y le gusta mucho estar cerca del mar», explica Héctor mientras muestra las ensaladas de pasta y tradicional que llevan para la cena.
Unos metros más adelante, sentada cerca de la arena, está Elena Sanchis, residente de El Carmen. Trata de dormir a su bebé, de diez meses, mientras su marido juega con Micky, un yorkshire «incansable», comenta. Ellos traen sandwiches, una ensalada, «unos helados que esperemos que aguanten y un biberón, por si acaso».
Junto a las personas que acuden a cenar con toda la parafernalia detrás, hay otro grupo de personas: los paseantes. Suelen ser vecinos que viven cerca de la playa y que acuden a esta zona para caminar antes de dormir. Un ejemplo es el de Carmen y Toñi, que viven en Serrería y que van acompañadas de sus maridos. «Un paseo después de cenar para cansarnos y así poder dormir con este calor», explican al unísono.
Al lado de una posta sanitaria de Cruz Roja está Carmen Morán, del Cabanyal. No le quita ojo a sus nietos, de cuatro y seis años, que corretean por la arena. «Quieren irse al agua y yo les digo que no, que si quieren mojarse lo hagan en las duchas», dice. A su lado, su hija y el resto de la familia (son nueve en total) sacan la cena de las fiambreras. «Yo ceno de pie, no me fio de éstos», comenta mientras señala con la cabeza a sus nietos.
Olores de todo tipo de gastronomías se mezclan con los sonidos de móviles, voces de algún grupo que ya juega a las cartas y gente que aprovecha para ensayar coreografías o tocar instrumentos en un escenario ficticio junto al mar.














