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La niña que quería ser Zhivanevskaya

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La niña que quería ser Zhivanevskaya

05.08.12 - 00:05 -
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En 1999 Nina Zhivanevskaya era el gran referente femenino de la natación española. Durante las pruebas de preparación de los Juegos de Sídney, donde conquistaría una inolvidable medalla de bronce, una niña de diez años se le acercó para pedirle un autógrafo y una foto tras ganar los 100 metros espalda, su prueba favorita, con el CN Sabadell. «Me dijo que era su ídolo y que quería ser como yo. La recuerdo con aquellos ojos celestes, acompañada de su madre», relata Nina. Aquella niña se llamaba Mireia y acaba de hacer historia en Londres, al ganar dos medallas de plata.
La rusa nacionalizada española fue el espejo en que se miró Mireia Belmonte, quien la motivó en su lucha por llegar a lo más alto. Pronto volvieron a coincidir, en esta ocasión ya como compañeras, para competir en la piscina. Eran los meses previos a Pekín 2008. «¿Te acuerdas de aquella niña? Soy yo, aún tengo guardada la foto», le dijo Mireia. Ahí empezó una relación que se hizo más sólida en los Juegos chinos. Ambas nadadoras compartieron habitación en la Villa Olímpica.
«Me tenía como su ídolo, me preguntaba cosas, le gustaba estar conmigo, me escuchaba. Yo daba margen a que ella aprendiera cosas por sí misma, no quería estar todo el rato aconsejándola», comenta Zhivanevskaya. «Y nos hicimos muchas fotos juntas, en sitios emblemáticos como la muralla china o la Ciudad Perdida», recuerda.
Nina, que veranea en la localidad valenciana de Oliva, ha vibrado con las dos medallas de Mireia. «Me ha superado, me alegro muchísimo por ella, es una gran satisfacción, porque trabaja mucho; un premio para su esfuerzo», destaca la hispano-rusa. Para Nina, estos éxitos tendrán doble premio: «Estoy convencida de que lo que ha conseguido Mireia hará seguro que muchas niñas quieran apuntarse a natación, va a ser un ejemplo que servirá para que la gente joven la tenga como ídolo».
Un ejemplo a seguir
Sonríe satisfecha al recordar a aquella joven que daba sus primeros pasos en la natación y que tanto le recordaba a ella. «Sería genial que lo que fui yo de Mireia, un ídolo, ella puede serlo de mucha gente en el futuro», señala. Sin duda esa reacción popular podrá verla la propia Nina, ya que actualmente, tras retirarse de la natación, trabaja en la piscina de Torremolinos dando clases a niños y a mayores.
Zhivanevskaya tiene claro que el gran paso diferenciador que ha dado Belmonte en Londres ha sido mental. «Mireia estaba preparada de sobra para sacar cuatro o cinco medallas. Mentalmente tenía que hacer un último trabajo, superarse a ella misma y aprender del ambiente», argumenta. «Tenía que dejar atrás ese miedo y esa presión, era su gran asignatura pendiente, son cosas que por mucho que entrenes no van a cambiar, porque eso no se puede entrenar, sino que psicológicamente debes saber afrontar, y ella al final lo ha podido superar, ha sido la clave», indica Nina.
La exnadadora ganó dos bronces olímpicos, uno en Sídney para España y otro en Barcelona'92, éste con el Equipo Unificado y con quince años. Abrió un camino que ahora Belmonte hace mágico. Aunque sus especialidades son distintas. Espalda Nina; mariposa Mireia.
A la moscovita lo que más le sorprendió fue la plata que logró en 200 mariposa. «Ahí casi nadie le daba opción de llevársela, fue inesperado», dice, pero en la categoría de 800 metros «estaba claro que podía hacer un buen tiempo, porque es su especialidad», admite. Sin embargo, para Nina hubo una oportunidad de haber ganado otro metal: «Si la prueba de 400 fuera mañana seguro que también sacaba medalla, porque ahora Mireia tiene mucha más confianza, está lanzada, pero cuando compitió tuvo un bache, porque la gente pensaba que iba a conseguirla. Pudo venirse abajo después, pero lo ha superado».
Las dos preseas de Belmonte la convierten en candidata a abanderada en Río. «Supongo que será Nadal merece una segunda oportunidad, es un gran deportista, pero si no, está Mireia», comenta Nina.
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