
Pablo Jarillo en uno de sus laboratorios del Instituto Tecnológico de Massachusetts./ LP
Le dijeron que era lo mejor. Debía salir de España para poder desarrollar su carrera científica encontrando más medios y verdaderos estímulos y, gracias a ese consejo de un profesor de la Universitat de València en la que se licenció en Física, y tras de mucho sacrificio, Pablo Jarillo fue recibido el pasado martes en la Casa Blanca por el presidente norteamericano Barack Obama. Y junto al valenciano otras 95 personas ganadoras del Premio Presidencial a Jóvenes Investigadores Científicos, el máximo galardón que el Gobierno de Estados Unidos otorga a investigadores noveles.
Muy emocionado, el presidente les dedicó unas palabras, mostrando su compromiso con la ciencia y agradeciéndoles que fueran «la solución a los problemas de la humanidad», cuenta Jarillo, recordando con entusiasmo un encuentro que llevaba esperando desde que hace algunas semanas le comunicaran que su proyecto había sido distinguido con un premio de un millón de dólares para continuar desarrollando durante los próximos cinco años la investigación que está llevando a cabo con su equipo. Investigan el grafeno, un nuevo material formado por una única hoja de grafito y que va a permitir formas más eficientes de recolección energética.
Pablo Jarillo es ahora profesor asistente, lo que le permite llevar a cabo su investigación de modo flexible, y será dentro de dos años cuando le evaluarán para ver si le contratan como profesor permanente. «A corto plazo voy a quedarme en Estados Unidos, dentro de un tiempo ya veremos, pero yo estoy muy contento aquí», explica.
Salir de España implica renunciar a muchas cosas y, aunque no es fácil, Jarillo alenta a los jóvenes científicos a plantearse la salida a Estados Unidos, Europa y Asia. «Hay que valorar las opciones que ofrece el mundo y atreverse a explorar si creemos que los que queremos hacer no puede conseguirse aquí», anima, explicando con desilusión que en España no hay concienciación sobre la importancia de la ciencia «mientras que en Estados Unidos, por ejemplo, la sociedad y los políticos tienen claro que los científicos y la investigación es lo que hace que exista progreso, y eso convierte al país una gran potencia».
Tras licenciarse en Valencia acudió a California para realizar un doctorado, pero se planteó sus opciones y descubrió que Holanda era mejor lugar para desarrollar el siguiente paso de su carrera, así que allí se doctoró. Después acudió a Columbia para seguir explorando sus opciones, cuando recibió una llamada del MIT, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde gustó en la entrevista que le realizaron, y comenzó a investigar allí.
El valenciano lleva a un equipo de 20 investigadores en el MIT, y aunque tienen otras formas de financiación, el premio les va a permitir avanzar en el estudio de tecnologías fotovoltaicas a bajas temperaturas. Comprobarán también las reacciones de materiales ante dos o tres capas de grafeno juntas, e invertirán otra parte de esa dotación económica en hacer con él colectores de energía. La investigación con esta clase de materiales nuevos va a suponer «una revolución tecnológica que se va a dar con nuevos materiales y que notaremos en unos 10 o 15 años», indica.
Para el ciudadano se traducirá en electrónica flexible, integrada por ejemplo en la ropa, en captadores solares más eficientes o en sensores que usen como energía el calor de nuestro cuerpo o los cambios de temperatura del ambiente. También en el campo de la medicina se podrán ofrecer aplicaciones.







