Paiarrop es una pequeña firma familiar, radicada en L'Alcúdia, cuya historia tiene la particularidad de servir de ejemplo a quienes se adentran en hábitos de perfeccionamiento empresarial a través de másters de campanillas.
Es ejemplo porque representa el estereotipo clásico de que la necesidad se hace virtud y el éxito es el resultado del esfuerzo continuado.
Amalio Vallés Marqués, el fundador y padre de familia numerosa, empezó a vender a la puerta de su casa, en la vieja carretera nacional que cruzaba L'Alcúdia, naranjas, melones, calabazas, melocotones, tomates, uva y demás frutas y hortalizas que cultivaba en sus campos. Así trataba de captar mayor valor añadido, aprovechando su 'prima de situación'. Y, efectivamente, innumerables transeúntes paraban a comprarle, de manera que fue creciendo su oferta y la 'paraeta' se convirtió en tienda.
Cuenta Guillermo Vallés, uno de los hijos de Amalio, que su padre siempre dice que «si en vez de seis hijos hubiera tenido seis asalariados, no hubieramos podido salir adelante, porque en casa tuvimos que ir todos a una y no mirábamos horas ni domingos ni festivos».
Para intentar ganar algo más comenzaron a aprovechar diversos productos propios convirtiéndolos en conservas y otras elaboraciones artesanales, y también completaron la actividad comercial vendiendo cerámica y otros artículos.
Fue así como adquirieron total protagonismo el 'paiarrop' y el 'arrop i tallaetes', que a la larga serían la base de una trayectoria con proyección internacional.
El 'arrop' (arrope en castellano) es el dulce mosto de uva concentrado a base de cocerlo para evaporar el agua. Pura fructosa 'inventada' cuando no había azúcar, escaseaba o era caro. El abuelo de Guillermo, y padre de Amalio, era maestro en hacerlo, y tan aficionado a consumirlo, mojándolo con pan, que le quedó como apodo 'Paiarrop'; así que el nombre actual de la empresa es el mote de la familia.
Variedad natural del 'paiarrop' es el 'arrop i tallaetes', que consiste en añadirle al arrope trozos de calabaza, corteza de melón, tomate, etc. Dulces típicos apreciados en épocas de escasez, cuando vendedores ambulantes recorrían los pueblos con mulos y un catálogo de cántaras con confituras y mieles, y que hoy, hechos con productos de calidad y a la manera clásica, viven un renovado éxito de aceptación.
La familia 'Paiarrop' tuvo la mala suerte de que se les cortara la venta al construirse la autovía que sacó el tráfico de la población. Pero el infortunio inicial se convirtió otra vez en ventura por la fuerza de la necesidad. Idearon que podrían centrarse más en sus elaboraciones, que tenían una demanda creciente, y venderlas en ferias y fiestas. Y así lo hicieron, acudiendo a todas las convocatorias posibles, incluidos los mercados medievales.
Y de ahí fueron creciendo hasta asentarse la empresa actual, en la que están cuatro de los seis hijos (los otros dos han cogido otros destinos), más 22 empleados como media anual (fluctúa la ocupación según campañas). Su gama de productos abarca también toda clase de panes de higos, dátiles, ciruelos y otras frutas; confituras, turrones... y no paran de innovar y crecer. Sólo el 7% lo venden en España; el 97% va a EE UU, China y casi toda Europa, y aprovechan las convocatorias del IVEX y Cámara de Comercio para salir y hacer nuevos clientes.














