En un día de playa en que el calor aprieta, ver a un latero vendiendo refrescos puede ser un auténtico alivio para muchos. «Es más fácil comprar un bote aquí que traer una nevera de casa y es mucho más barato que en un bar» asegura Alberto Ferrer, un joven que acude con frecuencia a la playa de la Patacona. La comodidad de que alguien lleve hasta la toalla collares, pulseras, pareos o gafas de sol también impulsa a muchos a hacerse con alguno de estos complementos de verano que, además «los puedes conseguir con el precio que quieras, los vendedores regatean si ves que no vas a comprar» explica Ana Bellver mie ntras se prueba un pareo. Sin embargo, esto no deja de ser ilegal, y sus detractores se quejan de que los vendedores no pagan impuestos.














